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    Armenios, un crimen continuo

    Sr. Director:

    Desde el advenimiento de los grupos turcomanos al Asia Menor, allá por los años 1000, empujados por los mogoles desde oriente teniendo sus primeros asentamientos en la Transoxiania es cuando comienzan a surguir algunos de los nombres más destacados, entre ellos, Selchuk, cuyos descendientes pasaron a ser conocidos como Selyúcidas para luego entrar en disputa con el Imperio bizantino, que ya había comenzado a anexionarse parte de los territorios de Armenia.

    Así se produce el enfrentamiento entre Lls turcos Selyúcidas y el Imperio bizantino sobre terrirorios del Reino de Armenia. Turgul Bey en el año 1054 arrasó con las zonas circundantes al lago Van y ya para el año 1095 incursonan directamente dentro de lo que era en Imperio bizantino, llegando hasta Sebastea (Sivas ). El sobrino y sucesor de Turgul, Alp Aslan, se propuso la toma de Armenia y emprendió la destrucción de su capital, “la Perla de oriente”, la ciudad de las mil y una iglesias, 100 palacios y 40 puertas, la Gran Aní, la hermana asíatica de Bizancio, lo que ocurrió en el año 1064.

    Según el historiador árabe Sibt Ibn al-Yawzi, el relato de un testigo decía así: el ejército entró en la ciudad, masacró a sus habitantes, saquearon y quemaron, dejando todo en ruinas y tomando prisioneros a todos los que quedaron con vida… Los cadáveres eran tantos que bloquearon las calles; uno no puede ir a ninguna parte sin pasar por encima de ellos. Y el número de prisioneros no era menos de 50.000 almas. Yo estaba decidido a entrar en la ciudad y ver la destrucción con mis propios ojos. He intentado encontrar una calle en la que no tuviera que caminar sobre los cadáveres, pero eso era imposible.

    En la primavera de 1066 los Selyúciadas ingresan en la Capadocia, saquendo su ciudad principal Cesare (Kayseri); para final de ese año los bizantinos fueron derrotados en Malatya y Sebastea tras lo cual toda la Armenia queda bajo dominio de los selyucidas.

    Finalmente, el 26 de agosto de 1071, entran en combate los bizantinos bajo el mando del emperador romano IV Diógenes con los Turcos selyúcidas liderados por el sultán Alp Arslan en la ciudad de Manzikert (Mancicerta) con resultado lamentable para los primeros y seguido por la conquista de los segundos de la mayor parte de Anatolia, lo que marcó el comienzo del fin del Imperio bizantino como un Estado con estructura militarmente viable, tomando así forma el nuevo Sultanado del Rum (sultanato de roma) y dando comienzo a la Primera Cruzada (solicitud hecha por el emperador Alejo Comneno al papa Urbano II en 1095, pidiendo el envío de mercenarios que le permitieran reconquistar el terreno perdido).

    Estas son las primeras incursiónes turcas en territorio armenio con su posterior avance a la Anatolia, para finalmente lograr la toma de Constantinopla en 1543.

    Para el 1250 una nueva ola de terror azotará los territorios armenios, también procedente de oriente, esta vez los mogoles; nuevamente tierra arrasada, masacres, destrucción de cuidades enteras. Aun así los armenios no dejan de reconstruir y fundar universidades. En el año 1281 nace un nuevo imperio fruto de aquellas primeras invaciones turcas, el Imperio otomano. Un imperio que duraría hasta 1922, pleno período del genocidio contra los pueblos armenios, griegos y asirios , entre otros.

    Desde mediados de 1840 los pasises ocidentales intervenían en el Imperio otomano para favorecer sus intereses denunciando el mal trato a que sometía a sus súbditos cristianos. Reino Unido y Francia invocaron el Tratado de París de 1856, afirmando que les daba derecho a intervenir y proteger a las minorías cristianas del Imperio otomano.

    El “hombre enfermo de Europa” estaba en fase crítica viendo cómo sus provincias se iban independizando una a una, Egipto, Rumania, Montenegro y Serbia y Bulgaria semindependiente. Las posesiones en Europa se redujeron drásticamente, mientras por el oeste el Imperio ruso avanzaba sobre las provincias armenias.

