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    Alejandro Atchugarry (I)

    Sr. Director:

    Alejandro Atchugarry fue el ejemplo más acabado de entrega extrema de un funcionario de jerarquía, tomando decisiones difíciles y polémicas sin medir costos personales eventuales, en la dimensión más noble de la función pública.

    Durante el segundo semestre de 2002, tuve el honor, a su pedido, de encabezar un grupo de trabajo integrado por funcionarios del Banco Central con distintas especialidades, entre ellos mis ex compañeros de la Asesoría Legal que yo integrara hasta el 5 de febrero de 1999, grupo que luego se redujo a la Dra. Eva Holz y yo. De ese grupo de trabajo, naturalmente bajo las directivas del ministro, resultó lo que vino a ser la Ley N° 17.613, de 27 de diciembre de 2002, que modificó la normativa legal bancocentralista, creó los Fondos de Recuperación de Patrimonios Bancarios y habilitó la creación del Nuevo Banco Comercial.

    Mi asesoramiento incluyó la concurrencia, acompañando al ministro, a las sesiones de la Comisión de la Cámara de Senadores en que se consideró el proyecto; entonces comprobé el peso de su prestigio intelectual y personal y la dimensión de su disposición y habilidad para lograr el apoyo de legisladores de todos los partidos, que le permitió llevar adelante las soluciones legales más convenientes para el país; aunque algunos, al momento de votar, luego se atuvieran a su disciplina partidaria.

    Ese asesoramiento al ministro Atchugarry, en esas circunstancias, es la tarea que más me honra, de la cual estoy más orgulloso, de todas las que me ha tocado desempeñar en mi ya larga vida. Así fui testigo de la forma en que Alejandro Atchugarry se desvivió por el bien del país, por el bien de todos. En cierto momento, la Dra. Holz me transmitió su preocupación porque el ministro echaba sobre sus hombros todas las responsabilidades, y convinimos que yo le hablaría cuando tuviera oportunidad para llamarle reservadamente la atención sobre el punto. Al retirarnos de una de las tantas reuniones en el Banco Central, tarde una noche, bajamos juntos al garaje, y le hice el planteamiento que habíamos acordado con la colega; su respuesta fue: “Juan Pablo, cuando acepté este Ministerio en estas circunstancias, fui consciente de que después de esto, no iba a poder volver a ser candidato ni a edil. De manera que todo está previsto”.

    Cuando recientemente falleció el Dr. Jorge Batlle, le hice saber al Dr. Atchugarry, por correo electrónico, mi dolor porque mi situación personal no me había permitido asistir a su velatorio en el Palacio Legislativo; se lo dije porque íntimamente me preocupaba que él en particular lo supiera. Y agregué: “Con razón y justicia, se ha insistido mucho ayer en la actitud del presidente durante la crisis del 2002. Yo fui testigo directo, además, de la integridad, inteligencia, esfuerzo y verdadero sacrificio personal con que actuaste en aquellas circunstancias, asumiendo personalmente la dirección y responsabilidad de lo que se hacía”. Le recordé aquella incidencia: “Tal vez no lo recuerdes; una noche, saliendo por el garaje del Banco Central después de una de las tantas reuniones, me dijiste, más o menos literalmente: ‘después de esto, yo no puedo ser candidato ni a edil’. Te confieso que ni en aquel momento ni hasta hoy, he llegado a comprender cabalmente esa respuesta. A poco andar, fue público que rechazaste la posibilidad de ser candidato nada menos que a presidente de la República.”

    Me contestó también por correo electrónico, y en una posdata escribió: “Un día compartiremos un café y trataré de contarte el sentido de aquellas palabras”.

    No fue posible; nos quedó pendiente. También lo está la deuda de todos de rendir a Alejandro Atchugarry el homenaje que como pocos se ganó y se merecía.

    Dr. Juan Pablo Cajarville Peluffo