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Hace pocos días Palo Pandolfo caminaba por Caballito, en su natal Buenos Aires, cuando sufrió un desvanecimiento. Cayó al piso y para cuando la ambulancia logró trasladarlo al hospital más cercano, ya estaba muerto. La noticia cayó como un balde de agua fría en el ambiente musical argentino. Otro balde, uno más, que se sumaba a los recientes fallecimientos de Gabo Ferro y Rosario Bléfari. Dado el carácter relativamente de culto de esos nombres, vale la pena reseñar quién fue Palo y qué hizo para que su desaparición física resulte triste, en la certeza de que algo valioso se fue con él.
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En 1987 Montevideo era un islote en lo que se refiere a cultura. Sonaba el canto popular, en donde se iba decantando la escena y solo quedaban quienes finalmente iban a consolidar una carrera. Sonaba también el nuevo rock uruguayo de entonces, entre acusaciones de servilismo imperial, precariedad sonora y unas ganas tremendas de comerse el mundo gris al cual nacía toda esa generación de artistas, deudores del punk y la new wave.
Sin embargo, en lo que se refiere a la música que venía de afuera, la cosa no era tan nítida. Más allá de lo que pasaban las FM, era difícil encontrar propuestas distintas. Es verdad que ahí estaban El Dorado FM, algún segmento de Radio Independencia y el programa Meridiano Juvenil en CX 26. Algunas de las excepciones que confirmaban la regla: era muy difícil saber qué se estaba cocinando en el under de los países vecinos, ni hablar de lo que ocurría en las escenas alternativas de México, Chile o Colombia, por citar tres países con una música que comenzaba a resonar de manera intensa.
Llegaba, sí, la música más conocida de Argentina: Charly García, un muy joven Fito Páez, Juan Carlos Baglietto (quien en aquel entonces dio un espléndido show en el Velódromo), los primeros trabajos de Soda Stereo y de los Redondos. Estaban por ahí los GIT, Los Abuelos de la Nada y, empezando a brillar, Sumo. De las nuevas generaciones de Brasil asomaban Os Paralamas Do Sucesso, Titás y poca cosa más. Una de las revistas que llegaba con regularidad a Montevideo era la argentina Fierro. Especializada en cómic y literatura, a partir de 1986 comenzó a publicar un suplemento cultural llamado Oxido. Esa fue, junto con la más oscura Cerdos & Peces, la puerta de entrada de muchos al under porteño.
Fue justamente en Oxido y a remolque del éxito de uno de sus temas, que algunos uruguayos supimos de la existencia de la banda Don Cornelio y la Zona. El tema era Ella vendrá y se convertiría en el himno del pospunk porteño, con su línea de bajo llena de chorus y sus climáticas melodías. El cantante y guitarrista de esa banda era Rodolfo Palo Pandolfo, autor de ese máximo hit del grupo. Fue en Oxido que nos informamos de la existencia de otras bandas como La Sobrecarga o Fricción, toda una movida que tocaba en las cavernosas paredes de Cemento pero que no sonaba en las radios del Uruguay.
El debut de Don Cornelio y la Zona se produjo en 1987 y fue producido por un joven Andrés Calamaro, quien fue capaz de pulir las aristas más ásperas de la música creada por Pandolfo y los suyos y hacerla un poco más “aceptable” para el mainstream porteño. Sin embargo, hasta en el “hit” del grupo la música era oscura, levemente electrónica, la voz frágil y desgarrada a la vez. La poesía no era directa ni mucho menos. Era evocativa y al mismo tiempo carnal, cercana. El disco tuvo un par de temas conocidos como Tazas de té chino y El rosario en el muro y el grupo fue considerado la banda revelación por el suplemento Sí! del diario Clarín.
Un año más tarde llegaría el que sería el último trabajo del grupo, Patria o muerte. Allí ya no jugaba la producción de Calamaro y el sonido era abiertamente dark, sin florituras. Aun más que en el primer trabajo, trazos de Bauhaus, Echo and The Bunnymen y otras bandas anglo eran visibles, sin que eso lograra empañar la ya clara personalidad de Palo en los textos y las melodías. En la portada del disco el nombre del grupo fue reducido solo a Don Cornelio. Producido por la propia banda, el álbum cierra con el tema Soy el visitante, que es de donde saldría el nombre del siguiente proyecto de Palo, Los Visitantes.
Para finales de 1989 Don Cornelio y la Zona ya estaban disueltos y Pandolfo arrancaba con Los Visitantes, un proyecto en donde ampliaría su espectro compositivo, incorporando elementos del folklore y el tango a la ya conocida oscuridad de su música. Tal como había ocurrido con su banda previa, el suplemento Sí! del diario Clarín los considera banda revelación de 1992, antes incluso de grabar su disco debut. Este se llamaría Salud universal, fue editado en 1993 y su sencillo más exitoso fue el tema Playas oscuras.
En 1994 Pandolfo volvía a trabajar con Andrés Calamaro en la producción, dejando como resultado el disco Espiritango. El trabajo sería considerado el mejor del año, según una encuesta realizada entre los músicos más importantes de Argentina. Con la edición del disco en vivo En caliente, un año más tarde, Los Visitantes se convertirían en uno de los grupos más visibles del under porteño, armando un sólido triunvirato anclado en el eclecticismo musical junto con La Portuaria y Los Brujos.
Maderita sería el disco más conocido de Los Visitantes. Contó con la presencia de León Gieco en el tema Que se abra Buenos Aires y fue editado por la multinacional MCA. Sobre las influencias autóctonas en su música y lo que entonces, en 1996, se comenzaba a llamar “rock latino”, Palo decía en una entrevista para el suplemento No de Página 12: “No creo en el rock latino, ni en ninguna música que no tenga raíces en la tierra. Creo en el tango, en el rock, en la chacarera, en el blues, en el hot jazz y en el carnavalito. ¿Pero en el hot carnavalito…? ¿Rock latino? Está bien, es como decir: ‘Si van, yo voy’, pero de ahí a creer... Una vez leí que si uno necesita creer en algo significa que ese algo no existe”.
Después de sacar dos discos más con Los Visitantes, Pandolfo comenzó una interesante carrera solista que se extendió durante los últimos 20 años. El primer disco de esa etapa fue A través de los sueños, en donde aparece Fito Páez como invitado de lujo. Son ocho los trabajos de estudio en los que, acompañado de distintas bandas, Palo Pandolfo dio rienda suelta a su diversidad estilística, arrimándose incluso a la cumbia y el cuarteto, sin perder nunca su filo rockero y sus ambiciones letrísticas. La muestra más reciente de esa rica trayectoria es el tema Tu amor, lanzado el pasado 9 de julio y en donde lo acompaña Santi Motorizado, de la banda Él Mató a un Policía Motorizado.
Si la carrera de Pandolfo se pudiera resumir en un par de conceptos, estos serían “cero concesiones” y “búsqueda infinita”, hacia adentro y hacia afuera. Palo fue capaz de crear una obra amplia en sus intenciones y poderosa en sus resultados, de crear una música que en sus mejores momentos te agarraba, se te apretaba en el pecho y se quedaba ahí, aunque no te dieras cuenta. La clase de música “rara” que sentías que podía ser tuya por derecho propio, sin que vos mismo supieras bien cómo y por qué. La clase de música que puede ser tuya de manera indeleble.