—No, difícilmente pueda decirse que Uruguay haya cambiado el modelo de crecimiento. Si bien ha habido cambios políticos notorios, indiscutibles, y cambios en algunas sensibilidades de las políticas públicas y las políticas sociales, desde el punto de vista del modelo productivo no ha habido cambios.
Uno no se cansa de repetir esta paradoja: en muchos gobiernos (anteriores) la izquierda insistió con las necesidades del cambio estructural; le tocó llegar al gobierno en una coyuntura de precios de commodities muy altos y ha seguido la corriente.
El problema es que al país le está yendo muy bien, es muy difícil pararse en esa situación. Pero el punto es que muchas de las viejas críticas a las formas de especialización productiva agroexportadoras hoy parecen diluirse y el modelo agroexportador cada vez más se tiende a elaborar como la estrategia de desarrollo.
—¿Tendría que sobrevenir una crisis para que ocurra algún cambio en ese modelo?
—Ojalá que no. Ojalá podamos entender que uno tiene que aprovechar el bienestar para hacer los cambios y direccionar estos recursos absolutamente extraordinarios que se generan en este momento.
Cuando uno mira los gráficos históricos del precio de la tierra en Uruguay, incluso si se deflactan por un índice de productividad —porque la tierra legítimamente puede aumentar de valor por aumento de productividad— queda una ola expansiva de precios que es una renta que el país captura desde el exterior, que no es una renta producida por nuestro ingenio, por nuestra capacidad.
Tenemos una gran oportunidad de aprovechar esa renta y redireccionarla. El problema es que si esa renta desaparece vamos a quedar con una estructura productiva que se orientó mucho a capturar esas rentas y podemos quedarnos una vez más en un callejón sin salida. Ese es mi temor.
Claro, uno dice esto y puede ser tildado de antipatriótico, antigobierno; no estoy en una posición muy cómoda siendo una persona de izquierda y que apoyo a este gobierno.
—¿Cómo se podría haber aprovechado esa renta?
—Algo se aprovechó en los primeros momentos para pagar deuda externa. De hecho, una especie de sobrevaluación cambiaria que tuvimos ayudó a capturar mucho de esos recursos y se pagó deuda con ellos. Me parece que estuvo bien.
Y luego, siempre hay dilemas de qué hacer. El problema es que llegamos tarde, porque esto agarró a todo el mundo desprevenido.
—¿Usted esperaba este ciclo histórico de expansión?
—No me lo imaginaba. Pero tampoco me sorprende, porque la historia está llena de esto. Claro, uno tiene que preguntarse cuánto tiempo va a durar esto. Y sobre eso nos peleamos todos. Están los optimistas, que dicen: “tenemos para 20 años de precios altos”; y los contraargumentos que dicen que China no puede seguir creciendo así, que va a enfrentar cambios estructurales, políticos y sociales. Y que la expansión de la demanda en algún momento termina frenándose.
Desde el punto de vista de la oferta se está viviendo una revolución tecnológica, biotecnológica.
Si los precios de los bienes primarios siguen muy altos, obviamente los incentivos para innovar y especializarse son enormes, y a largo plazo eso genera una caída de los precios. Y los primeros interesados en que eso suceda son los países más desarrollados, porque China no se va a quedar toda la vida pagando estos altos precios.
—¿Cuando este ciclo de altos precios cambie, Uruguay quedará “colgado del pincel”?
—Alcanza con que los precios dejen de mejorar. Porque cuando uno empieza una dinámica de desarrollo, quiere seguir mejorando. Todos decimos que para poder entrar en un círculo virtuoso Uruguay necesita mantener una alta tasa de crecimiento por mucho tiempo. Esta tasa se mantuvo durante una gran expansión de la demanda y de los precios; basta que los precios no aumenten o caigan un poco para que la ecuación del crecimiento se pueda transformar.
Si incluso la demanda cambia, puede ser problemático.
