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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuesta abajo. A veces me pregunto qué llevó a los descendientes de los inventores de la geometría a estar incluso viviendo en cuevas o a comer de la basura. Y siguen votando modelos de política que prometen la zona de confort sin esfuerzo. Me refiero a Grecia.
Lo mismo me pregunto qué pasó con Haiti, cuya Constitución fuera ejemplo para América Latina entera a la hora de redactar las mejores.
Sin duda que la psique humana no es fácil de interpretar. Solo alcanza con remitirnos al episodio de Orfeo y Eurídice de la mitología griega. Tenía todo para ganar después de tanto ruego y sin embargo lo arruinó. Se auto infringió un daño. ¿Qué necesidad?
Todos estos ejemplos vienen al caso y a manera de humilde advertencia.
Los uruguayos que a fines del siglo XIX y principios del siglo XX fuimos buenos capitalistas, cultos y abiertos al mundo y, en el buen sentido, progresistas, nos hemos votado malas leyes, le tenemos miedo a la libertad económica y tenemos la cabeza cerrada al mundo.
Y lo peor: la realidad nos muestra lo malo y lo defendemos igual.
Un caso claro es el agua potable.
Votamos una norma constitucional al respecto. Aunque todos sabemos en la íntima que los empleados públicos no son buenos para casi nada. Pero vamos...
Han pasado los años. El resultado: el río Santa Lucía contaminado, Maldonado un asco, problemas por todos lados. Y el pretexto: “la alta demanda”. Claro...pa’ eso estamos.
Y así todo.
Tengo miedo. De verdad. La “atmósfera intelectual imperante” es opuesta a lo que se necesita para desarrollar el país. Incluso para que sea viable.
¡Hay que despertar o no serviremos ni para el turismo! Porque se nos ahogarán los bañistas, porque ser salvavidas “no es un laburo de verdad”.
E.I.
CI 1.1764.862-5