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    Aires de renovación

    Sr. Director:

    Quien ha vivido a la vera de un río, ha visto cómo, durante las prolongadas bajantes periódicas, las aguas corren perezosas hasta casi estancarse y parece que toda vida se enlentece. La turbiedad domina el ambiente, el barro las orillas y hasta las fragancias montaraces mezquinan su aroma.

    Pero cuando llegan las aguas nuevas, cuando la correntada arrastra toda aquella suciedad y el río recupera su cauce normal, todo renace, se purifica y la vida estalla en mil colores. Citando al poeta de la patria: “La sonrisa de Dios de que nacieron, aún palpita en las aguas y en las selvas…”.

    Así pasó a finales del 2019 en la patria de los orientales.

    Un país estancado en la mediocridad, asediado por los barros malsanos de la delincuencia y el narcotráfico, aletargado por una educación ruinosa y enturbiado por la falta de trabajo, mientras el desgobierno frentista se regodeaba en inútiles teorías y en tan sesudas como falsas explicaciones.

    Turbiedad que alimenta el rencor entre hermanos, que fomenta divisiones de clase y que siembra el temor entre los otrora tan ilustrados como valientes orientales.

    Finalmente, en octubre y en noviembre una corriente arrolladora trajo la esperanza al país. El pueblo se pronunció en las urnas y como en el río, nueva vida parece asomar en el horizonte.

    ¿Cambió el país solo con esto?

    Absolutamente no. En esta curiosa transición a la uruguaya, tan larga como nuestro inefable carnaval, aún se oyen los agoreros vaticinios de aquellos que todavía buscan lo que la sequía dejó entre el lodo de las orillas.

    Habrá que esperar hasta marzo ¡falta tan poco!

    Y ya tuvimos la primera oleada purificante: fue en el Palacio Legislativo, donde las nuevas mayorías hacen vislumbrar un futuro más seguro, más amable y sin tantos mercaderes de la inoperancia como vivimos estos tres lustros pasados.

    No hay nada asegurado. Todo recién comienza y en la tarea diaria del gobierno veremos cuánto de lo prometido se puede lograr.

    Pero por lo pronto, no ver más a quienes intentaban dibujar en los papeles un Uruguay que el pueblo no encontraba… ya es una caricia al alma.

    Es inexplicable que ni bien el gobierno electo presentó en sociedad el anteproyecto de ley de urgente consideración, todo el espectro de la izquierda graznó con estridencia cómo iba esto a hacer caer el ¡bienestar! en que vivimos…

    Se entiende que cada uno defienda lo que cree haber logrado.

    Pero escuchar al ministro del Interior decir que ese anteproyecto vuelve más insegura la vida diaria de los uruguayos.

    Al de Trabajo, que atenta contra las condiciones tan extraordinarias que según él gozan los trabajadores .

    A los del Mides, que se terminará con la estupenda calidad de vida que parece que nos trajeron sus muy bien pagas autoridades y familiares.

    A los de la educación… bueno… esto ya es más fantasioso que Marvel: se arruinarán los logros educativos que gozamos todos y que parece que nos colocan a la vanguardia mundial….

    ¡¡¡Qué les pasa!!! Lean un poco (¿sabrán?) las estadísticas nacionales al respecto y dónde nos colocan en este plano.

    En educación (me parece sentir aún a Mujica al respecto) lo mínimo que se haga ya marcará la diferencia. Sobre todo tratando de cambiar la cabecita, dijera el Toto, de nuestros tristes gremios educativos…

    Y así, todos retrucándose entre ellos, intentan que creamos que este tornado que aniquiló la patria estos quince años pasados… fue apenas una lloviznita pasajera de aguas tranquilas y provechosas.

    No voy a reiterar las atrocidades cometidas en la administración gubernamental. Todos las sabemos y pagamos con creces de nuestros bolsillos tanta ineptitud, natural o aparente, de los que tuvieron a cargo los ruinosos experimentos realizados con el patrimonio común de los orientales.

