—Se están combinando mayores tasas de interés, alta inflación en el marco de la invasión a Ucrania, precios de commodities más flojos y el riesgo de recesión en algunas economías. ¿Cómo afecta ese contexto global a Uruguay?
—En las recientes reuniones en Washington durante la asamblea del Fondo Monetario Internacional (FMI) nos decían que tenemos la tercera crisis: Covid, guerra y ahora suba de tasas de interés. Es un panorama que impacta a todas las economías, en particular a las emergentes.
Los precios altos de los commodities se empiezan a revertir de forma gradual. La buena noticia es que seguramente las presiones inflacionarias comenzarán a ceder en el mundo y acá; la mala noticia es que las tasas de interés subieron y está la sombra de la recesión, incluso en China. Cuando era analista en el sector privado tenía la regla de que, si la economía china crecía menos de 5%, estaba en recesión, ¡y crece 3%! Todo es un dato de la letra para nosotros.
De todos modos, en todas las revisiones de crecimiento económico Uruguay no tuvo una baja y el FMI prevé un crecimiento de 5,3% para este año y de en torno a 3% para el que viene. Es una buena noticia para el país y no es casualidad: habla de un cuidado de la macroeconomía, sólida, y la buena imagen internacional. Una calificadora nos decía: “De los 35 emergentes que estamos siguiendo en este momento, Uruguay es el único para el que tenemos una perspectiva positiva y constructiva”.
Afuera la cosa empieza a revertirse de color, pero a países de una misma región eso les afecta más y a otros, como Uruguay, menos. Ahí pesa un tema de gobierno e incluso de sociedad. ¿Luz de alerta por la suba de tasas? ¡Por supuesto, no es inocua! Pero estamos serenos de que las políticas han sido responsables, que cuando hubo que gastar de más fue de manera transitoria y focalizada. Venga lo que venga, el gobierno tiene herramientas para responder.
—La recaudación neta de la DGI tuvo una baja real de 1% en setiembre y las exportaciones en octubre crecieron… ¿Se está desacelerando la actividad económica?
—Efectivamente, y esto tiene también que ver con la moderación de la suba o la baja de precios a los que venden las empresas (exportadoras de commodities). Lo que vemos es una desaceleración de la recaudación y no descartamos caídas puntuales en los próximos meses, pero no es un dato sorpresivo sino que está en línea con lo programado.
—¿Cuál es la estimación del MEF sobre el crecimiento el PBI en esta segunda mitad del año?
—En torno a 5% entre el tercer y el cuarto trimestre, con cerca de 2% en este último en la comparación interanual. El crecimiento promedio en todo 2022 estaría en torno al 5%.
—Al comunicar el viernes pasado que no se subirán las tarifas de los combustibles en noviembre, el Ministerio de Industria aludió a la necesidad de “seguir apuntalando la economía”. ¿Hasta cuándo se precisará eso?
—Es una buena pregunta. Uno podría decir que en la medida que hay una brecha de PIB negativo y que no se llegó al nivel potencial algún apoyo que otro se podría estar manteniendo. Todavía estamos con las medidas del Fondo Covid o los Jornales Solidarios para seguir fortaleciendo la recuperación, que viene bien vigorosa y por encima de lo pronosticado, pero hacia delante podría ser un poco peor a lo estimado, aunque por ahora mantenemos nuestra proyección de en torno a 3% para el año que viene.
Nuestra proyección fiscal presupone el desmantelamiento del Fondo Covid; no prevemos mantener esos gastos en la medida que terminó la emergencia sanitaria y en 2023 dejaría de existir. Sí habrá gastos en vacunas, por ejemplo, que pasarán a ser gasto estructural.
—Ya sin la obra de UPM 2 y con los salarios empezando a recuperarse, ¿será el consumo interno y no tanto la inversión y las exportaciones el motor del crecimiento económico?
—En la Rendición de Cuentas previmos una caída en 2023 de la inversión en capital fijo —comparada con la fuerte inversión de 2022—, en línea con eso que señala. Para el consumo final —hogares y gobierno— prevemos un aumento de en torno al 3%. No vemos algo que nos haga cambiar dramáticamente las proyecciones de un consumo que se recupera cerca de 4% en el caso de los hogares en el primer semestre, adaptándose a una evolución más en línea con el crecimiento potencial de país, que ronda el 2%. Las reformas estructurales deberían generar un crecimiento superior a lo que es el potencial. Y el país las está haciendo: la reforma fiscal, la reforma previsional, se está trabajando en la inserción internacional, y eso genera expectativas que hoy impactan positivamente en las inversiones. Por eso hemos mantenido una proyección al 2026 de crecimiento económico por encima del potencial.
