• Cotizaciones
    lunes 09 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Arrivederci, Alitalia

    Sr. Director:

    El 14 de octubre aterrizaron por última vez los aviones de Alitalia.

    Ya no veremos, por lo cielos del mundo, la orgullosa A verde con el triángulo interior rojo sobre fondo de blanco, en la cola de sus naves.

    Alitalia fue mucho más que una compañía aérea de transporte de pasajeros.

    Fue un trozo de Italia surcando los cielos del mundo.

    Fue una embajadora de su cultura, de su buen gusto, de sus tradiciones y queridas memorias, de su arte culinario, de su refinado diseño, de su temperamento luminoso y meridional.

    Fundada en 1946, apenas terminada la II Guerra, fue la sucesora de Ala Littoria. Su integración accionaria correspondió un 47% al Instituto para la Reconstrucción Industrial, 40% al gobierno británico (que prestó a Italia su indispensable apoyo) y un 13% que se dividió entre empresas y pequeños accionistas italianos.

    Parafraseando su actividad aérea, diríamos que Alitalia “despegó” casi de inmediato. Su ascenso fue vertical en la predilección del turismo tanto receptivo como emisivo de Italia.

    Seguramente fue Alitalia uno de los agentes de mayor relevancia para hacer de Italia uno de los destinos turísticos más importantes del mundo. Y, desde luego, sus alas elevaron a la enésima potencia el turismo emisivo de los italianos, tan deprimido por la guerra, hacia todos los destinos internacionales en la inmediata posguerra.

    En 1960 se celebraron los Juegos Olímpicos en Roma y Alitalia fue el transportista oficial de los mismos, lo que ratificó su consagración definitiva. Tal fue el incremento del tráfico aéreo por aquellos tiempos que Roma debió construir un segundo aeropuerto internacional, Fiumicino, que fue inaugurado en 1961.

    En 1964 el papa Paulo VI inauguró la tradición de los viajes pastorales a comunidades cristianas internacionales, para lo cual, por supuesto, usó los servicios de Alitalia. Fue el primer papa en salir de los límites de Roma desde ciento cincuenta y cinco años atrás. Alitalia se puso a la altura de las circunstancias y preparó un avión de jerarquía pontifical: el Shepherd One, identificado en los códigos aéreos como el AZ 4000, algo parecido al Air Force One, que transporta al presidente de los EE.UU., pero con un sesgo sacramental.

    Cinecitta atravesaba también sus años de mayor apogeo y las superestrellas del cine italiano, que, por cierto, viajaban casi exclusivamente en Alitalia, tenían tanto o más prestigio internacional que sus colegas hollywoodenses, salarios y veleidades similares y bordereaux comparables.

    Transportar pasajeros tan distinguidos era, naturalmente, una memorable y catalizadora publicidad para la compañía que se traducía tanto en facturación como en prestigio institucional.

    Largamente superada la crisis tras la guerra, Italia retomó su desarrollo con entusiasmo y alegría.

    La industria florecía. Sus autos y motocicletas eran requeridos en el mundo entero. Su tecnología marcaba rumbos de excelencia. La calidad de su diseño era internacionalmente reconocida y apreciada. Sus diseños textiles y de indumentaria lideraban la industria de la moda y el buen gusto. Y su comida —como siempre— hacía las delicias de los paladares más exigentes. El deporte tampoco era ajeno a ese apogeo y, en especial el fútbol italiano, tanto en lo referido a selecciones nacionales como a clubes, era y es uno de los grandes animadores de las copas de FIFA y UEFA.

    No obstante, todo ese desarrollo, el antiguo, noble y refinado espíritu italiano —del que Alitalia fue fiel representante— pareció sufrir y no adaptarse a los nuevos tiempos. A partir de los años 80 y 90 del siglo pasado, la globalización, la competencia en todos los frentes con productos y servicios de menor calidad y precio, el aflojamiento de las exigencias de excelencia, el paulatino derrumbe del buen gusto, fueron impactos fuertes por debajo de la línea de flotación de Italia, que empezó a sumergirse en las aguas de la decadencia.

