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    América Latina debe adaptar su gestión del agua para enfrentar la escasez y contaminación; tiene “un problema institucional”

    ¿Cuál era el problema del siglo pasado? La falta de infraestructura para contar con agua. La solución era simple: “hacías una represa, tenías energía; hacías un sistema de captación y tenías agua”, resumió la abogada brasileña Pilar Carolina Villar, profesora de la Universidad Federal de San Pablo y coordinadora del curso “Gobernanza del agua”, en el que participaron integrantes de la Conferencia de Directores Iberoamericanos del Agua y que se realizó en julio en el Centro de Formación de la Cooperación Española en Montevideo.

    Recién a partir de 1970 se comienza de a poco a ver la incidencia de la contaminación. No basta ya solo con tener agua, sino que esté apta para ser usada. En este siglo la contaminación pasó a ser un problema por el uso de agroquímicos, antibióticos y hormonas para el ganado y la población humana que terminan en las aguas, la falta de saneamiento y químicos de la actividad industrial. Por eso, la legislación del siglo pasado ya no sirve. El desafío está planteado.

    A continuación, un resumen de la entrevista que Villar mantuvo con Búsqueda.

    —¿Cuáles son los principales problemas que afectan a la gestión eficiente del agua en América Latina?

    —Los países latinoamericanos están empezando a preocuparse mucho por la cuestión hídrica y creando marcos regulatorios para eso. Hay niveles diferentes. México y Brasil están mucho más avanzados y tienen ya un marco regulatorio bien institucionalizado. Otros países como Ecuador y Perú han acabado de aprobar sus leyes, que tienen menos de 10 años y se están estructurando. Países como Bolivia o Uruguay tienen legislaciones más antiguas, ya se veía un esfuerzo y una conciencia por crear un marco regulatorio más adecuado para los nuevos tiempos. La gestión de aguas de la década de 1940 o de principios del siglo pasado ya no nos sirve para los problemas ambientales que tenemos hoy. El primer problema es institucional. Para los que todavía no han tenido una legislación más reciente, tenerla, y para los que ya tienen una legislación, pues aplicar las estructuras de esa legislación de una forma coordinada.

    Hablamos de políticas de agua, no se trata de una sola. Esa política de agua tiene que dialogar con otros sectores, con saneamiento por ejemplo. Tradicionalmente se separa la política de agua que trata la idea de ambiente o de agricultura y la de saneamiento, que entra en el ordenamiento territorial y la vivienda. Se tiene que atar con el sector industrial y de desarrollo. El agua es un insumo, tiene varias perspectivas y esa es la dificultad de la gestión.

    —¿Por eso ahora se habla de la necesidad de una gestión integrada del agua?

    —Sí. Cuando se habla de gestión integrada del agua, son muchas cosas para integrar… Hay que integrar el agua y suelo, el agua y la gestión costera, el agua y la biodiversidad, el agua y el planeamiento urbano o planeamiento territorial, el agua y la agricultura. Entonces, ¿cómo hacer eso? Ese es el gran reto. ¿Cómo coordinar tantos actores? Tenemos que incluir espacios para promover esa coordinación con los usuarios y con movimientos sociales. En América Latina los movimientos sociales juegan un papel muy fuerte, tanto que los uruguayos son ejemplo de la inclusión del derecho humano al agua en la legislación. Es una conquista de movimientos sociales contra la idea de la privatización de los servicios ambientales. La gestión integrada no es un paquete que viene hecho por una institución internacional. Es algo que cada Estado tiene que pensar, qué va a integrar y cómo va a hacer según sus particularidades.

    —En la estructura de gobernanza de América Latina se está dando un cambio, pero ¿en qué difiere lo que ocurre en otras regiones desarrolladas?

    —América Latina está siguiendo mucho al modelo europeo. Cuando hablamos de la idea de comités de cuenca, de coordinar entre instituciones, estamos inspirados en el modelo francés. Estamos caminando un grado más atrasados que los europeos. Tomamos mucho del modelo europeo pero también le estamos dando nuestra característica, gestionamos el derecho humano al agua, que no es un mero insumo.

    —¿Hay una crisis hídrica en al región?

    —La crisis hídrica se define por tres dimensiones. La crisis de escasez: yo no tengo agua suficiente porque estoy en una región que es árida o semiárida y no llueve lo necesario. La segunda, la crisis de contaminación: tenía agua pero la contaminé. La tercera, la crisis de acceso: tengo agua pero no la estructura hidráulica para llevarles agua a las personas.

    Algunas regiones de Latinoamérica enfrentan algunos problemas. En Brasil hay un problema de escasez serísimo en la región del semiárido nordestino, una crisis de contaminación en San Pablo porque tiene mucha gente y no ha cuidado sus reservas hídricas y problemas de acceso en regiones como la Amazonia, con mucha agua pero no tratada, sin infraestructuras para llevar el agua potable. Sí, se puede hablar ya de una crisis hídrica y esa crisis en la mayor parte de los casos es causada por un problema de una falta de gestión. En Uruguay a lo mejor están “caminando para” una eventual crisis, si no se tomaran medidas de gestión.

    —Usted es docente universitaria y realiza investigación. ¿Cuáles son los temas que trabaja actualmente?

    —Estoy trabajando con las instituciones que existen en la Cuenca del Plata (integrada por ríos de Brasil, Bolivia, Argentina, Paraguay y Uruguay, que vierten sus aguas a los ríos Paraná y Uruguay y desembocan en el Río de la Plata). ¿Cómo interactúan las instancias supranacionales para promover la gobernanza de la Cuenca del Plata? Aunque tengamos desarrollado un aparato de cooperación internacional, es triste notar que los órganos no están actuando de forma coordinada y que su papel, su rol en el desarrollo de la Cuenca del Plata es meramente hacer estudios técnicos que muchas veces acaban no sirviendo.

    Además estoy trabajando en la interacción entre gestión de aguas dulces y gestión de aguas costeras. Esas son mis dos líneas de actuación. Estoy estudiando todavía solo el caso de Brasil. Causan cosas chistosas. Vas a un órgano responsable de aguas costeras y te dicen que el río es un tema del Comité de Cuenca y el Comité dice “el mar es de otro”, pero el río contaminado desemboca en el mar.