—El primer desafío es definir un plan estratégico que todavía no hemos podido ni esbozar en el nuevo consejo directivo, pero que tendrá un proceso de consulta interno que capitalice los avances del instituto. Luego, a título personal, me gustaría incorporar el tema de la primera infancia, que es prioritario.
Otro asunto es la evaluación de los centros educativos para revertir una dificultad estructural del sistema. Porque hoy los docentes trabajan de forma muy aislada, especialmente en educación media, que es donde están explotando los problemas del sistema educativo, aunque no es donde se inician.
—¿Por qué es importante evaluar desde inicial, y cómo implementará esa idea?
—Hay que evaluar desde edades tempranas, porque es clave para las trayectorias de mediano y largo plazo en todo lo que hace al bienestar de la persona. Hay que evaluar las necesidades de los niños y lo que se espera de ellos, porque lo que se haga en la primera infancia será decisivo para el resto de su vida. Hay que aprovechar la evaluación que ya se viene haciendo en primera infancia por parte del INAU, a través del Plan CAIF.
La evaluación de primera infancia es distinta de la escolar por el desarrollo de los niños, pero es un capital para la ANEP muy importante para identificar necesidades e intervenir en las etapas sucesivas. Una buena evaluación en esa etapa inicial es clave para cualquier buena política pública. El desafío para el Ineed es meterse en esa conversación y hacerlo viable.
—Usted dijo a la diaria que la brecha educativa más profunda en Uruguay no se da entre el sistema privado y el público, sino entre los sectores de mayores y menores ingresos, independientemente de quién sea el dueño del centro, y que esto conlleva costos muy altos en aprendizajes. ¿Por dónde se ensancha esa brecha y qué hacer para achicarla?
—Se ensancha por la distancia entre los recursos, las capacidades y la información de las familias en un lugar u otro de la sociedad. Es un proceso de fragmentación o segmentación social. Vivimos todos juntos, pero hasta con información, estilos de vida y códigos muy distintos. Y ese factor de ampliación de la brecha, con el Covid, dada la información disponible, todo indica que se amplía.
Uruguay es uno de los países de la región en el que hay mayor distancia entre los que aprenden más, que se ubican en los estratos de mayores ingresos, y los que aprenden menos. El sistema educativo no achica la desigualdad económica, la reproduce, y hasta puede interpretarse que la incrementa. Por eso la evaluación independiente es muy importante, porque es la que ha ayudado a mostrar esa realidad y a romper los relatos o imágenes que tenemos todos, de que el sistema es generador de equidad. ¡No lo es!
—La sociedad uruguaya presume de ser muy equitativa, igualitaria, también educada, aunque...
—Esto no quita que la uruguaya sea una sociedad muy equitativa. Es una contradicción en la que nos va la vida, decisiva para el futuro del país. Porque tenemos una sociedad muy buena en sus estándares de equidad y muy mala en sus estándares de equidad educativa.
Hay centros públicos y privados que generan equidad, pero globalmente el sistema causa y reproduce inequidades. Los que generan más equidad, lamentablemente, son excepcionales, sean públicos o privados.
—¿Por qué es tan difícil reformar y hasta retocar el sistema?
—El sistema educativo uruguayo es víctima de sus viejos éxitos. Eso ocasiona dos problemas: porque hace que sea muy difícil cambiar el sistema, porque antes funcionaba muy bien, y porque hace que sea difícil ver los problemas muy graves que el sistema tiene.
Hay una imagen que tenemos de nosotros, de una escuela generadora de igualdad… Hoy la educación hace que la segmentación, que no es un problema exclusivo de la educación, afecte a los más chicos y reproduzca la fragmentación social. Esa segmentación es como la versión más crítica de la inequidad: cuando no solo hay diferencias muy grandes entre las capas sociales, sino que es muy difícil transitar de un lugar al otro. Hay muy poca movilidad, incluso hay poco contacto. Y hay una distribución regresiva de los recursos. Porque los profesores de mayor grado, que son los que más cobran, dan clase en los centros a los que asisten los alumnos de hogares con mayores ingresos, sean públicos o privados. O sea, se le da más al que más tiene. Esto fue posible constatar gracias a las evaluaciones, también las del Ineed.
—Este año el Ineed estuvo envuelto en polémicas por la discusión sobre la pertinencia de realizar o no el informe Aristas Primaria 2020 —una de sus pruebas principales, que mide los desempeños en lectura y matemática de los alumnos de tercero y sexto de escuela— por los efectos de la pandemia del Covid-19. ¿Cómo y cuándo se hará la prueba escolar y se conocerán sus resultados?
—La prueba está programada para finales de noviembre y los resultados se irán conociendo progresivamente, algunos antes de marzo y otros durante el primer semestre de 2021. También se liberará la base de datos para que otros investigadores la analicen en enero o febrero. Ahora estamos concentrados en el trabajo de campo y luego pensaremos en la comunicación de la información.
—La aprobación de este estudio fue resuelta luego de un cambio de autoridades que, según exconsejeros, torció una decisión previa, precisamente con su llegada y la de Guillermo Fossatti al Ineed. ¿Dónde se dio ese cortocircuito?
—No hubo cortocircuito, sino una diferencia en un momento de enorme incertidumbre en que hubo que repensar todo. El Covid nos descolocó a todos. Como en tantas decisiones complicadas, unos consejeros se jugaron por una alternativa y otros por otra. Para mí, hay razones muy fuertes para aplicar el estudio, porque el sistema educativo necesita información de calidad, más que nunca.
—Pero ¿cómo se hará el estudio al no poder contar con los grupos de alumnos completos, por estar yendo en distintos días y horarios, condicionados por los protocolos sanitarios y también por el presupuesto?
—Ha sido un dolor de cabeza enorme desde el punto de vista operativo. El estudio se hará de forma virtual con los profesionales del instituto. Quizás sea más complejo y caro, pero también más necesario.
—Difícilmente la medición de 2023 dé peores resultados que la de 2020...
—Es cierto que será muy difícil comparar con los resultados anteriores. Pero también será difícil comparar las series estadísticas de toda nuestra vida mundial a partir de marzo de 2020. Y seguimos sin saber hasta cuándo va a seguir esta crisis sanitaria. Habrá que hacer una lectura más sofisticada de los números.
—¿Hay forma de medir a fondo el impacto de la pandemia en todo el sistema educativo en 2020?
—El efecto de la pandemia se estudiará muchísimos años en el futuro. Pero tampoco es nuestra prioridad, que es ayudar a enfrentar sus peores efectos en términos educativos. Vamos a ver cómo están los niños. Será útil para el trabajo del sistema en 2021, cuando muy probablemente siga esta situación de emergencia. Para mover las perillas, como dice el presidente, primero hay que tenerlas. La evaluación es clave para mover la perilla educativa.
—¿El Ineed no pudo aportar información específica para que el sistema pueda atajar los problemas acuciantes de 2021?
—Nos hubiera encantado seguir la evolución estadística lineal. Pero ahora buscamos aportar información independiente para la mejor toma de decisiones del sistema el próximo año. En 2021 habrá un panorama claro de la situación.
—El Senado debate el Presupuesto. ¿Qué proyecta el Ineed para 2021?
—La proyección es austera. El Ineed también ha funcionado con fondos extrapresupuestales. Hay proyecciones de mínima y por encima de la mínima, por ejemplo, para la prioridad de evaluar la educación inicial.
- Recuadro de la entrevista
En la etapa anterior del Ineed “hubo algunas demoras” en las publicaciones de informes que “no fueron claras”
Contratapa
2020-10-28T22:58:00
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