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    Barcos pesqueros piratas

    Sr. Director:

    Hoy, 2 de marzo de 2019, a las 8:00 h y pocos minutos, este servidor de ustedes y columnista de Semanario Aiguá se tomó un —creo— merecido descanso de un par de días y salió a caminar por las, ahora, casi desiertas arenas de Barra del Chuy.

    Apacible el día, con poquísimas personas sobre la extensa playa de este lindo balneario; con un Sol pálido por la sombra de algunas nubes y sin viento casi, la planicie era base firme para el saludable hábito de mover las piernas.

    En eso andaba, observando algo curioso, la enorme retirada del océano que, desde los médanos, se había alejado a considerable y pocas veces vista distancia de ellos.

    Algunos dicen que es augurio de lluvias, tormentas y temporales. Veremos.

    Lo que sí me volvió a llamar la atención fue la entrada de tres barcos brasileños o venidos desde Brasil —yo los vi a la hora mencionada— que, en demostración de indudable desparpajo, invaden nuestras aguas y se hacen de nuestras riquezas a la vista y paciencia de todos nosotros. Las embarcaciones se trasladaron como algo más allá de La Coronilla… y no estoy hablando de la de Aiguá, estoy señalando al balneario rochense.

    Sucede cada pocos días y así millones de dólares e inmensa cantidad de toneladas de pescado son usurpadas o robadas —llámelas como quieran— de nuestras aguas soberanas que nadie hace respetar y vigilar como se debiera.

    La Prefectura Nacional uruguaya tiene un destacamento sobre la desembocadura del arroyo Chuy, muy próxima a la escollera que separa a las dos naciones. Desde ella es imposible no ver esos pesqueros.

    Supongo que pueden y deben salir a custodiar y hacer cumplir las normas internacionales o, si no están en condiciones de hacerlo, solicitar apoyo urgente a La Paloma o a quien corresponda.

    Como comunicador no es la primera vez que informo del reiterado episodio que se ha vuelto rutinario.

    Los vecinos y los pescadores artesanales me han comentado con mucho enojo y grueso vocabulario el arrase que causan con sus redes enormes y el vaciamiento de estas aguas.

    Anoche, el Sr. Presidente se autohomenajeaba pomposamente de cosas hechas, cuyos resultados, él y los que lo rodean entienden que es lo máximo. No comparto ni la décima parte de esos logros con más agujeros que el queso Colonia. Solo es cuestión de analizarlos con cuidado y objetividad.

    Y digo eso por aquello de que esta farra en que se violan de continuo nuestras aguas, base de incalculables riquezas quitadas a los uruguayos, no merecieron ningún comentario del Sr. Presidente.

    Él dijo que no vive en una burbuja, ¿cómo es que no sabe entonces de esta mina de oro acuática que nos roban?

    ¿Cómo es que no sabe si es de público comentario?

    Hoy, dos de marzo de dos mil diecinueve, a las ocho horas y pocos minutos, yo, modesto columnista de Semanario Aiguá, informo, una vez más, que estamos siendo despojados de grandes riquezas por barcos invasores que he vuelto a ver, entrando desde Brasil. Entrando muy adentro de nuestras aguas territoriales, y muy cerca de la costa. Y digo más, con larga vista se podían distinguir plenamente a sus ocupantes.

    Esta tarea la realizan todas las veces que les place y la jugosa carga que se llevan, convertida luego en moneda constante, no la recibe el pueblo uruguayo.

    Menos discurso, menos ego y mayor defensa de nuestra soberanía.

    Apenas solicito la vigilancia estricta de nuestra área marítima u oceánica y el sagrado cuidado de los recursos y la prosperidad nacional.

    Yamandú Rodríguez Velázquez