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    50 Sombras de Fahrenheit

    Sr. Director:

    Comparto con usted una conversación entre colegas de una escuela de periodismo sobre si ciertos libros deberían no estar disponibles en las bibliotecas porque son “una porquería”.

    Uno de estos libros sería 50 Sombras de Grey, escrito por E. L. James, una novela erótica dirigida a mujeres. Hay muy pocos hombres que han leído este libro. Me atrevo a decir que el que considera este libro una porquería, no lo leyó. Es evidente que Grey es un producto exclusivo para mujeres, al que no han sido invitados los hombres. De hecho, Anastasia no es un icono sexual apetecible para la mayoría de los hombres; sí lo es Grey para muchas mujeres, es una fantasía. Una fantasía que se recrea como un juego, un juego divertido.

    La historia de El amante de lady Chatterley narra de manera explícita la relación sexual entre una mujer culta y adinerada y un guardabosque al servicio de su esposo aristócrata. Hoy es todo un referente de la literatura erótica y casi un compendio sociológico sobre la lucha de clases, el empoderamiento femenino y esa guerra tan estúpida del intelecto vs. el sexo, la de la censura.  En España, durante la dictadura, circuló de forma clandestina. Todo porque Lawrence, que reescribió tres veces el libro desde el primero editado por un florentino en 1928, ensalza la importancia de la sexualidad, en hombres y en mujeres, de forma clara y sin tapujos. “La pornografía es el intento de insultar al sexo, de cubrirlo de inmundicia”, se defendía D.H. Lawrence de las acusaciones de indecencia que vetaron su célebre obra durante 30 años. Se publicó en Gran Bretaña recién en 1960. Esta novela ¿también es “una porquería”? Lo que me lleva a Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, la historia de un “bombero” de una sociedad futurista en la que él y sus compañeros de trabajo provocan incendios en lugar de apagarlos. Los libros están prohibidos, se queman apenas se descubren. Empieza a preguntarse si los libros son tan malos como se dice e incluso llega a robar uno de una casa que él quema hasta reducirla a cenizas. Capaz que robó 50 sombras de Grey

    Elizabeth Whitty