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    A las risas con el Dr. Freud

    Tute y su último libro: Humor al diván

    La frase la firma Jacques Lacan y dice: “Tute me entiende”. La sigue otra firmada por Sigmund Freud: “Este libro demuestra que mis teorías no son un delirio”. Ambas “citas” están en la contratapa de Humor al diván (Sudamericana, 2017), último título del humorista gráfico Juan Matías Loiseau (Buenos Aires, 1974) que el público conoce como Tute. Lacan y Freud se hubieran divertido mucho con este libro que plantea situaciones graciosas entre pacientes y terapeutas, entre parejas, entre madres e hijos, a la vez que hace reflexionar sobre los miedos, las debilidades y las trampas de la mente.

    Una viñeta: “¡Lo tengo, doctor, lo tengo!”, dice un paciente con cara de felicidad arrodillado en el diván. “¿Qué cosa?”, le pregunta el terapeuta entre intrigado y asombrado. “¡El inconsciente!”, le grita el tipo de rodillas agarrando algo imaginario. Sin dudas, Lacan y Freud se hubieran matado de la risa con este libro.

    “El apodo me lo pusieron en Primaria y lo arrastro desde entonces. Matías derivó en Matute y después en Tute. Cuando tuve que buscar un nombre artístico, el que traía desde la escuela me vino perfecto”, explicó el dibujante a Búsqueda en entrevista telefónica.

    Como suele suceder, comenzó a dibujar desde pequeño, pero Tute fue un niño con grandes incentivos. Hijo de una artista plástica, María Cristina Marconi, y del humorista gráfico Caloi (Carlos Loiseau), fallecido en 2012 y recordado entre otras obras, por darle vida al popular personaje Clemente (ver recuadro), Tute contó con un plus para volcarse al dibujo.

    “Todos dibujamos desde chicos, lo que sucede es que la mayoría abandona el dibujo. La diferencia es que los humoristas gráficos nunca dejamos de hacerlo. Además no basta con saber dibujar, sino que hay que tener una idea fuerza de base, ingeniosa, y que además sea comprendida por un público amplio. Ese es un trabajo intelectual que viene con el tiempo”, explica.

    Además contó con grandes influencias y maestros. “Por supuesto que la influencia más importante fue la de mi viejo, la de Quino y de Fontanarrosa. Pero también aprendí con Alberto Bróccoli­, Carlos Garaycochea, que fueron mis maestros. También de Calondi, Copi, de humoristas españoles y también muchos ilustradores”.

    Después de 12 libros de humor, publicó su primera novela gráfica en 2014, Dios, el hombre, el amor y dos o tres cosas más (Sudamericana), que dedicó a su padre. Con este libro tuvo uno de los mejores regalos: un prólogo de Quino. “Tute es para mí, sin duda alguna, el mejor dibujante de humor gráfico argentino surgido en los últimos años. La originalidad de sus ideas, el lenguaje de sus personajes, que va con natural fluidez de lo culto a lo popular según haga falta, su refinado sentido del humor, los atrapantes silencios que sabe crear entre cuadro y cuadro, hacen que, a mi entender, ya merezca el título de maestro a su temprana edad”, escribió el creador de Mafalda.

    Sus viñetas tienen una presencia constante en las redes sociales, donde son masivamente comentadas. “Me gusta ese contacto cotidiano con la gente que discute, opina, interpreta de forma múltiple una misma idea. Es lo que más me interesa del humor, que despierte muchas interpretaciones”, dice.

    Tras sus dibujos hay mucha observación y gusto por los detalles, también una mirada poética de la realidad. En el diario La Nación publica todos los días un cuadro de humor, y los domingos una página en su suplemento. Allí trata temas atemporales y universales, como el amor, uno de los más frecuentes. “No me interesa hacer humor sobre la agenda política, pero creo que sí tengo un humor que es político y crítico. De hecho, pienso que todo humor lo es, no hay ninguno que se escape de la política en tanto compromiso con las propias convicciones. Después está el humor que trabaja sobre la agenda, la noticia o el político de turno, pero a mí no me interesa hacerlo”.

