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El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAlgunos lúcidos ciudadanos a quienes la realidad les ha impuesto —para beneficio de quienes intentamos una comprensión de la asfixiante realidad nacional— saltar sobre viejos casilleros, han descrito con inteligencia, compromiso y coraje asuntos que están gravísimamente en juego para el porvenir de la República. Entre otros: Leonardo Guzmán, Hoenir Sarthou, Soledad Platero, Amir Ahmed y usted, señor director.
Más allá del escándalo, del simulacro y del artificio públicos, y también más allá del sainete diario dedicado a asuntos finalmente menores, los uruguayos —asfixiados hoy— no podemos imaginar siquiera qué República con sentido y decencia heredarán nuestros hijos.
En medio del vértigo insalubre y tóxico de lo cotidiano que hoy nos habita, no habremos de encontrar el pensamiento y la luz indispensables para un cambio dramáticamente imprescindible.
Conscientes de que en horas aciagas y azarosas como la nuestra, no hay como volver a los orígenes para hacer ese intento, quienes suscribimos —ciudadanos de diferente adhesión partidaria—, unidos entre otras cosas por nuestra honda preocupación e irrenunciable esperanza en la política, venimos a arrimar a su consideración, y a la de sus lectores, unas líneas escritas por don José Batlle y Ordóñez en el diario “El Día”, en 1894. Recogidas en un cuaderno de “Marcha” en 1969, cuando, parafraseando a su director, Carlos Quijano, “el carro del destino había cambiado (nuevamente) de caballos”, se imponía la necesidad de pensar el porvenir a la luz de la historia, con espíritu generoso, responsabilidad republicana y amplitud de miras.
Decía Batlle, ciento veintidós años atrás: “Las tituladas clases dirigentes, nada dirigen. El pueblo, entregado a sí mismo, marcha a tientas en la obscuridad, sin rumbo, cayendo y levantándose a cada paso, perpetuándose por esta causa nuestro atraso político y los gobiernos de camarilla, desmoralizándose cada vez más los ciudadanos, rebajándose los caracteres, corrompiéndose una gran parte de la juventud que sale de las aulas, sin fe en las instituciones, sin bríos para luchar, dominada por la idea de medrar a toda costa y pronto. Para combatir estos males es necesario que los partidos se preocupen seriamente de perfeccionar su organización, de dar cohesión y disciplina a sus elementos, y que los hombres que tienen verdadero talento e ilustración y ascendiente real sobre sus conciudadanos, abandonen la inercia en que yacen, hagan oír su elocuente palabra en los clubes y en la prensa, impriman un saludable movimiento a los partidos y encaminen a todos por el sendero que nos ha de conducir a la reivindicación de los derechos políticos y a satisfacer ampliamente las legítimas aspiraciones de un pueblo entero que tiene hambre y sed de verdad, de justicia, de libertad, de que impere soberana la ley sobre todas las cabezas, de que desaparezca el compadraje y el favoritismo y de que no haya otras distinciones entre los ciudadanos que las que den el carácter, los talentos y las virtudes”.
1894, 1969, 2016… Las “camarillas”, señor director, los “compadrajes”.
Juan O. Barcia Luis Toledo Gustavo Toledo
CI 1.039.872-4 3.680.342-8 3.680.356-9