• Cotizaciones
    sábado 14 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Alto, oscuro y con sangre azul

    Christopher Lee, amo y señor de las películas Clase B

    Era hijo de una condesa italiana y de un oficial de la Armada Británica. Cuando sus padres se divorciaron, siendo él un niño, vivió un tiempo en Suiza y a su regreso a Inglaterra su madre se volvió a casar con un banquero, que era tío de Ian Fleming, el creador de James Bond.

    De joven fue parte de la Royal Air Force (RAF) durante la II Guerra Mundial, en el norte de África y en Sicilia, aunque también dicen que no participó en combates aéreos debido a su miopía. También trabajó para la inteligencia británica en la Central Registry of War Criminal and Security Suspects, donde la caza de criminales nazis era prioridad. Una vez, durante el rodaje de una película, el director le indicó que hiciera tal o cual gesto como el que haría alguien si es apuñalado por la espalda. “Sé exactamente de qué va ese asunto”, dijo Christopher Lee, y todos en el plató se quedaron en silencio.

    Hablaba inglés, francés, italiano, alemán, español e incluso mandarín. Era ducho en el golf, deporte de suma precisión, desde el fierrazo hasta el soplido; en el arte de la esgrima y en el menos sutil arte de pelear con las espadas en las películas de clase B. Se llevó varias cicatrices y casi no necesitaba dobles de riesgo para las escenas de acción.

    Otro dato: presenció con 17 años la última ejecución pública realizada en Francia en 1939. Esto no hace a un buen actor, pero el menos ayuda a conocer los demonios que están rondando por ahí, a veces contenidos y otras veces en plan de vuelo rasante, a punto de caer sobre personas, ciudades, territorios.

    Entonces, ¿cómo no le iban a quedar bien la capa y los colmillos de Drácula a un señor de casi dos metros de altura, con familia de semejante abolengo y educado en las mejores escuelas? ¿Cómo no iba a saber de qué hablaba Scaramanga, el malo en 007 y el hombre del revólver de oro, cuando dice: “Come, come, Mr. Bond, you get just as much pleasure from killing as I do” (“Vamos, vamos, señor Bond, usted disfruta de asesinar tanto como yo”)? ¿Hay alguien que pueda dar un mejor Saruman para El Señor de los Anillos que él? No, imposible. Y además, en ese rodaje comandado por Peter Jackson y donde había cantidad de fanáticos y enfermitos de Tolkien, Christopher Lee era el único que había conocido personalmente al escritor. Otra vez silencio respetuoso.

    Observo la foto que ilustra esta nota y todavía me inquieta, a más de 45 años de aquellas matinés, cuando el terror en el cine lo daban la actuación, la puerta chirriante de un castillo de cartón y un poco de maquillaje, nada más.

    Christopher Lee murió en un hospital de Londres el 7 de junio. Nada de estacas, nada de traiciones ni maldiciones: a los 93 años te morís de viejo, sencillamente. Y dejó una filmografía inmensa: más de 250 películas, muchas de terror, berretas, berretísimas, pero iluminadas por su figura y su voz profunda, una presencia capaz de cambiar el curso de las cosas. Al parecer hizo tantas películas como Rod Steiger, que figura en el Libro Guiness de los Récords como uno de los intérpretes más prolíficos de todos los tiempos.

    Se ganó una fama bien ganada gracias a las realizaciones de bajo presupuesto de la Hammer, una productora británica cuyo lema estaba bien claro: películas de suspenso, ciencia ficción y terror rentables y con la menor inversión posible, casi todas filmadas en el mismo lugar (una mansión en Berkshire) y prácticamente con los mismos decorados, ecuación similar a la que practicaba Roger Corman en Estados Unidos.

    Luego de pequeñas apariciones en Hamlet (1948), de Laurence Olivier y La batalla del Río de la Plata (1956), Lee estaba preparado para ser un actor profesional, contra viento y marea. Una de sus máximas: “He trabajado con centenares de directores, buenos, malos y muy malos, y nunca abandoné un set”.

    La maldición de Frankenstein (1957), Drácula (1958), El sabueso de los Baskerville (1959) y La momia (1959) marcan un equipo: todas son dirigidas por Terence Fisher y con Christopher Lee y su amigo Peter Cushing en los roles principales. Por lo general, Lee era la figura diabólica y Cushing el profesor ensimismado en sus tubos de ensayo en el laboratorio, pero la cosa podía variar, como en El castillo de la Gorgona (1964), donde Lee hacía de profesor bueno y Cushing de científico malo. Los tipos se lo deberían pasar en grande.

    Alguna vez hizo de Sherlock Holmes, pero se cansó de morder cuellos y de enchastrarse con sangre de utilería en otras presentaciones del conde de Transilvania: Drácula, príncipe de las tinieblas, Drácula vuelve de la tumba, Prueba la sangre de Drácula y Los ritos satánicos de Drácula. Como para no quedar identificado con los glóbulos rojos.

    Y lo llevaba con buen humor. En un alto del rodaje en The Blood of Fu Man-chú (1968), de Jesús Franco (centenares de películas, todas malísimas), precisamente en un club de golf, se dejó caer con las ropas ensangrentadas por la cantina y se puso a hablar del hoyo 18 como si nada con los atildados parroquianos.

    Es cierto: la mayoría de sus películas fueron de clase B o C. Pero hay excepciones. Una de ellas es El hombre de mimbre (The Wicker Man, 1973), de Robin Hardy, pieza de culto sobre un policía que llega para investigar la desaparición de una niña en una isla donde domina el paganismo y la presencia de un carismático líder, interpretado por Lee, con los pelos alborotados, un clásico saco de tweed y una polera amarilla. En cierto momento el horrorizado policía, gran cristiano y conservador, le dice a Lee que todos en la isla se dedican al hedonismo y a los cultos extraños. Y Lee le responde que no son tan extraños si consideramos que la virgen María fue preñada por un fantasma.

    A Christopher Lee le faltaba darse un gusto: grabar un disco de heavy metal. Y lo hizo con más de 90 años. Y la voz de ultratumba intacta.

    // Leer el objeto desde localStorage