    Toda declaración de intervención en defensa de los derecho de las minorías cristianas por parte de las potencias occidentales solo quedaba en meras declaraciones para en poco tiempo disolverse como si hubiesen sido escritas en la arena.

    Los turcos veían cómo ese imperio de más de 600 años se derrumbaba día a día irremediablemente, cómo su presencia por casi 1.000 años en Asia Menor era cuestionada. La posibilidad de la cración de un Estado armenio o un Estado kurdo, en lo que siempre fueros sus tierras ancestrales, generó todo tipo de movimientos como entre otros los Jóvenes Turcos, un movimiento que rápidamente se hace del poder derrocando al viejo sistema. Antes y después del advenimiento de este nuevo movimiento polítco turco se suceden dos grandes matanzas de armenios.

    De 1894 a 1986 el sultán Abdul Hamid II responde a los pedidos de mejores tratos realizados por sus súbditos cristianos secundados por algunos apoyos de las potencias europeas con una serie de matanzas sangrientas e indiscriminadas en Erzurum (1890), Marsovan (1892) y Tokat (1893), la masacre de Sassoon de 1894, las de Estambul de 1895 y 1896 y las de diciembre de 1895 en la catedral de Urfa, la antigua Edesa, donde 3.000 mujeres y niños fueron quemados vivos.

    Según William Langer, historiador de la universidad de Harvard, “era perfectamente obvio que el sultán estaba decidido a terminar con la cuestión armenia exterminando a los armenios”. Las matanzas hamidianas hicieron que este sultán recibiera el apodo de Sultán Rojo.

    A las matanzas de los armenios estimadas en 300.000 personas se suma la matanza de cristianos en Creta en 1897, que hizo que Grecia declarara la guerra a Turquía. El resultado catastrófico de la guerra greco-turca (1897) propició la formación del la organización política denominada Jóvenes Turcos.

    A poco de la toma del poder de los Jóvenes Turcos se sucede una revuelta de los elementos turcos desplazados del poder que se salda con las matanzas de Adana en el año 1909 con un número estimado de 30.000 armenios asesinados.

    En 1914 comienza la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, siendo el Imperio otomano aliado de Alemania y la Triple Alianza desde diciembre de 1914. La mayoría de los mandos militatres fueron copados por integrantes de nuevo movimiento Jóvenes Turcos, con el afán poder y desconfiados de los veteranos del ejército. En enero de 1915 comienza la denominada Campaña del Cáucaso y en la batalla de Sarikamis se produce la gran derrota de los otomanos frente al ejército ruso, donde el chivo expiatorio serían nuevamente los armenios, acusados de traición por un supuesto apoyo al ejército enemigo.

    De todo lo anterior resulta más que evidente que los distintos gobernates turcos desde la segunda mitad del siglo XIX en adelante visualizaron como solución al problema armenio el exterminio parcial en la práctico y quizás total en el imaginario, hasta el comienzo del la Primera Guerra Mundial, donde la posibilidad de ejecutar el plan de exterminio total de los armenios, aquello que se imaginaba, se podría hacer realidad. La Gran Guerra era el esenario ideal para la ejecución de la solución final atribuida a Mehmet Ziya, autodenominado Gokalp (héroe del Cielo), quien en 1911 plantaba abiertamente la necesidad de la “turkificación de Anatolia”, que lisa y llanamente consistía en la eliminación de todo elemento considerado no turco puro, el “panturquismo”, la unión de todos los pueblos túrquicos desde Anatolia, pasando por la región del Shirvan (actual Azerbaiyán), hasta Asia Central, y por si fuera poco aseguraba que el turco era el Übermensch, el superhombre, propuesto por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra.

    El mismo Mustafá, apodado Kemal (brillante) y autodenominado Atataturk (padre de los turcos) decía que sus ideas provenían de Ziya Goklap y, por los paralelismos de las doctrinas, parece ser que también las del mismísimo Alolfo Hitler.

    Como podemos ver, el plan de genocidio de los armenios materializado entre 1915 y 1923 con la eliminación física de los armenios, sustentado en las bases idiológicas mencionadas, negado reiteradamente por su autor material, el Estado turco, vuelve a ser planteado en el inicio del siglo XXI, cuando Azerbaiyán, apoyada por Turquía, atacó a Artsaj (Nagorno Karabag) en setiembre del 2020.

    Daniel Bedouny Mekhjian Keosseian