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“Yo no interpreto a villanos, interpreto a gente interesante”. Lo dijo Alan Rickman y qué duda cabe. Allí están sus dos grandes marcas: Hans Gruber en Duro de matar (1988) y el profesor Snape de la saga Harry Potter. Más que malvados, son individuos poco confiables, seductores a su manera, tortuosos, complicados, oscuros y también fascinantes, porque esa combinación solo la pueden hacer los alquimistas de la actuación, como este británico que falleció el jueves 14 de cáncer de páncreas, a los 69 años.
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Rickman podía no aparecer en cuadro, ser invisible. Pero con semejante voz imponía una presencia magnética, irresistible. Una voz planetaria, de las que representan a toda la humanidad, como la de Orson Welles. La voz para transar con los extraterrestres, y amedrentarlos.
No hay demasiadas películas para destacar en su carrera, tal vez porque le encantaba el diseño gráfico, tal vez porque le dedicaba más tiempo al teatro. Acompañó a Tim Robbins en El ciudadano Bob Roberts (1992), trabajó bajo las órdenes de Ang Lee en Sensatez y sentimientos (1995) y fue un marido silencioso y esquivo en Realmente amor (2003), de Richard Curtis. Interpretaba cualquier papel. Una de sus mejores películas es la muy poco conocida El beso de Judas (1998, dirigida por Sebastián Gutiérrez), un policial donde compartía el protagónico con Emma Thompson. Eran dos detectives cansados, melancólicos, pero buenos funcionarios al fin.
Algunas veces así ocurre: grandes actores sin una filmografía demasiado importante o abultada. O incluso sin premios grosos. Pero es un asunto de proporciones: podés tener un Oscar como Marisa Tomei o Anna Paquin y que nadie se acuerde de tu obra. O podés tener una sola secuencia con Bruce Willis, a quien dejás mal parado, y todos te recuerdan.
El italiano Ettore Scola, en cambio, quien falleció el martes 19 a los 84 años, deja una amplia filmografía. Ducho en las comedias italianas y guionista de la famosísima Il Sorpasso (1962), trabajó con los más célebres actores italianos y franceses, desde Gassman y Sordi hasta Loren y Vitti, desde Mastroianni, Tognazzi y Manfredi hasta Trintignant, Depardieu y Sandrelli. Agudo, irónico y desencantado observador de la sociedad romana y de las costumbres burguesas, Scola dirigió títulos fundamentales como Nos habíamos amado tanto (1974), Sucios, feos y malos (1976), Un día muy especial (1977), La noche de Varennes (1981), El baile (1983) y La familia (1986). Entre los grandes cineastas europeos.