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    Baja en el turismo y la construcción produce una “larga agonía”

    Las economías departamentales: Maldonado

    Algunos fernandinos aseguran que Maldonado es el termómetro del país, y cuando a ellos les va bien, al resto también. Siguiendo esa regla, hoy advierten sobre la “pseudotormenta” que pasa el turismo, la producción rural y, sobre todo, la construcción, el motor de la economía departamental. Viven una “larga agonía” de turistas que gastan menos, sequía en los campos y edificios cuyos esqueletos toman cuerpo a paso lento.

    “Maldonado es el primer departamento en levantar, y también el primero en caer”, dijo José Pereyra, de la Cámara Empresarial local.

    El Producto Bruto Interno del departamento rondaría hoy los U$S 3.600 millones, calculó Búsqueda tomando la última estimación oficial (de 2008) y asumiendo que desde entonces creció al mismo ritmo que el conjunto del país.

    Solo Punta del Este concentra 41% de los ingresos por turismo en lo nacional y 20% de los visitantes.

    Tras un verano flojo “como hacía años que no se veía”, los hoteleros enfrentan un “invierno muy duro”. En temporada alta las camas las llenaron bajando sus tarifas, y la rentabilidad comienza a apretarse. Los inmobiliarios dicen tener 4.000 apartamentos “0 kilómetro” que no consiguen vender.

    En Piriápolis hay que estar “con el lápiz muy fino” para no trabajar a pérdida. Las ventas en los comercios de la capital bajaron entre 15% y 20%.

    Y después está el otro Maldonado, el rural, a la izquierda de la Ruta 9. Donde hace cuatro meses se vendía un ternero a U$S 400 y hoy se coloca a U$S 100. Donde esperan las raciones del Ministerio de Ganadería para salvar la seca, aunque los productores dicen que casi no entran en ese plan. “Se cree que Maldonado es Punta del Este. Pero yo voy una vez por año nomás. Pago el seguro de la camioneta y ya está”, comentó Leandro Machado, de la Asociación de Fomento Rural Las Cañas.

    En una recorrida efectuada el jueves 11 y viernes 12 para relevar la situación económica del departamento, productores y empresarios comentaron a Búsqueda cuáles podrían ser las soluciones. Para el turismo todo se juega en octubre, cuando un posible “cambio de ánimo” en los argentinos de clase media —la que más sufrió el cepo cambiario— vuelva a Punta. Y confían en que el centro de convenciones quitará la dependencia del sol y la playa. Los comerciantes esperan que la construcción retome su velocidad, aunque los empresarios de ese rubro dicen que eso dependerá de los precios en Miami. Para los productores rurales está todo jugado hasta el año que viene, cuando quizás llueva más y el pasto sea mejor.

    La rentabilidad y el frío.

    Los primeros fríos del invierno dejaban vacía la nueva rambla de Piriápolis, y a la noche la alumbraban solo un par de restaurantes que se mantenían abiertos. Adentro apenas había clientes; a las 20.30 se entraron las mesas y a la media hora se cerró el local. Quedó la oscuridad y el ruido furioso de las olas.

    “La diferencia se hace en el verano. La temporada baja es un desafío. Venís un día lindo y hay mucha gente de Minas, Pan de Azúcar, Montevideo. Algo se derrama en la ciudad. Pero venís un fin de semana feo y asusta. Un extranjero podría pensar que es un pueblo fantasma”, dijo Pablo Gasalla, de la Asociación de Promoción Turística de Piriápolis.

    Según esa gremial, en los fines de semana de sol la ocupación hotelera es de 60%. Intentan explotar “nichos de inversión” en la zona rural, donde la hectárea pasó de U$S 20.000 a U$S 40.000 en cinco años. A falta de un cronograma de eventos para la temporada baja, los empresarios explotan la publicidad en medios digitales y trabajan en el proyecto “costa serrana” con Minas.

    “El veranillo que tuvimos fue excelente. Pero se trabaja al costo. El fin de semana pasado había muchos brasileños. Hizo calor. Pero volvemos siempre al tema del tiempo. Y bueno… somos un balneario”, añadió Gasalla.

    Media hora adelante, Punta del Este vive un “invierno muy duro”. Según el Centro de Hoteles, los establecimientos dos estrellas están cerrados, al igual que la mayoría de los de tres. Se venden entre 76 y 100 noches al mes, pero con 30 habitaciones tener el negocio lleno es ocupar 900. El promedio de tarifa está entre U$S 55 y U$S 60. Un tres estrellas en temporada baja pierde por lo menos U$S 6.000 al mes. Si tiene piscina, el número rojo se agranda, aseguraron empresarios del rubro.

    “Venimos de un febrero como hacía años que no teníamos, pero con rentabilidad muy baja porque trabajamos con tarifas muy bajas. No alcanza para el invierno. Seguramente, el próximo haya más hoteles cerrados”, dijo Héctor Araújo, vocero del centro.

    Al Ministerio de Turismo le piden extender el beneficio de diferir el pago de la electricidad y el agua para la temporada alta. Y estudian “bancar” entre los socios los costos de los restaurantes para tener opciones que ofrecer al turista que llega en invierno.

    “Se nos está complicando. Y no depende del clima. Hoy es viernes y el día está espectacular, ¿qué turista ves? Seguimos siendo un balneario. Hasta que venga el centro de convenciones”, dijo Araújo.