    Alitalia sufrió, en su rubro de actividad, idénticos perjuicios que el país todo.

    Hasta 1990 los precios de los viajes internacionales se fijaban con criterios de “amable” convivencia entre las grandes compañías internacionales. Los vuelos de cabotaje, mientras tanto, los realizaban esas mismas grandes compañías a través de pequeñas empresas subsidiarias.

    La Unión Europea advirtió esa situación en 1990 y dispuso que eso debía cambiar, que la competencia debía ser genuina y plural y que el mercado aéreo también debía ser librado a la competencia. Liberó entonces los cielos de Europa, decisión que marcó el inicio de la larga agonía de Alitalia.

    Ni Italia, crónicamente ineficaz para enfrentar la globalización, ni su prestigiosa compañía aérea, tuvieron la necesaria resiliencia para adaptarse a los nuevos tiempos y las flamantes reglas del juego.

    La frutilla de la torta nefasta que pautó las postrimerías de Alitalia, fue la decisión de la UE, en 2009, de ejercer presión para privatizar a todas las compañías aéreas de la comunidad, incluyendo por supuesto a Alitalia, que seguía siendo estatal.

    Sergio Berlusconi creó entonces la “cordata patriótica”, un acuerdo de “valientes inversores enamorados de Italia” para apoyar a la empresa declinante.

    Pese a su entusiasmo y buenas intenciones, el esfuerzo no dio sus frutos.

    Aparecieron decenas de operadores y compañías low cost invadiendo, por todos lados, las rutas aéreas nacionales e internacionales, abriendo perforaciones múltiples en la ya muy averiada caja de Alitalia.

    La compañía aérea intentó, por todos los medios, dar una respuesta adecuada a la privatización, las nuevas reglas de juego, los cielos abiertos y la competencia múltiple y, en cierta forma, desleal.

    Se asoció con la multibillonaria Etihad, de Abu Dabi, que adquirió el 40% de las acciones en 2015, con el encomiable propósito de sacarla del pozo. Su optimismo pronto se diluyó al descubrir que el “pozo” era mucho más hondo de lo que habían supuesto. Traer nuevamente a flote a la agonizante compañía, que ya no hacía fuerza por sí misma, fue imposible.

    Por entonces, los italianos otrora orgullosos de su compañía aérea empezaban a denostarla. La vieja y querida “frecchia alata” (flecha alada), ejemplo de confiabilidad, puntualidad y buen gusto, que supo darse el lujo de vestir a su personal con diseños exclusivos de Balestra y de Armani, se había vuelto impuntual, las huelgas y presiones de las corporaciones y sindicatos se traducían en retrasos, cancelaciones y reprogramaciones y todo el mundo empezaba a optar por compañías menos linajudas, pero más eficientes y mucho más baratas.

    Al igual que Etihad, Qatar Airways, que siempre anheló poner un pie —o mejor dicho un ala— sobre Europa, intentó el reflote de Alitalia. Pero también Qatar, muy habituada a mercados más ricos y menos exigentes, fracasó en el intento.

    Si la larga agonía que le produjo a Alitalia la globalización y la apertura de los cielos a una competencia impiadosa fue funesta, la pandemia del SARS-CoV-2 fue letal.

    La muerte de Alitalia ya tenía fecha.

    El 15 de octubre de 2021 la compañía feneció.

    Sus setenta y cinco años de alto vuelo, de buen gusto, de cocina caliente y refinada a bordo, de uniformes diseñados por modistos de nota, de traslados de pontífices y estrellas de cine, de servicios aéreos confiables, puntuales y dichosos, tocaron a su fin.

    Es más que una compañía aérea que cae.

    Es un mundo y un estilo que desaparece.

    Arrivederci, Alitalia. Grazie molte.

    Álvaro Secondo Escandell

    CI 1.174.509-9