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    Alem García

    Sr. Director:

    “No hay holocausto sirio porque el árabe, no sé si por influencia de su cultura o la religión, no se queja”.

    Alem García en revista galería, página 80, 20 de junio de 2019.

    Soy ávido lector de la sección Entrevista de galería, en su retiración de contratapa. Por su brevedad, por lo ecléctico de las preguntas, por la arbitrariedad en la elección de los entrevistados, es siempre una sorpresa. De hecho, la mayoría de las veces me pregunto cuál es el criterio, si no es comercial, de elegir ciertas personas o personajes; otras, me pregunto cómo algunas pueden ser tan artificiales y poco creíbles, mientras que algunas resultan refrescantemente auténticas. Lamentablemente, no he llevado un inventario de las entrevistas y mis impresiones de las mismas, pero tengo una clara y subjetiva impresión de que son mayormente faranduleras, frívolas, y promocionales. Sin embargo, reconozco que algunas son verdaderos tesoros.

    Entre tantos, uno de los temas recurrentes tiene que ver con origen e identidad del entrevistado. Así comienza la entrevista de referencia: “Nació en San Luis, cerca del Chuy, un lugar al que llegó su abuelo sirio. ¿Cómo se instaló allí?”. “Mi abuelo paterno, Mohamed El-Hom, acriollado en Rocha como José María García, vino huyendo de Siria”, responde el entrevistado Alem García. Hasta ahí, todo bien, todo lógico, todo secuencial: a una pregunta concreta, una respuesta concreta.

    El problema está en la siguiente frase, que citamos al principio, acerca de la existencia o no de un “holocausto sirio”. Si bien la periodista no preguntó acerca de las circunstancias que trajeron a Mohamed El-Hom a estas tierras, señalar que fue “huyendo” no está fuera de lugar; en especial porque un altísimo porcentaje de nuestros abuelos y bisabuelos vinieron “huyendo”, así como hoy llegan “huidos” de Cuba y Venezuela. El problema está en la palabra “holocausto” y la descripción de una supuesta naturaleza árabe al respecto.

    La palabra “holocausto” está indefectiblemente unida al pueblo judío. Más allá de toda rigurosidad histórica, la asociación es inequívoca. Alem García lo sabe y lo introdujo adrede. La frase de marras no habla del inexistente holocausto sirio ni de la naturaleza sufriente del árabe, sino del holocausto judío y sugiere que este es producto de la naturaleza quejosa del judío: burdo, manido, manoseado argumento antisemita y negacionista de la Shoá.

    Alem García no usó, como sí lo hizo José Mujica en 2014, el término “genocidio”; si lo hubiera hecho, hubiera ampliado su campo semántico para incluir el exterminio armenio por parte de los turcos, o cualquiera de las matanzas étnicas en los Balcanes o en África. Genocidios, lamentablemente, ha habido demasiados; holocausto, uno solo: el padecido por el pueblo judío, perpetrado por el régimen nazi.

    Muchos inmigrantes árabes llegaron a América del Sur en la primera mitad del siglo XX; las colonias que formaron y mantienen, así lo atestiguan. La persecución a la que García alude (la razón para “huir”) existió. Nadie lo niega ni lo discute. Lo que resulta insultante es una alusión tan gratuita como antisemita al holocausto (judío) y por contraste con el árabe, a la supuesta naturaleza quejosa del judío. El comentario es antisemita por donde se lo mire y el agravio, por sutil que sea, agravia (valga la redundancia).

    Los entrevistados por galería suelen darnos sorpresas: elecciones de vida, opciones vocacionales, hábitos particulares, gustos antojadizos… es lo que hace interesantes las entrevistas. Nunca son agraviantes, nunca son políticas ni confrontativas. Son, o pretenden ser, miradas frescas al mundo que habitamos los uruguayos. La entrevista a Alem García es la excepción: no solo ha vuelto a la política partidaria para ser frontalmente disruptivo y destructivo del sistema político uruguayo a través de su candidato a presidente, sino que se da el lujo de arrojar un dardo antisemita, gratuito, en el seno de una sociedad, la nuestra, que hace causa común contra la xenofobia y cualquier tipo de discriminación.

    Es que así es el verdadero antisemita: no puede evitar destilar su odio. Fuera de contexto, fuera de tema, Alem García se sintió compelido a decir que el holocausto (judío) es producto de la invención (queja) judía. Como el cuento del escorpión: está en su naturaleza.

    Ianai Silberstein

    CI 1.412.860-4