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    Alimentos sintéticos

    Sr. Director:

    Negar o ignorar el posicionamiento de alimentos sintéticos en el mercado de consumo es como que nuestros antepasados cazadores hubieran negado la producción sistematizada por la domesticación o que los fabricantes de tasajo hubieran ignorado la industria frigorífica. Simplemente es irracional e impensable.

    La población mundial los adoptará cada vez en mayor medida. Los primeros, probablemente por razones filosóficas de vida (vegetarianos, veganos, animalistas, ambientalistas, etc.). Otros lo consumirán por practicidad o por el sabor. Que este último se hace y se cambia, como ha sucedido durante toda la historia. Además, hay quienes gustan de probar cosas nuevas y pueden considerarlas, en principio, exóticas. Pero la inmensa mayoría los adoptará por el precio, una vez que sean más económicos que los alimentos naturales.

    Lo que sí puede ser discutible son los argumentos de marketing que utilizan para promover esos productos, denostando los alimentos tradicionales y poniendo a sus productores y consumidores como verdaderos delincuentes, insensibles al cambio climático y al bienestar animal. Es que la propaganda, en su mayoría, se fundamenta en confundir al consumidor con respecto a cuatro puntos básicos:

    1- La terminología engañosa. El queso es queso y el tofu es tofu; la leche es leche y el extracto de soja es extracto de soja; la carne es carne y la fibra muscular sintética es eso mismo. Si son productos nuevos, diferentes, ¿cuál es la necesidad de nombrarlos de la misma manera que los tradicionales si no es para confundir al consumidor? Está todo bien que existan nuevos productos y haya consumidores para ellos, pero las cosas por su nombre.

    2- Falsear las propiedades de los productos tradicionales. Se les atribuye a los alimentos propiedades insalubres, patológicas, tóxicas e indigestas, sin basamento científico serio. En realidad, tan malos no han de ser ya que la humanidad ha subsistido los últimos 100.000 años gracias a consumir plantas y animales. Es que negar la biología omnívora del ser humano es tan irracional e impensable como negar la existencia actual de alimentos sintéticos. Es obvio que, si los alimentos son mal procesados o mal conservados, provocarán trastornos, pero eso no es inherente al alimento, sino a su mal tratamiento.

    3- Calificar de insensibles a productores y consumidores. Ganaderos y granjeros son inhumanos porque someten a los animales a rutinas que les quitan libertades y terminan sacrificándolos para comérselos. Los animales no racionalizan el sentido de libertad como lo hacemos los humanos. Por tanto, mientras tengas sus necesidades básicas abastecidas y un ambiente que les genere bienestar, ¿quién puede determinar el grado de libertad que necesitan?, ¿quizás la de un perro de apartamento que sale a pasear dos veces por día, atado a una correa, sea suficiente? Ni los seres humanos tenemos todas las libertades que quisiéramos. En cuanto al segundo punto, sí, se sacrifican para consumirlos. ¿Y? Como ser biológico, la especie humana se encuentra al tope de la cadena trófica y, como omnívoro que es, se ha servido y se sirve de todo lo que pueda para su subsistencia. Así como la gaviota se come al pejerrey, el tiburón a la sardina, el gorrión a la semilla, la gallina a las lombrices y el tigre a la gacela. Ni más ni menos.

    4- Acusar a productores y consumidores de destructores del medioambiente. Acá tampoco se salvan los agricultores, que generan erosión y contaminación del suelo y el agua, por sus sistemas de laboreo y el uso de insumos dañinos. Pero vamos al reino animal, donde las vacas son acusadas (y por tanto quienes las reproducen) de ser criminales con el ambiente, por sus emisiones de metano a la atmósfera. Es que las pobres son rumiantes y en el proceso de rumia, además de producir energía y proteína de altísimo valor biológico y vitaminas del complejo B y K, generan metano, que eliminan a través de la eructación. Así son los rumiantes, únicos animales capaces de utilizar la fibra vegetal y el nitrógeno no proteico para transformarlos en alimentos de alto valor. Proponer que con el consumo del 100% de fibra muscular sintética se eliminaría la cría de vacunos y llegaríamos al 2050 con cero emisiones de metano a la atmósfera es poco inteligente. Y cuando vemos que esa propuesta proviene de quienes, justamente, se consideran de las personas más inteligentes de la época, llama la atención. Lo único que podemos concluir es que sea meramente propagandístico, a sabiendas de que no puede ser real.

    ¿Por qué, entonces, estas corrientes extremistas y apocalípticas tienen cada vez más seguidores? Es que se aprovechan de algunas premisas establecidas en la generalidad del pensamiento contemporáneo y que, a nuestro juicio, están viciadas de errores conceptuales profundos.

    Es un error aislar al ser humano, como individuo biológico, del resto de la naturaleza, como si no fuera parte de la evolución de la vida terrestre. Como toda forma de vida, nace, crece, se reproduce y muere, con el mandato atávico de mantenerse como individuo y preservar la especie. Igual que todas.

