N° 1897 - 15 al 21 de Diciembre de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáInterrumpimos una serie de columnas destinadas a describir la evolución y analizar el desempeño de la producción de carne vacuna, que aún no consideramos terminada, porque dadas las fechas que atravesamos, parece oportuno plantear una suerte de balance que nos permita prever el desarrollo futuro de la economía y en particular, de la actividad agropecuaria. Resulta oportuno además porque en estos días el equipo económico de gobierno hizo una presentación —de la que solo vimos algunas notas de prensa— que nos generó contradicciones. Además fuimos invitados por CPA Ferrere a la presentación de sus enfoques, análisis y proyecciones de fin de año, que —además de su alta calidad— nos afirmaron en las dudas generadas por el referido informe del equipo económico.
La conclusión de que habría pasado lo peor, que la inflación está controlada o en vías de controlarse, y que eso —entre otras cosas— sustenta la hipótesis de que en 2017 retomaremos el crecimiento, resulta difícil de compartir.
En primer lugar, el desconcierto internacional que ha despertado el resultado de las elecciones norteamericanas contrasta con la certeza de los mercados respecto al inicio de una etapa de incremento en las tasas de interés, más allá de lo que ya preveía la Reserva Federal. Ello trae como consecuencia la apreciación del dólar, que tiene dos efectos inmediatos y ambos son contraproducentes para nuestra economía: la reducción de los precios de los commodities, nuestro ingreso fundamental, y el aumento de los costos de financiamiento del déficit fiscal y de la actividad productiva.
En segundo lugar, nuestro sector agropecuario, sustento básico de la balanza comercial, desde hace dos años atraviesa una fase de retracción por la caída de los precios de los principales productos. Lo nuevo en esta ocasión es que otros competidores en el mundo parecen no sentir tan duramente los efectos de esta etapa. La cosecha récord de soja en EEUU y la siembra récord en nuestra región contrastan con una soja uruguaya que ha retrocedido un 32% en el área sembrada en dos años, y acumula una caída de esa magnitud en la producción.
La producción de leche en Uruguay en los últimos doce meses ha caído un inusitado y sorprendente 11%. Ninguna de las lecherías exportadoras muestra tan duro declive; algunas incluso crecen, como la norteamericana. El arroz en cinco años redujo su área casi un 20%. La producción de carne arrastrará su penoso estancamiento de ya más de una década. Esto está indicando que nuestro sector competitivo por excelencia, en este marco de políticas económicas, ha perdido su condición; de hecho, es el sector de peor desempeño en la economía uruguaya en los últimos diez años. La caída de los precios es lo esperable para el futuro más allá de que en algún sector en particular se dé una situación de mercado que resulte momentáneamente lo contrario.
¿Y qué nos dicen los análisis recientemente publicados? Que si bien la inflación se moderó, ello fue resultado exclusivamente del comportamiento dólar. El índice del 8% es resultado de un aumento del 5,8% de los precios de los bienes transables y del 10% (casi el doble) de los bienes no transables. Es decir, que en el “combate a la inflación” los sectores exportadores continúan perdiendo por aumento de costos, además de la caída externa de los precios. Hoy son menos competitivos que el mes pasado. Se pretende seguir comprometiendo a este sector para financiar una “fiesta inolvidable”, que ya aparece como insostenible.
¿Qué otra cosa nos dicen? Que el déficit fiscal seguirá siendo alto, del 3,5% y en el escenario descrito respecto al aumento de las tasas de interés es una señal extremadamente preocupante. Pero además nos dicen que —no ya su reducción— que su mantenimiento no será consecuencia del sacrificio del Estado, de la mejora del funcionamiento de los mercados monopólicos en manos del Estado, de su austeridad, su combate al despilfarro, el nepotismo, el clientelismo y la irresponsabilidad. No. Será resultado de la continuación del aumento de la presión tributaria, del esfuerzo exclusivo del sector privado, del desestímulo a producir, y mucho más a exportar.
Las dudas que surgen entonces de la presentación del equipo económico y de su optimismo son ¿cuál será la fuente de crecimiento? ¿Cuál será el motor? Parece poco razonable que con menores precios y mayores costos se pueda esperar que sea el sector exportador que sustente el crecimiento. Poco o más bien nada se puede esperar, en materia de dinamismo, al menos en el corto plazo.
Será entonces al mercado interno al que se pretende trasladarle la responsabilidad de ese papel. Esta alternativa es una vieja historia de fracasos en la economía de muchos, pero en un país de las dimensiones del nuestro, pretender que el consumo interno sostenga y dinamice la economía suena al menos extemporáneo.
Básicamente por estas razones, aunque no las únicas, me permito dudar de las conclusiones del equipo económico. Ojalá me equivoque.
(*) El autor es ingeniero agrónomo y consultor privado