También creemos que seguirá el dinamismo de las exportaciones, que en los últimos meses han superado nuestras expectativas.
—¿Dice que esas reformas ya están produciendo crecimiento ahora?
—¡Ya están pegando! Sí, tenemos inversiones, mucho interés… En Washington vimos el interés de los gobiernos en ver qué estamos haciendo con el bono verde y la estrategia de atar nuestro financiamiento a las políticas ambientales. Y del sector privado también (hay interés). El aumento de la calificación de riesgo por parte de R&I a “BBB+”, un escalón por debajo de la categoría “A”, ¡eso atrae inversión hoy! Hay agentes regionales que se vienen a instalar en el país. Esto tiene efectos hoy.
—La reforma previsional recién entró al Parlamento, es de implementación gradual y tiene efectos fiscales a largo plazo…
—La reforma de la regla fiscal pega hoy y afecta positivamente las expectativas hoy. Y las expectativas son gran parte de lo que ocurre a nivel económico en un país. Las reformas estructurales pegan en el momento en que se aprueban o que se empuja para que se aprueben; ¡afectan hoy! La reforma previsional no es que por impactar en lo fiscal dentro de algunos años no tenga efectos hoy, ¡tiene efectos hoy (en las expectativas)!
—¿El gobierno tiene, también, una agenda de reformas microeconómicas?
—Sí, por supuesto.
Todo lo que es el desarrollo del mercado de capitales; el Banco Central ha hecho una especie de fast track para las emisiones de títulos por parte de empresas chicas, que eran muy engorrosas. Esos son cambios microeconómicos.
También se han hecho cambios en esta última Rendición de Cuentas para nivelar las inversiones en pesos y dólares. Son reformas que hacen a la economía, porque si mejora el ahorro también lo hace el crédito y mejora la actividad del sector real.
Y tenemos una serie de reformas estudiándose en materia de precios. Se arrancó con la reducción de los aranceles para harinas y aceites.
—¿Esa no fue una medida puntual, por 60 días, por la preocupación por el impacto del encarecimiento de esos alimentos en la inflación ante la guerra en Ucrania?
—Fue por 60 días y en ese contexto, pero de alguna manera implicó un abaratamiento de los precios que seguro contribuyó a bajar el costo en la cadena. Si se trasladó o no (al consumidor) es muy difícil de decir, porque al mismo tiempo estaban subiendo los precios mayoristas. Pero no hemos visto ningún efecto negativo.
Más allá de esa medida, estamos estudiando si hay margen para reducir o destrabar regulaciones en sectores —que no puedo adelantar cuáles—, en dirección de una mayor competencia y, por tanto, de una reducción de precios.
—¿Serán medidas para 2023?
—Sí, sin dudas. Son muchos los equilibrios que hay que atender: hay que defender al consumidor y también al productor. Las reformas micro son muy lentas, porque hay muchos detalles, mucha regulación y muchos cuidados que se deben tener al mover las piezas. En esto, lento pero seguro.
—Un jerarca del gobierno dijo que al incorporar a la reforma previsional los cambios sugeridos por los socios de la coalición fue como echar agua a un vaso de leche. ¿El proyecto que fue al Parlamento es el necesario para hacer sostenible el sistema o es el políticamente posible?
—Al final del día la variable política siempre tiene que estar… ¿Por qué es la reforma necesaria? Antes hablábamos de las expectativas: si no se hace nada, el 10% del PIB para pago de jubilaciones crecería hasta 13, 14 y 15% en las próximas décadas. Este proyecto estabiliza e incluso baja levemente ese peso hacia delante, lo que nos deja conformes. Políticamente esto fue lo que se pudo acordar, y en los números es suficiente al despejar esas dudas (fiscales) e impacta hoy en las expectativas. Podían pensar: “Si no se corrige esto, se vienen subas de impuestos para financiar las jubilaciones futuras”, o la deuda deja de ser sostenible y, al final del día, subirán los impuestos también.
