N° 2071 - 14 al 20 de Mayo de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas expectativas de los más optimistas sobre la economía luego de la crisis por el Covid-19 —una recuperación rápida y vigorosa, en forma de V— tuvieron esta semana un baño de realidad, tanto por las advertencias de las principales autoridades sanitarias de Estados Unidos (EE.UU.), que enfatizaron los riesgos de una reapertura apresurada, como por los comentarios realizados por el presidente y varios miembros de la Reserva Federal de ese país (Fed, por su sigla en inglés), así como prominentes economistas e inversores. Es, en algún modo, un mensaje del que se debería tomar nota en Uruguay, cuyas calles por estos días empiezan a evidenciar una salida del aislamiento más o menos desorganizada.
Ayer, miércoles 13, en una conferencia virtual realizada por el Peterson Institute for International Economics, el presidente de la Fed, Jerome Powell, advirtió que “puede que lleve un tiempo el que la recuperación económica adquiera fuerza, y el paso del tiempo puede llevar a que los problemas de liquidez se transformen en problemas de solvencia”. Luego de señalar preocupación por el impacto sobre las habilidades de los trabajadores que sufren un prolongado período de desempleo, así como las consecuencias negativas del cierre de miles de pequeñas y medianas empresas, señaló que “el panorama es sumamente incierto y sujeto a riesgos bajistas muy significativos”, por lo cual urgió al Congreso a tomar más medidas de apoyo fiscales, al tiempo que se comprometió a continuar apoyando a la economía con todos los instrumentos disponibles de política monetaria, aunque descartó por el momento la utilización de tasas de interés negativas como ya tienen Europa y Japón.
En declaraciones recogidas por la agencia Bloomberg, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz dijo que de esta crisis “quedarán cicatrices y la recuperación será lenta”. Y el legendario inversor Stanley Druckenmiller, quien trabajando junto a George Soros provocó la famosa “quiebra del Banco de Inglaterra” provocando la devaluación de la libra esterlina en 1992, señaló que la idea de una recuperación en forma de V es una “fantasía”, al tiempo que relativizó el poder de los programas de apoyo fiscal y monetario lanzados para mitigar el impacto de la pandemia para incentivar el crecimiento en el futuro.
Como consecuencia totalmente lógica e inevitable del shock global causado por la pandemia de Covid-19, los consumidores preocupados por su salud y sus finanzas van a gastar menos y a ahorrar más. A su vez, las empresas van a ser menos eficientes por la necesidad de reconfigurar sus cadenas de suministros —no por una cuestión de reducción de costos sino de seguridad y resiliencia—, en una situación similar a lo que ocurrió tras los atentados del 11 de setiembre de 2001. Como se viene observando entre las empresas que han reportado resultados del primer trimestre en EE.UU., la mayoría anunciaron recortes en los gastos de capital, señalando que conservar la liquidez es el objetivo prioritario en la actualidad. El menor nivel de inversión física, la destrucción de capital humano y habilidades que produce el aumento del desempleo, sumado al enorme incremento de la deuda y el apoyo de los gobiernos a compañías “zombie”, va a reducir todavía más la productividad de la economía, con consecuencias negativas para el crecimiento futuro.
En definitiva, no hay muchos motivos objetivos para esperar una salida rápida de la actual crisis, por más que eso es lo que parecen estar descontando los jugadores de Wall Street. En EE.UU., pero probablemente también en otras partes del mundo, lo que se ha comenzado a llamar la “nueva normalidad 2.0” —para distinguirla de la que surgió luego de la gran crisis financiera del 2008— implicará durante varios trimestres una economía muy mediocre, con escasa demanda y baja productividad, en la que los consumidores y las empresas tendrán que curarse las heridas mostrando mucha cautela para prepararse y anticiparse para la próxima crisis. Porque tarde o temprano llegará la cuenta de las medidas de apoyo tomadas ahora, y de una u otra manera habrá que pagarla.
También predomina en Uruguay el augurio del escenario de recuperación en V. Ojala así sea. Pero hasta tanto no termine de despejarse el horizonte de la crisis sanitaria —¿y si hubiera un “pico” en la curva de contagios después del “afloje” de estos días?—, sería prudente no excederse en optimismo.