Al gobierno le ha resultado esquivo el objetivo de controlar la inflación, que en octubre fue de 0,82%, según el índice difundido el lunes 4 por el Instituto Nacional de Estadística. La tasa de 12 meses bajó por primera vez desde mayo (a 8,67%).
Al gobierno le ha resultado esquivo el objetivo de controlar la inflación, que en octubre fue de 0,82%, según el índice difundido el lunes 4 por el Instituto Nacional de Estadística. La tasa de 12 meses bajó por primera vez desde mayo (a 8,67%).
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Habrá que esperar a ver si se confirma en noviembre la moderación”, dijo a Búsqueda un jerarca del Ministerio de Economía. Contó que habitualmente hace compras para su hogar y que en las últimas semanas vió algunas bajas de precios: “Estoy más tranquilo”.
El equipo económico desearía que cuando termine 2013 la inflación anual esté entre 4% y 6%. Pero asume que eso no se cumplirá.
En la lucha contra el alza de precios minoristas, una de las armas a las que apela el gobierno es la política monetaria y el que la ejecuta es el Banco Central (BCU). Desde mediados de año lo hace intentando controlar la cantidad de medios de pago (agregados monetarios) disponibles en la economía.
En su Informe de Política Monetaria publicado el 31 de octubre, el BCU hizo una evaluación positiva del funcionamiento de ese nuevo régimen en julio-setiembre —su primer trimestre de vigencia— y dio a entender que espera resultados más notorios a futuro.
Un pasaje del documento tiene un tono didáctico y al mismo tiempo aclarativo: el agregado monetario M1’ (dinero en circulación en poder del público, los depósitos a la vista y las cajas de ahorro en moneda nacional) constituye una “referencia indicativa” y no una “meta. Esto es, no existe un compromiso por parte del Banco Central de alcanzar tal o cual valor” porque si bien dicho agregado guarda una relación de causalidad con la inflación, la misma “puede ser variable en función de volatilidades en la demanda de dinero o las expectativas de inflación”, por ejemplo.
Para julio-setiembre el crecimiento interanual del M1’ esperado por el BCU era en torno a 12,5% y 13%, pero el aumento resultó mayor (14,8%). En su informe atribuyó ese desvío a una mayor oferta primaria de dinero asociada con la puesta en marcha del nuevo régimen, en un contexto de actividad económica mayor al esperado. Ello se reflejó en una demanda de dinero superior a la estimada.
Para reforzar la idea de que la política está dando resultados, luego analizó el crecimiento de los agregados en términos de su tendencia-ciclo, es decir depurando los componentes irregulares y estacionales. Con esa medida, la tasa anualizada de aumento pasó de 20% en el segundo trimestre a 17% en el tercero.
“Debe notarse que existen rezagos en la transmisión de la política monetaria, que deben ser especialmente valorados en un esquema de política en que se utiliza la cantidad de dinero como instrumento. (...) Ahora bien, en la medida en que esta contracción monetaria se consolide como permanente es de esperar que la misma tenga efectos en la trayectoria inflacionaria de largo plazo, a través de reacciones en el corto plazo de las expectativas de inflación y de las tasas de interés”, explicó.