—¿Para las calificadoras de riesgo esta reforma es suficiente?
—En la medida que estabiliza la cuenta de las jubilaciones en relación con el PIB, sin dudas que las satisface. Pero una vez que entiende el contenido de los números, le pasa a preocupar qué tan viable es políticamente de aprobar en el Parlamento.
—El Consejo Fiscal Asesor, creado como parte de la nueva regla e institucionalidad en esta área, advirtió tiempo atrás la inconveniencia de incorporar medidas con impacto permanente, cuando todavía se está en camino de una consolidación fiscal. La rebaja de la carga de IRPF e IASS para 2023 ratificada hace pocos días por el presidente Lacalle Pou, ¿tiene en cuenta ese comentario?
—Tengamos en consideración que el presidente de la República, cuando anunció el 1º de marzo pasado su intención de reducir impuestos, se refirió a impactar proporcionalmente a las franjas más bajas. ¡Hay equidad!
Me hubiera gustado que los analistas —y no me refiero a los integrantes del consejo— se hubieran preocupado tan ruidosamente por la consistencia y la prudencia fiscal cuando desde el Frente Amplio se propuso gastos elevados y no financiables en muchos casos. En la consolidación fiscal no juegan solo los ingresos; juegan también los gastos. ¡Y a quién se destinan los gastos y recursos del Estado también es equidad! Son US$ 50 millones por año en primera infancia y US$ 1.500 millones adicionales en esta Rendición de Cuenta para educación, seguridad, en recuperación salarial de los funcionarios públicos.
También hay analistas que concuerdan con la buena disciplina fiscal pero que hablan de una corrección de mala calidad. Sería bueno que quienes dicen eso sean concretos en qué hubieran hecho ellos para corregir una situación fiscal que concuerdan que era insostenible.
—Con ese alivio sobre los impuestos a la renta personal, ¿queda cumplida la promesa electoral de “aflojar la cincha” al sector privado o podría haber otras medidas?
—No me corresponde a mí hacer una aseveración de corte tan político como esa.
Creemos, sí, que es una señal muy importante que da el presidente de la República que indica, primero, que se puede tener disciplina fiscal sin subir impuestos. Y segundo, que una vez que se tiene la disciplina fiscal y se saca al país de la zona de riesgo de subir impuestos o de perder el grado inversor —y por tanto de perder inversiones y empleo— se puede empezar a aflojarle la cincha a los que más apretados están. Aproximadamente, y sin entrar en las casuísticas, se podría decir que a partir de los $ 30.000 mensuales una persona empieza a pagar IRPF; a esa gente es a la que el presidente apunta para aflojar.
—Algunos analistas han señalado que bajar impuestos es inconsistente con hacer política monetaria contractiva para tratar de contener la inflación. ¿Qué responde?
—No es así. Una inconsistencia fiscal con una política monetaria restrictiva como la actual se generaría si hubiera un gasto desmesurado o una baja de impuestos generalizada o desmesurada también. Insisto, el presidente de la República dijo que la rebaja será puntual y para determinadas franjas. Y todas las medidas que hemos tomado en materia fiscal han sido muy prudentes y pensadas. Acá, más que nunca —y decididamente más que en anteriores gobiernos— se está cuidando muchísimo la consistencia entre la política monetaria y la fiscal. Y esto contribuye a disciplinar los precios; ya vemos señales de que empieza a ceder la inflación.
—Todavía no se ha informado qué magnitud tendrá el alivio para poder estimar un posible traslado al consumo.
—Sí, eso no se ha definido.
—Cabildo Abierto ha planteado insistentemente que se debe reformar el sistema tributario y el régimen de incentivos porque entienden que solo beneficia a grandes multinacionales. ¿Lo están considerando?
—Esta, quizás, sería otra reforma micro. Están sobre la mesa y se estudian con mucha seriedad toda la legislación y los distintos regímenes. El gasto tributario es complejo y a veces se hacen estimaciones ligeras; estamos estudiando si el beneficio se da, porque sin eso una actividad no se instala, o si se da por costumbre, sin que sea necesario. Está todo sobre la mesa y esperamos tener novedades en 2023.
- Recuadros de la entrevista
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