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Las reuniones de mitad de año que organizan algunas consultoras como puesta a punto de la situación económica actual y las perspectivas futuras para Uruguay están teniendo una tónica que contrasta con el optimismo generado por el desempeño de la Celeste en el Mundial de Rusia.
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El segundo semestre que está por empezar traerá coletazos de los desequilibrios que enfrenta Argentina. Y en la economía uruguaya eso se reflejará en un menor crecimiento de la actividad, algo más de inflación, una aceleración de la depreciación de la moneda y un “riesgo sobre la situación fiscal”, según la consultora CPA.
Un análisis de los economistas Gabriel Oddone y Santiago Rego enviado en los últimos días a clientes incluyó algunas de las nuevas proyecciones macroeconómicas elaboradas por CPA que describen un escenario deteriorado.
Primero, Rego se refiere a un contexto de “transición financiera internacional”, que combina un aumento de las tasas de interés —a partir de la reversión de la expansión monetaria en Estados Unidos—, una mayor fortaleza del dólar y capitales que regresan a las economías desarrolladas. Es este un “escenario menos favorable para los países emergentes, en particular los que tienen mayores desequilibrios macroeconómicos”, señala. Y se detiene en la situación de Argentina, que, ante la necesidad de atacar su “elevado déficit fiscal y de cuenta corriente”, viene atravesando “meses bastante volátiles”. Agrega que eso también impacta sobre Brasil, que a su vez enfrenta un alto “grado de incertidumbre política por las elecciones” de octubre próximo.
“No deberíamos esperar buenas noticias” para Uruguay por esos problemas en la región, acota Rego.
A su turno, Oddone augura un “shock externo” y plantea: “El escenario de perspectivas para Uruguay para 2018-2019 se está deteriorando respecto a lo que era nuestra visión hace tan solo dos meses. La economía va a crecer menos, apenas 2,3%” este año, cuando hasta ahora la estimación de CPA era de una expansión del Producto Bruto Interno (PBI) de 3%. “La economía se está desacelerando. Esto tiene evidente punto de contacto con el impacto que está teniendo la devaluación en Argentina” y el efecto sobre la actividad en ese país y en el consumo en Uruguay, “que era el principal motor” de la demanda agregada, comenta en el análisis. La consultora proyecta niveles de desempleo promedio anual de 8,7% en 2018 y de 8,5% en 2019.
Asegura que ello tendrá consecuencias negativas sobre los números fiscales, al afectar la recaudación de impuestos. Algo de eso ya se vio en mayo, cuando la Dirección General Impositiva logró cobrar 1,4% menos que un año atrás —en términos reales— (Búsqueda Nº 1.973). Fue básicamente por la baja en los tributos que gravan el consumo.
Con ese panorama, el desequilibrio en las finanzas públicas se ubicará en el entorno de 3,9% del PBI este año, según CPA. Oddone afirma que ese nivel “se acerca peligrosamente al 4%” anual que se vio a comienzos de 2017; luego el déficit bajó levemente (actualmente está en 3,7% en los 12 meses cerrados en mayo) en parte por un mejor desempeño de las empresas públicas.
Otro canal por el cual los problemas en Argentina se transferirán hacia Uruguay será el de los precios. “Esperamos una depreciación real de la moneda uruguaya, con efectos inmediatos sobre el consumo y moderados sobre la inflación”, sostiene el economista. Según CPA, el Índice de Precios al Consumo cerrará el año en torno a 7,7% en 2018 y se ubicará en 7,5% en 2019.
Como síntesis, dijo que el “shock externo que Uruguay va a recibir a lo largo de este segundo semestre de 2018 va a traducirse en menor crecimiento, un poco más de inflación y más tasa de depreciación. Y, sobre todo, un riesgo sobre la situación fiscal. Esto, sin considerar la discusión que tiene la Rendición de Cuentas” que el Poder Ejecutivo enviará esta semana al Parlamento proponiendo un incremento adicional del gasto para 2019 y 2020.
CPA organizará una reunión con clientes para comentar su análisis y proyecciones en la primera quincena de julio.
Ajuste a la vista.
En análisis publicados el lunes 25 en El País, los economistas Javier de Haedo, Horacio Bafico y Gustavo Michelín plantearon preocupaciones similares. El primero afirma que a Uruguay “llegará el ajuste. (…) No estamos como Argentina, pero Argentina nos puede complicar mucho las cosas. A no subestimar su impacto porque ya no exista posibilidad de contagio financiero”.
Bafico y Michelín ven a Uruguay tendiendo al estancamiento productivo. “Los cambios en los precios relativos en lo regional afectarán sin duda el desempeño económico en los próximos trimestres (…)”, advierten.
Analistas de la consultora Deloitte habían planteado preocupaciones similares cuando el jueves 21 disertaron en una charla para clientes. Sobre la región, señalaron que es un “barrio en crisis” y con un riesgo alto de recesión en Argentina. Esta semana también el banco de inversión estadounidense J.P. Morgan auguró una recesión técnica este año —por la secuencia de un segundo y un tercer trimestres con caída de la producción—, una hipótesis que se fortaleció con un dato oficial divulgado el martes 26: en abril, el índice de actividad económica retrocedió 2,7% respecto a marzo y bajó 0,9% al comparar con un año atrás, en parte por el desplome del agro argentino (–31%) por efecto de la sequía.
Con ese contexto —sumado a un menor dinamismo exportador, la pérdida de atractivo para la captación de inversión extranjera y al “sensible enfriamiento” del consumo privado—, Deloitte proyecta que el PBI de Uruguay crecerá 2,4% este año (1,7% quitando el efecto de la reactivación de la refinería de petróleo) y 2,5% el próximo.
Para esa consultora, el déficit en las cuentas públicas se mantendrá en torno a los niveles actuales en 2018 y 2019, “muy por encima” de los objetivos del gobierno.
La administración que asuma en 2020 “tendrá un fuerte desafío para generar condiciones que permitan recuperar tasas de crecimiento adecuadas de un modo sostenido”, lo que implica entre otras cosas implementar un “ajuste fiscal importante” para “recomponer equilibrios macroeconómicos”.