Pero, además, tengamos en cuenta cuáles son los impactos del aumento del ingreso en nuestro propio concierto. Hay una lógica que se ha dado permanentemente en América Latina, que cuando aumenta el ingreso, si se tiene una estructura productiva muy estrecha tienden a aumentar mucho las importaciones, de modo que pasa a haber una tendencia muy fuerte al déficit de la balanza comercial. Claro, pueden venir capitales, y acá se está repitiendo lo mismo que se ha dado en otros momentos: las épocas de bonanza de las exportaciones coinciden con afluencia de capitales.
Pero si mañana el mercado de capitales se activa en Europa, las tasas de interés suben, se reaniman otras economías y junto a la caída de precios se produce una ida de los capitales, se arma un escenario complicado. Si eso pasa, la economía de Uruguay se desacelera rotundamente y se generan menos oportunidades de inversión.
—¿Cómo ve la estimación que hacen las autoridades del gobierno de una expansión del PBI de 4% para este y los siguientes años, en relación al promedio histórico de tasas de 1% y 2%? ¿Ve un cambio en la tendencia en el crecimiento estructural?
—No sé si este 4% es un escenario estable. Si logramos reducir las crisis, evitar que cualquier contratiempo se transforme en una contracción profunda, ahí puede haber un quiebre de tendencia. Pero no lo sé.
Todavía es prematuro hablar de un cambio en la tendencia. Cuando miro una serie del PBI en muchas oportunidades se pudo decir que estuvimos frente a un cambio de tendencia. En el 2000 se creía que habíamos roto con la tendencia. Ahora estamos acá y miramos por el balcón y creemos que rompimos la tendencia. Yo no cantaría victoria...
Están pasando muchas cosas en el mundo, rápidas, y no veo que el crecimiento de Uruguay esté profundamente enraizado en cosas puramente endógenas de nuestra sociedad. Perdonen, pero yo todavía no lo veo así. Ojalá me equivoque y pueda disfrutar mi próxima década en ese contexto.
—¿Haber alcanzado un PBI per cápita cercano a los U$S 15.000 provoca un encandilamiento?
—Sí. Hay muchas circunstancias favorables de precio, de demanda y de afluencia de capitales que están todas tirando para el mismo lado y ninguna están bajo nuestro control. Las estamos tratando de aprovechar; no sé si nos estamos preparando para lo que va a pasar dentro de 15 o 20 años.
—A juicio del Ministerio de Economía, Uruguay puede ser un país desarrollado en 15 o 20 años...
—Yo no tengo la idea de que encima de los U$S 15.000 per cápita se es desarrollado. Si uno está sentado arriba de un océano de petróleo tendrá un PBI per cápita mayor, pero no por eso va a ser desarrollado.
¿Qué es ser un país desarrollado? Es ser capaz de manejar y reproducir la tecnología de punta de una época y la forma de organización y reproducción social de una época. La pregunta es si somos un país que está en la frontera de las tecnologías y si somos portadores sustentables y llevamos esto adelante. Creo que no; no digo que estemos en cero, pero nos falta muchísimo.
Hay países que lo que hacen es avanzar por la vía de una gran transferencia internacional de tecnología, que es lo que está haciendo China, movilizando recursos domésticos, aplicándole tecnología externa y acortando la brecha. Y a China le falta muchísimo.
¿Y nosotros qué hacemos?: estamos capturando una enorme renta. La oportunidad es usar eso y transformarnos en otra cosa. Pero si solamente nos medimos por la renta que estamos capturando, que no la generamos nosotros...