    Ese humor atemporal, en el que entra también la soledad y la incomunicación, vuelve en su último libro y se tira en el diván. “Para mí, el psicoanálisis es como un idioma. Cuando era chico escuchaba que se hablaba de la terapia en mi casa y yo no lo entendía. Entonces me generaba mucha intriga y así entré al psicoanálisis, sobre todo por curiosidad. Me encontré con una técnica fascinante y con un Freud que fue un revolucionario. Hace mucho tiempo que hago análisis y a mi vida profesional le aportó una mirada crítica muy interesante y la lectura entre líneas, eso que entendió hace mucho tiempo la poesía: que las palabras esconden otras palabras, que no todo tiene una lectura literal”.

    Una viñeta antigua: Una mujer va caminando por la calle y un hombre le dice de cerca: “Si no fuera feminista le diría un piropo”. En los últimos tiempos, estos chistes sobre piropos casi no aparecen en las publicaciones de Tute, como si hubiera pensado “de esto no podemos reírnos más”. Pero él no dejó de lado estos chistes, solo que ahora tiene una concepción diferente sobre el tema. “Mi posición con respecto al piropo fue cambiando. Tenía una idea romántica y hacía chistes sin pensar que podía ser ofensivo. Por supuesto que no hacía chistes sobre la guarangada ni sobre el acoso callejero. Pero entendí rápidamente que el piropo es habilitante de otras cosas. No descarté el tema, tal vez ahora lo hago al revés. El tipo dice: ‘¿Me permite un piropo?’, y ella le dice: ‘No’”.

    Si algo tienen sus dibujos es un poder de síntesis envidiable, que se relaciona con la poesía, un género literario en el que también incursiona. Sus personajes tienen ojos grandes y rostros muy expresivos. En sus historietas suele dibujar personajes pequeñitos y apenas esbozados, pero muy sugestivos. Algunos son pura nariz con patas y tienen algo de Clemente. Estos seres minúsculos suelen perderse en ambientes inmensos mientras reflexionan sobre la vida. En estas historias a cuadritos, los remates son impecables.

    En Argentina fue Maitena una de las pocas mujeres que abrieron el camino hacia el humor gráfico, un campo que aún pertenece mayoritariamente a los hombres. “Va creciendo la presencia de mujeres”, explica Tute, “pero se sigue viendo mayoritariamente en la ilustración infantil, porque la mujer siempre estuvo ligada a los niños. Sin embargo, el humor gráfico siempre estuvo reservado para el hombre. La mujer históricamente estaba para reírse de las ocurrencias del hombre, no para ser la generadora del chiste”.

    Además del humor gráfico y de sus libros de poesía, Tute ha dirigido cortometrajes y es compositor de canciones. Uno de sus proyectos se llama Canciones dibujadas y se presentará nuevamente en abril en Buenos Aires. “Es un proyecto audiovisual con canciones mías, cada una tiene 11 videoclips de dibujos animados, algunos hechos por mí o por otros artistas. Como no soy cantante ni toco ningún instrumento, convoqué a músicos y armé una suerte de dream team”.

    Y realmente armó un grupo de lujo en el que figuran, entre otros, Ricardo Mollo, Charo Bogarín, Kevin Johansen, Víctor Heredia, Jaime Torres, Inés Estévez o Gillespi. Al mismo tiempo convocó a ilustradores como Lucas Nine, Max Aguirre, o su propia hermana, Aldana, que hizo uno de los videoclips con la técnica stop motion.

    En Humor al diván hay un hombre que se sube a una escalera altísima para regar la luna menguante, mientras otro hace lo mismo para decirle a un sol inmenso: “Egocéntrico”. Hay pacientes y terapeutas que miran juntos un partido de fútbol en plena sesión, y otros que se sacan juntos una selfie o revisan el celular. Hay terapeutas que abren el paraguas y levantan los pies en la silla porque el chaparrón del paciente viene bravo. Hay viñetas sin palabras y otras verborrágicas y, en general, quienes están en el diván son hombres y quienes los escuchan son mujeres.

    “En una época dibujaba muchos psicoanalistas hombres cuando en realidad hay más mujeres. Eso lo cambié. Yo mismo tuve tres psicoanalistas y dos fueron mujeres”, explica. Sobre la presencia de tantos hombres en el diván de su último libro, comenta: “¿Sí? Cuando termino un libro ya no pienso más en él y se me mezcla con otros. Recuerdo Tuterapia, en el que había más mujeres en el diván, pero no sé en este”. Para comprobar si a Tute lo traicionó o no el subconsciente hay que leer Humor al diván. Además es una forma de aliviar los problemas. Se sabe que la risa es una de las mejores terapias.

    Silvana Tanzi

    Plaza Clemente

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