N° 2021 - 23 al 29 de Mayo de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuentan que Teresita Asprella, niña aún, vio una foto panorámica de París y quedó fascinada. Y dicen que esa emoción, junto con el apoyo de su familia, fue el impulso que necesitó para, tempranamente, estudiar guitarra, violín y canto.
Todos quienes la rodeaban alimentaron su sueño: creían que podría llegar a Europa a través del arte popular.
Teresita nació en el barrio porteño de Montserrat el 17 de octubre de 1904, y con apenas diez años de edad inició presentaciones públicas, cantando y acompañándose con la guitarra, con el seudónimo de la Goyita. Si bien incluyó temas originarios del campo, milongas, estilos y vidalitas, su repertorio básico fue el tango todavía picaresco y de ritmo rápido. Ya adolescente, su éxito en escenarios menores le permitió actuar con Eduardo Bianco y Horacio Pettorossi.
El año clave para ella fue 1921: la contrató el Quinteto de Maestros del Palais de Glace, donde, a sus 16 años, comenzó una relación sentimental con el violinista Agesilao Ferrazzano, mayor que ella, y quien poco después le daría el empujón que necesitaba para llegar a su añorado París.
Eran tiempos de la conquista de Europa por el tango. Ya habían viajado y triunfado el sanducero Eusebio Gobbi y su mujer, la cantante chilena Flora Rodríguez, los hermanos Pizarro, Pecci y Bachicha Deambroggio, entre otros.
Pero en 1925 llegó a la Ciudad Luz la orquesta de Francisco Canaro, que apenas estuvo un año y medio y debió presentarse con sus integrantes vestidos de “gauchos de la Pampa”, aunque venía precedido de mayor fama que sus antecesores.
Aquí, la historia —más tradición oral que documentos— nos pone delante una cruz de caminos.
La teoría más popular dice que Ferrazzano, segundo violín entonces de la orquesta de Canaro, que viajó sin cantante, pagó el pasaje de Teresita y la ocultó del director; se lo había pedido ella, desesperada por abordar la aventura de cantar en Francia. Canaro lo supo al llegar y a su violinista le costó romper la negativa del maragato, vencida solo cuando oyó los suaves trinos de la joven en un ensayo.
La otra teoría es, de algún modo, menos romántica. Ferrazzano y Teresita habrían ido a París un año antes, integrando la orquesta de Bianco, que tuvo un éxito escaso en la primera etapa. Eso llevó a la pareja a pasar al grupo de Canaro por pedido de este, que ya los conocía.
Como fuere, la Goyita cantó en París.
Aunque, a decir verdad, fue el drama de dos amores frustrados: cuando Pirincho decidió regresar e ir a otros destinos que le redituarían más dinero, Ferrazzano lo siguió, pero Teresita, que caminaba las calles de París como en una ensoñación, se negó a acompañarlo y se deshizo el enamoramiento; luego, contra todas las recomendaciones y augurios, quedó sola y procuró seguir cantando porque había hallado “su lugar en el mundo”.
Teresita Asprella fracasó en tan conmovedor intento, pese a unas aisladas actuaciones acompañándose con la guitarra o el piano y más tarde con Bianco y Deambroggio. Pero la realidad económica a la que debió hacer frente la obligó a un retorno triste, depresivo y final.
En Buenos Aires alcanzó su mayor repercusión con la grabación, para el sello Columbia, del tango ¿Dónde estás, corazón? con la orquesta de su amigo Horacio Pettorossi. Tuvo varias actuaciones radiales, —en las que se destacó con sus versiones de Esclavas blancas y Arrepentida—, se casó con un hombre ajeno al ambiente, Oscar Ghergo, y sus presentaciones fueron declinando al tiempo que crecía en ella una enfermedad incurable, que la obligó a abandonar toda actividad. Murió a los 50 años de edad, el 26 de setiembre de 1954.
Aunque no somos demasiados quienes la recordamos, está en la mejor historia del tango por su voz, belleza y personalidad. Incluso, hay quienes, por supuesto equivocados, han sugerido que fue la primera mujer en grabar tangos en el Río de la Plata. No. Ese sitial se lo disputan Flora Rodríguez, la franco argentina André Vivianne y Linda Thelma, sin duda anteriores a la Goyita.
Pero a esta, tal vez, le haya quedado una referencia inmortal e improbable: el tango Canaro en París, de Scarpino y Caldarella, grabado por primera vez en 1926, suele ejecutarse instrumental; sin embargo, tiene letra del propio Scarpino, la que concluye así:
—Volvé china, a mis pagos, / que cuando el sol asoma / es bella la alborada / cargada de arrebol; / y el campo color de oro / nos muestra, china mía, / esta tierra querida / que es todo mi corazón.