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    Bergara contrario a que se expanda el Flar, un pequeño FMI latino

    En los años setenta un grupo de países andinos conformaron una especie de banco que pudiera darles apoyo si sufrían una crisis en su balanza de pagos. De allí emergió el Fondo Latinoamericano de Reservas (Flar), del que forma parte Uruguay junto a seis socios.

    Sus gobiernos evalúan desde hace un tiempo la posibilidad de potenciar esta especie de bombero financiero regional y Mario Bergara, el ministro de Economía, realizó un aporte para la discusión junto a Leandro Zipitría. Ambos elaboraron un documento que aparecen firmando en su condición de funcionarios del Banco Central del Uruguay.

    El Flar, con sede en Bogotá, es el organismo financiero más chico en cantidad de miembros (Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela, mientras que Paraguay está en proceso de adhesión), capital disponible (U$S 2.371 millones, aunque el compromiso de los países es aportar más recursos) y plantilla permanente (52 funcionarios). Tiene un cometido similar al del Fondo Monetario Internacional —FMI—, que es dar apoyo a la balanza de pagos y liquidez a sus socios mediante créditos (y también garantizando préstamos de terceros).

    Uruguay se incorporó como socio en 2008 y aportó el 9% del capital con que cuenta el Flar. Hasta ahora no solicitó financiamiento.

    Las “bellezas”.

    “Cuando se estudian estrategias de expansión, parece imprescindible atender al hecho de que no se pierdan las ‘bellezas’ de un organismo que puede atender con celeridad y bajos costos algunas situaciones de falta de liquidez de reducida dimensión en los países”, sostienen Bergara y Zipitría en su documento que tiene fecha de publicación en marzo pasado.

    Luego de plantear distintos enfoques del asunto, los economistas afirman que “se debe razonar con prudencia. Las formas de funcionamiento actuales del Flar tienen, como todas, ventajas y debilidades. Parte de su atractivo consiste en permitir asistencias en forma rápida, a tasas razonables y con costos administrativos bajos. En un esquema de múltiples ventanillas disponibles para los países, esta opción se transforma en una alternativa atractiva para circunstancias específicas, en particular cuando se trata de necesidades de liquidez”.

    Y se explayan: “Transitar hacia un aumento en el número de miembros es atractivo. Permite incorporar países de mayor tamaño relativo con los cuales discutir las estrategias de crecimiento. A su vez, esto implicaría un incremento sensible de los recursos patrimoniales y de operación del Flar. No obstante (...), este proceso puede cuestionar los ejes centrales del gobierno corporativo actual, dado que los nuevos miembros (si fueran de mayor tamaño relativo) verían su participación bajo la perspectiva del problema de agencia inverso y buscarían mitigar el riesgo moral asociado. Esto podría, por tanto, debilitar los aspectos que hacen al Flar una ventanilla atractiva en las circunstancias mencionadas”.

    Para Bergara y Zipitría, el Flar tiene otra “peculiaridad (compartida con la CAF) que le da una seña de identidad: sus miembros son enteramente países emergentes que no sólo aportan capital sino que también esperan obtener financiamiento en las situaciones en que lo requieran”. Esto, según los economistas, contribuye a generar “vínculos estructurales que hacen a cómo se percibe la entidad, con qué relaciones de confianza se tratan los miembros y cuál es la estructura de incentivos para el repago. Si la estrategia de fortalecimiento del Flar incluye la posibilidad de que eventuales miembros de mayor tamaño no vean a la institución como una fuente efectiva de asistencia, tendrían los estímulos a comportarse como países donantes, lo cual conllevaría a exacerbar la lógica de riesgo moral, demandando más sofisticación, dureza y costos a las actividades de monitoreo en casos en que la exposición a riesgos financieros y contractuales sea excesiva. Anticipando esto, sus incentivos a incorporarse al Flar comienzan a desvanecerse”.

    “En definitiva, un cambio relevante en el gobierno corporativo del Flar implicaría costos, tiempos y relaciones de confianza diferentes. Estos aspectos no sólo podrían diluir los atractivos de la entidad como parte de la arquitectura financiera regional, sino que también requerirían definiciones de índole política en cuanto a las características y razón de ser del propio organismo”, resumen.

    Segunda opción.

    Bergara y Zipitría aportan en el documento de discusión una “segunda opción” que sería procurar fortalecer el organismo manteniendo sus “ventajas competitivas” que presenta en su “lógica actual. La dimensión reducida y los bajos riesgos financieros y contractuales permiten sostener un gobierno corporativo simple que favorece la celeridad y los costos bajos. Asimismo, se mantendría la estructura de decisiones de un voto por país, fortaleciendo las relaciones de confianza basadas en el historial crediticio de los países miembros de no haber nunca incumplido sus obligaciones con el Flar”. Esta segunda estrategia la definen como “orgánicamente prudente”, en oposición a otra muy “expansiva”.

    Para los países de mayor dimensión económica, lo que el organismo pueda plantear dependerá de la estrategia de fortalecimiento elegida, observan. La estrategia “expansiva” implicaría un “cambio sustancial en la naturaleza del organismo y tendría como prerrequisito la voluntad de países como México, Brasil, Argentina, Chile de integrarse a una entidad en la que no verían ventajas desde la perspectiva de la asistencia financiera y podrían percibir riesgos excesivos. Mientras tanto, la estrategia de mantener una dimensión reducida pero con las ventajas competitivas de la entidad implicaría aportes limitados de capital de parte de potenciales entrantes, asociados a bajos riesgos y la posibilidad de complementar sus estrategias geopolíticas de integración a organismos regionales”, sostienen.

    En opinión del ministro y el funcionario bancocentralista, transitar este segundo camino “no significa de ninguna manera soslayar las potencialidades de la institución, sino por el contrario, aprovecharlas de mejor forma en la implementación de un sendero propio efectivo. Procurar estrategias demasiado agresivas abriría el riesgo a que el proceso se inviabilice por el cambio brusco en su forma organizacional”.

    Economía
    2014-05-22T00:00:00