    Miremos al futuro, dejemos las rémoras atrás, desprendidas del Estado que les daba la vida y libradas a lo que merecidamente el pueblo oriental las destinó. Que cada uno sea artífice de su vida y que se atenga a las consecuencias de lo que protagonizaron, que para eso debería haber justicia en el país.

    Ese futuro está en las manos del Partido Nacional coaligado con los otros cuatro que cogobernarán.

    La unión de todos ellos deberá ser la garantía con que cuenten los ciudadanos para vivir mejor.

    Que cada decisión de gobierno se tome a conciencia de que será a favor del pueblo.

    Que no haya personalismos vanos que atenten contra esa unidad y nos hundan en la inoperancia.

    Que se terminen los acomodos, las coimas y los arreglos subrepticios entre cuatro paredes.

    Que a los delincuentes se les trate como a tales. Con el rigor justo y necesario pero también con la dignidad que el Estado debe asumir una vez los tenga a su disposición.

    Que la Policía se profesionalice, que tenga un mando acorde, que vuelva a ser garantía de convivencia a los ojos de los ciudadanos.

    Que los buenos maestros y profesores, que los hay y son mayoría, conduzcan a la educación siguiendo las pautas que nos hicieron un país ilustrado tiempo atrás. Y que las autoridades educativas pongan el marco adecuado para esto y faciliten su tarea.

    Que se termine con el concepto disolvente de la lucha de clases. Que se reivindiquen los legítimos derechos de aquellos que diariamente, desde todos los puestos de trabajo, hacen la riqueza nacional. Pero que sean eso: legítimos derechos y no inconfesables posiciones políticas a favor del gobierno, como ha pasado con las autoridades gremiales actuales en su mayoría.

    Vergüenza nacional que un gremialista confunda su noble tarea con una posición política ideologizada, olvidando que representa a todos y debe ser, en lo institucional, totalmente apolítico. Con muchos de los dirigentes que aparecen a diario en las pantallas, indigestando audiencias… tal deseo nos parece pretender que el olmo críe peras…

    Párrafo aparte para la cancillería.

    Dejar de abrazarse con los populistas totalitarios y con los dictadores perennes es una señal alentadora.

    Que se deje de apoyar a los Maduro, los Evo, los Correa, los Lula, los Ortega, las Dilma y cuanto malhechor campee en las Américas.

    Que se nos ubique de nuevo entre las naciones que hacen de la libertad un paradigma.

    Nefasto ha sido el proceder de la cancillería en el período frentista.

    Y lo mencionado atrás renglón por medio:

    Libertad

    Eso que hemos ido perdiendo de a poquito, sin darnos cuenta, merced a un gobierno que se creyó con derecho a reglamentar cada detalle de la vida de sus ciudadanos a su gusto y placer.

    Libertad

    Para educar a los hijos.

    Para disponer de los bienes personales legítimamente logrados.

    Para ejercer la soberanía en nuestro territorio.

    Para gozar de un ambiente natural, sano, impoluto, sin contaminantes.

    Para disponer de nuestra salud.

    Para ejercer plenamente el derecho al trabajo.

    Para defender nuestra familia, nuestro hogar y nuestro trabajo sin ser equiparados a los delincuentes que atacan estos bienes.

    En fin: para cumplir la norma constitucional que dice claramente que la soberanía radica en la nación.

    Y no en las manos de cualquier iluminado que se crea con derecho a regir la vida de quienes él cree incapaces de vivirla con plenitud democrática.

    Si se logra eso, si todos en la más perfecta unión cinchamos parejo siguiendo una línea clara, honesta y realista de gobierno… entonces sí, en cinco años tendremos motivos ciertos para festejar como un solo pueblo oriental.

    No es difícil. ¿No nos decimos artiguistas?

    Pues eso: Artigas, el patriarca, nos marca el rumbo.

    Seamos dignos de seguirlo y merecedores de su herencia.

    Horacio Fantoni