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    Asesor de Lacalle Pou plantea corregir “desequilibrios” macro pero sin “medidas extremas”

    “No esperen grandes anuncios; aquí lo que se necesita es una sintonía fina entre las políticas macro”, sostiene Ramón Pampín, asesor del precandidato presidencial blanco Luis Lacalle Pou.

    Pampín, votante del Partido Nacional, trabajó en la consultora PwC durante ocho años, y no tenía vínculos con la política hasta que en 2013 golpeó la puerta del diputado y se integró a su equipo de asesores, en el que también participan —entre otros— Fanny Trylesinsky, Juan Dubra, Fernando Blanco y Andrés Pieroni. Según la visión de este economista de 42 años, en Uruguay persisten “ciertos desequilibrios de una gravedad importante en la macroeconomía” que deben corregirse, aunque sin “sobrerreaccionar”.

    Afirmó que si Lacalle Pou es electo mandatario se mantendrá el actual régimen de tipo de cambio flexible y se aplicará una política monetaria con metas de inflación “creíbles”.

    También se apuntará a racionalizar el gasto público. Según el programa de gobierno del precandidato blanco, es posible recortar entre U$S 400 y 500 millones en rubros “superfluos”, lo que junto a medidas de eficiencia en la administración permitiría financiar la eliminación del Impuesto de Asistencia a la Seguridad Social, habilitar —entre otras— las deducciones del Impuesto a las Rentas de las Personas Físicas por gastos en educación y cuidado de los niños, además de reducir algunos tributos que inciden en los costos de energía y transporte de las empersas.

    El asesor opina que Uruguay seguirá siendo un país con base primaria y que a partir de esos sectores debe diversificarse la producción.

    Consultado por Búsqueda, Lacalle Pou sugirió a Pampín para que explique los aspectos económicos de su plan de gobierno. A continuación una síntesis de la entrevista.

    —¿Cómo define la política económica que postula Lacalle Pou?

    —Primero, tenemos que saber dónde estamos parados: se ha dejado que persistan ciertos desequilibrios de una gravedad importante en la macroeconomía y para algunos sectores, como la industria y el turismo. No hay inflación descontrolada ni un gasto público exacerbado; no son necesarias medidas extremas ni hace falta sobrerreaccionar, pero sí se deben tomar las decisiones que en los últimos años se han postergado porque era cómodo convivir con determinados desequilibrios que se iban a pagar mañana. Y el mañana está más cerca.

    —¿Qué plantea respecto a la política monetaria y cambiaria?

    —Hoy hay un régimen de tipo de cambio flexible con intervenciones públicas en el mercado que nos parece bien. Pero debe haber un sinceramiento de modo que las acciones de política monetaria no lo alejen del nivel en que debe estar; hoy estamos de vuelta haciendo que el Banco Central esté cargando con una mochila muy pesada.

    También compartimos el esquema de metas de inflación. Pero las metas hay que cumplirlas y deben ser creíbles, porque son la principal ancla para la fijación de precios en la economía.

    Hay que priorizar el combate a la inflación resolviendo los desequilibrios que son la causa del fenómeno del aumento de precios, que están por el lado el gasto público y la indexación de los ajustes salariales a la inflación pasada. No esperen grandes anuncios; aquí lo que se necesita es una sintonía fina entre las políticas macro.

    —¿Lo que dice implica recortar el gasto público?

    —Estamos absolutamente alejados de pensar en un ajuste fiscal y lo que hay es un pequeño desequilibrio que debe corregirse. El gasto se ha inflado tanto que es posible tocar algunas partidas para racionalizarlo. Ni siquiera es recortar el gasto; es trasladarlo quizás a otras áreas que lo están precisando. También es imprescindible elevar la eficiencia del gasto, que hoy es muy baja.

    Todo esto permite financiar un paquete de medidas que básicamente consiste en un mix de renuncias fiscales para, por un lado, atender nuestra obsesión por la gente que está por encima de la línea de pobreza pero en situaciones muy vulnerables. Por otro, contemplando medidas de estímulo al sector productivo.

    Al mismo tiempo, es importante tener una vocación anticíclica, lo que supone mirar cómo anclar el crecimiento del gasto con el de la economía y que ello permita ahorrar algo. Las reglas fiscales hay que adoptarlas cuando la situación es muy buena.

    —Se refirió a los ajustes salariales atados al IPC como una de las causas de la inflación ¿Cuáles serían los lineamientos básicos para la negociación colectiva bajo un eventual gobierno de Lacalle Pou?

    —En los últimos años los Consejos de Salarios permitieron que el crecimiento salarial fuera mayor en aquellos sectores que estaban más relegados. También son un instrumento interesante para incluir aspectos como la capacitación, cláusulas de paz sindical y productividad. Una reforma 2.0 de la negociación debería apuntar a acuerdos por rama que determinen los salarios que puedan tolerar todas las empresas y luego una negociación individual que tenga en cuenta las particularidades de cada una.

    —El programa dice que el “Uruguay productivo sigue siendo un proyecto más que una realidad” y pone énfasis en la necesidad de lograr una “diversificación productiva” ¿Cuál es la propuesta en esta área? 

    —Hay que entender que no podemos dejar de ser lo que somos: un país con una base agroindustrial y primaria muy fuerte. Pero no por eso no debemos dejar de explorar otras actividades. Más que buscar una especialización, es necesario apuntar a una diversificación desde sectores conexos a aquellos en los que las cosas funcionan bien. Uruguay es hoy —y va a seguir siéndolo— uno de los países más eficientes en producir proteína animal, algo que el mundo continuará demandando.

    —Desde “Todos hacia adelante” se tiene la visión de que Uruguay se ha aislado del mundo en los últimos años y que el Mercosur priorizó cuestiones político-ideológicas ¿Qué acciones en concreto se plantea respecto a la inserción comercial del país?

    —Debemos intentar llegar a la mayor cantidad de mercados posibles, asumiendo que estamos insertos en una región. Se debe tratar de sacar el mayor provecho posible de ser una cuña entre Argentina y Brasil.

    Entiendo que hay instrumentos para negociar acuerdos por fuera del Mercosur.

    Tenemos una pequeña desventaja geográfica que es que están pasando cosas en el Pacífico y Uruguay se encuentra sobre el Atlántico. Pero no hay que darle espacio a una sobreexpectativa y pensar que podamos inundar China con productos; hay que apuntar a una estrategia de bolsillo en ciudades o regiones que tienen millones de habitantes con determinado nivel de ingresos per capita.

    —Si Lacalle Pou es presidente, ¿habrá cambios en el sistema previsional?

    —Por suerte el sistema de AFAP ha permitido administrar de mejor forma el ahorro de las personas.

    En general, la seguridad social implica problemas fiscales de largo plazo; no es urgente, pero en estos temas las soluciones no son de un día para el otro. Cualquiera sea el ordenamiento del sistema que se plantee, habrá que considerar la situación demográfica y que en 20 años tendremos más gente mayor de 64 años que jóvenes, según el censo.