    En esa lucha por la rentabilidad, los que sobreviven mejor son los hoteles de más categoría. Adquirido por capitales argentinos en noviembre, La Capilla comenzará obras de remodelación en abril para incorporar servicios y subir a cuatro estrellas. El Conrad, de cinco, tiene por estos días una ocupación cercana a 75%, que sube a 80% los fines de semana.

    “Punta del Este es cíclico. Ante un momento de crisis, el hotel cinco estrellas baja sus precios y el cuatro también, y el tres. La hotelería de menos categoría empieza a encontrarse muy apretada”, dijo Pedro Scandroglio, gerente de La Capilla.

    En la recepción del hotel hay fotos de una época dorada, cuando los visitantes se nombraban entre la farándula argentina y prominentes figuras políticas. Hoy, Scandroglio afirma que las tarifas “son negociables”, y la “larga agonía” podría terminar si hay un “cambio de ánimo” de los argentinos en octubre.

    “No entramos en la mejor época, eso está claro”, admitió el gerente del Conrad, Juan Eduardo García Newcomb, quien también espera que Argentina “se vaya recuperando” y Brasil “se estabilice”. Mientras, el hotel (del grupo chileno Enjoy) mantiene convenios con la aerolínea Lan, charters desde Argentina y prepara acuerdos con un grupo colombiano.

    Andrés Jaffif, vicepresidente del gremio de inmobiliarias puntaesteño y futuro alcalde, espera potenciar el turismo de bodas y organizar uno o dos eventos mensuales en el invierno. Asegura que el año pasado cerraron unas 55 inmobiliarias, y desde marzo otras 12. Todos empresarios que siguen operando informales. Hoy lo que se vende es porque bajó 30% del valor real, aseguró.

    Fuentes consultadas aspiran a que el futuro gobierno departamental blanco, con Luis Borsari (ex presidente de la Cámara Uruguaya de Turismo) como director del área, deje Punta del Este “más limpia” y también incentive la construcción.

    El otro Maldonado.

    “Desde Montevideo piensan que acá la plata sobra y nunca miran esta zona para subvencionarla. Siempre somos castigados”, se quejó César Presa, presidente de la Unión de Comerciantes de Maldonado. Si bien los números “todavía no están dando en rojo”, es incierta la situación a partir del segundo semestre, cuando se terminen los seguros de paro de los obreros de un sector de la construcción que viene en retracción.

    Presa sostuvo que el centro de convenciones, con capacidad para 2.600 personas y que se prevé inaugurar en 2016, “va a alargar un poquito la temporada”. Pero con ventas que cayeron entre 15% y 20%, se necesita algo más “para que no haya un golpe tan grande con el invierno”, señaló. “Punta del Este va cambiando en sintonía con la construcción”, auguró.

    La idea de dos realidades divididas por la Ruta 9 se repitió en las palabras de los productores de la Asociación de Fomento de Las Cañas como de la Sociedad de Fomento Rural e Industrial de Maldonado, afincada en las afueras de San Carlos. Según el censo agropecuario de 2011, 90% de los establecimientos pertenecen a productores familiares, que se sienten relegados en esa imagen de departamento turístico.

    Aunque la sequía pega fuerte, conseguir entrar en el plan de asistencia del gobierno no fue fácil. “Nos enteramos que Maldonado no entraba como departamento en emergencia. Parece que llegaron a Lavalleja pasaron por arriba del alambre y saltaron a Rocha”, comentó Santiago Medina, presidente de la Sociedad de Fomento Rural de Maldonado. Él tuvo que reclamar en radios locales para que la ayuda llegara también al departamento.

    Haciéndole frente al frío de la noche de campaña, al norte de la Ruta 9 y acompañado de toda la directiva de la Asociación de Las Cañas, Machado dijo a Búsqueda que la ración de asistencia ayudará a “no salir a vender animales”. Para ellos, la sequía se suma al problema de los precios, ya que hay productores que tuvieron que vender terneros a U$S 100, cuando hace cuatro meses valían U$S 400. La “crisis” comienza a cambiar una cultura “de la potrera para adentro” y hace que los ganaderos asistan más a charlas orientadas a profesionalizar su producción, añadió.

    “El desempleo debe estar superando los dos dígitos”, estimó Pereyra, de la Cámara Empresarial. El gremio mantiene contactos con el Ministerio de Trabajo para paliar la situación bajo la convicción de que el Ejecutivo “tiene herramientas para financiar proyectos”. El ministro Ernesto Murro “planteó de entrada una escuela de trabajo y puede ser la forma de convencer al empresario que se queda quieto de que contrate más trabajadores”, opinó.

    Distinto es el ambiente en el establecimiento “O33” (Finca José Ignacio), ubicado en el kilómetro 156,5 de la Ruta 9 y que se dedica a producir aceite de oliva.

    Mientras la maquinaria de última tecnología procesaba la cosecha junto con la que llegaba desde Treinta y Tres, su gerente general, Juan Borga, recorría el establecimiento en su auto deportivo buscando dónde instalar la nueva veta del negocio: una futura bodega. Para él, que vende todo lo que produce a los restaurantes de José Ignacio y los más caros de Montevideo, el Este sigue siendo el sitio donde hay que estar.

    “Apuntamos a este lugar porque es una vidriera. En Treinta y Tres no teníamos la exposición que tenemos acá. Sabemos que todo el mundo mira hacia el Este”, explicó.