    Más error todavía es ponerlo como “el malo de la película”. Todo lo que hay en esta pelota inestable llamada Tierra genera cambios, para bien y para mal. Pensar que porque criamos animales para nuestro provecho está mal es conceptualmente equivocado. De otra manera, tampoco deberíamos tener mascotas, ni animales deportivos, ni refugios o reservas, porque también nos estamos aprovechando de ellos. Claro, pero no los sacrificamos para comerlos. Sin embargo, los sometemos a nuestra voluntad para beneficiarnos monetaria o afectivamente. Y no está mal, siempre que se los respete por dar su vida por nosotros. Permítaseme en este punto subrayar la tremenda hipocresía de muchos que defienden el bienestar y la vida de los animales y, sin embargo, toleran y hasta fomentan la violencia y el maltrato entre seres humanos. Menuda sensibilidad la que defienden. ¿No? Como dijo el Nazareno: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

    Otro error es pensar que el cambio climático es una consecuencia actual por acción del hombre. Los cambios de clima han sido permanentes durante los 4.600 millones de años que tiene este globo flotando en la inmensidad del universo. Los cambios son provocados no solo por los seres vivos, sino por la inestabilidad propia del planeta. Obviamente, las actividades humanas han generado efectos que contribuyen a los cambios (antropogénicos), pero no somos el único factor. Quizá la ventaja o desventaja de los humanos sea poderlo racionalizar y tomar acciones para tratar de mantener un equilibrio que permita estirar la existencia del planeta y la preservación de nuestra especie.

    Otro concepto con equivocaciones es el de conservación de la biodiversidad. En realidad, la vida es una sola, con distintas ramificaciones y formas diferentes, que los humanos hemos clasificados desde reinos a especies. Pero la vida es un todo que en la historia de la Tierra ha adquirido diferentes formas (biodiversidad), las cuales aparecen y desparecen o se transforman constantemente. Pensar que sostener la biodiversidad es mantener las formas existentes en la actualidad, como una foto instantánea, es erróneo. ¿Quién decide que especies conservar y cuáles no? ¿Qué hay de las futuras especies que podrían desarrollarse si desaparecieran otras? Indefectiblemente, hay formas que van a extinguirse, así como otras verán la luz. Esa es la historia dinámica de la vida y la biodiversidad.

    Otra premisa equivocada es creer que los vacunos son los únicos que emiten metano a la atmósfera. Incluso hay quienes creen que es a través de las flatulencias intestinales, cuando en realidad es por la eructación. Los carnívoros y omnívoros, incluidos los humanos, también expulsan metano y estos sí por el ano. Amén de ello, también producen este gas combustible los pantanos y ciénagas y los cultivos inundados del arroz, entre otros. En el caso de los rumiantes, la generación de metano se produce en la fermentación ruminal de la fibra vegetal. Esto es la fisiología digestiva natural de todos los rumiantes. Atribuirles la criminalidad de contaminar la atmósfera es desconocer totalmente el papel que ha jugado este tipo de animales en la biósfera terrestre a lo largo de milenios. Sin ellos, únicos capaces de digerir la fibra, el tapiz estaría cubierto en gran parte por plantas de alto porte, arbustivas y fibrosas, no utilizadas por otros animales. En consecuencia, sería tal la sombra sobre la superficie terrestre que mucha de la flora y fauna que hoy vemos, no existiría y el clima, obviamente, sería otro. Además, esa misma vegetación, al morir y fermentarse, generaría tanto metano o más que el producido dentro del rumen.

    Por tanto, reafirmamos que la propuesta de eliminar la producción vacuna para llegar a cero emisiones de metano en el 2050 es irracional. Si fuera realizable, habría que eliminar unos 1.500 millones de vacunos, esto es unos 130.000 por día, obviamente suspendiendo su reproducción desde el día 0. Pero además hay que desecar todas las ciénagas y pantanos y dejar de plantar arroz. Aun así, nos quedan unos 1000 millones de ovejas, 375 millones de cabras, 190 millones de búfalos, varios millones entre ciervos, antílopes, camellos, dromedarios, llamas, guanacos, alpacas, renos, alces, bisontes, mósquidos y tragúlidos. Tampoco se salvarían de la quema los 150.000 antílopes tibetanos ni las escasas 80.000 jirafas. Que, vamos, todos los nombrados son tan rumiantes emisores de metano como la vaca. ¡De locos!

    En fin, ganaderos y granjeros de hoy no os preocupéis demasiado, porque los productos sintéticos irán ganando mercados y consumidores, pero la sustitución mayoritaria no va a ser mañana, ni en 30 años. Llevará décadas o alguna centuria, tiempo suficiente para irse acomodando. Eso sí, vayan avisándole a vuestros hijos que les digan a sus nietos que el negocio ganadero va a quedar en manos de unos pocos que abastecerán un mercado de élite capaz de pagar mucho dinero por degustar productos naturales.

    Es necesario también advertir a los que hoy inician la producción de alimentos sintéticos, sucedáneos de los naturales. La vida de sus productos también es limitada. Cuando la tierra esté repleta de ciudades con decenas de millones de habitantes sobre las costas oceánicas, con un inmenso jardín interior lleno de “biodiversidad”, tipo Arca de Noé, los humanos se alimentarán de polvos y líquidos que contengan todos los nutrientes necesarios según su peso, edad, sexo, actividad física, etc. Ya no será ni carnívoro, ni vegetariano ni omnívoro; será algo así como “sintetívoro”. De tanto en tanto algunos pudientes se darán un festín de productos naturales como extra, siempre que su aparato digestivo no se haya modificado tanto que sea incapaz de digerirlo. Tranquilos, que esto va a ser así, pero todavía falta mucho.

    JLWK