Reconozco el ambiente político, la estabilidad social, la institucionalidad, la credibilidad del sistema, el aumento de la productividad en el sector agrario, la digitalización del país. Todas esas cosas han contribuido a que podamos explotar mejor esta coyuntura y sacarle más fruto a esta ola, pero no perdamos de vista que nosotros no la estamos manejando y que a la larga va a desaparecer. Claro, capaz que lo hace dentro de 15 años y ganó el Frente tres veces las elecciones... Eso es lo que a algunos les puede importar. Yo como soy un historiador económico pienso en estas cosas. Probablemente sea un extraterrestre, porque tal vez a largo plazo estaremos todos muertos como dice Keynes.
—¿Cuán cerca estamos del fin de este ciclo?
—No lo sé, solo digo que miremos a España a ver quién en España hace cinco años estaba pensando que iba pasar por esto.
Yo estaba yendo mucho a España y con un amigo argentino nos juntábamos a tomar jerez y a preguntarnos cómo diablos hacían los españoles para crecer, porque no lográbamos entenderlo. Y había una explicación: no tenían un sustento para seguir creciendo como lo estaban haciendo.
Entonces, las cosas pueden cambiar muy rápido, hace cuatro años ¿quién hubiese dicho que iba a haber una crisis?
Uno tiene que prepararse para un mundo que tiene cambios súbitos. Esos cambios se gestan, y cuando uno ve señales de cosas que no cierran del todo tiene que estar muy atento.
Una década de “autocomplacencia”
—¿Qué tipo de política permitiría apropiarse de parte de los recursos extraordinarios que captó el agro?
—Política industrial, selección de sectores. No digo agro contra industria. Hay sectores que son más importantes que otros, que tienen más componente tecnológico, de empleo, más externalidades.
Uruguay no ha capturado todos los recursos que tiene que capturar de las rentas externas, el impuesto al agro fue con la promesa de que se iba a reinvertir en la propia infraestructura agraria...
—¿Es muy tímido?
—Sí, y también es como algo muy ad hoc. Le está pasando a toda América Latina, que ha quedado en esta ola de precios muy desarmada, sin instrumentos para capturar estas rentas.
Los argentinos lo están haciendo, a uno puede no gustarle la forma en que luego asignan esos recursos, las políticas en torno al empleo, el proteccionismo.
—¿Cree que las detracciones serían aplicables en Uruguay?
—Es una forma totalmente posible y razonable.
Los países que tienen producción mineral también capturan esas rentas. En Chile, que es un modelo tan liberal, el Estado es propietario de más de la mitad de la producción de cobre y captura un royalty importante a todas las empresas privadas y es bastante aceptado.
Esta es una ola de recursos que ha pasado, que la sociedad no ha podido apropiarse de ella y no le ha podido dar un uso más eficiente.
No es tarde para empezar. El riesgo es que en esta ola nos pongamos a hacer repartos y repartos, y que no invirtamos estos recursos. No se trata de distribuir solamente, sino de hacerlo de una forma que asegure la reproducción dinámica de esos recursos, que nos permita innovación, competitividad, generar nuevos empleos. Redistribuir desde la producción, no desde las transferencias sociales.
Uruguay tendría que desarrollar un sistema fiscal mucho más agresivo para poder capturar las rentas. El problema es si uno tiene ese objetivo metido a fuego en la cabeza. Y creo que no lo hemos tenido, creo que hemos vivido una década de mucha autocomplacencia, de estar contentos de que nos iba bien y de tratar de no tocar nada de las cosas que más o menos funcionaban.
Y bueno, la política tiene sus lógicas de corto plazo, hay muchos temores de asustar a la gente.
—Pero el Frente Amplio ya demostró estabilidad macroeconómica y credibilidad...
—Pero me parece que buena parte de los elencos siguen pensando que no hay que hacer política industrial, que no hay que elegir sectores, que es mucho riesgo y no lo quieren correr. Igual hay una elección tácita: está apostando a los sectores a los que les está yendo bien.
Cuando uno dice: “Voy a capturar un impuesto de los bienes agrarios y los voy a invertir en la caminería rural” hay una apuesta sectorial y se está devolviendo al mismo sector que le está yendo bien.