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    La ganadería de carne se mantiene como núcleo del agro; 3,5% de las explotaciones poseen un tercio del stock

    Según el Censo Agropecuario 2024, hay menos explotaciones que en 2011, mayor escala promedio, más concentración de la tierra y una especialización productiva en ciertas regiones del país

    Los resultados del Censo Agropecuario 2024 confirman una gradual transformación estructural del agro uruguayo: hay cada vez menos explotaciones, mayor escala promedio, más concentración de la tierra y una organización territorial cada vez más especializada.

    Según los datos finales publicados en los últimos días de marzo por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), se registraron 41.918 explotaciones agropecuarias, 6,4% menos que en 2011, mientras que la superficie total se mantuvo prácticamente estable en torno a 16,1 millones de hectáreas. Como resultado, el tamaño promedio de los predios aumentó de 365 a 385 hectáreas. Detrás de ese promedio se esconde una estructura fuertemente desigual. Las explotaciones de más de 1.000 hectáreas —menos del 10% del total— concentran alrededor del 63% de la superficie productiva. En el otro extremo, los predios de menos de 100 hectáreas representan cerca del 55% de las explotaciones, pero ocupan apenas alrededor del 4% de la tierra.

    Pero la concentración no es solo de tierra. También es de capacidad técnica: los productores con nivel terciario o posgrado —el 23,5% del total— administran el 42,7% de la superficie agropecuaria, cerca de 6,9 millones de hectáreas; en 2011, los productores con formación universitaria eran un 9%.

    Un país productivo fragmentado

    Lejos de ser homogéneo, el agro uruguayo se organiza como un mosaico de sistemas productivos diferenciados por regiones.

    El norte y el litoral norte concentran la mayor parte de la superficie y responden a una lógica extensiva. Tacuarembó lidera con 1,41 millones de hectáreas, seguido por Salto (1,29 millones), Paysandú (1,17 millones) y Río Negro (1,05 millones). En estos departamentos, la ganadería de carne domina ampliamente —superando el 70% de la superficie— en sistemas de gran escala y baja densidad productiva.

    Sin embargo, dentro de este bloque aparecen dinámicas distintas. En Salto y Artigas, la citricultura y la horticultura generan más de 186.000 jornales zafrales e introducen focos de alta intensidad laboral en territorios dominados por la ganadería.

    Río Negro, además, se consolida como el principal polo forestal, con 377.124 hectáreas.

    En el litoral agrícola, la lógica cambia. Soriano se posiciona como el núcleo agrícola del país, con 438.497 hectáreas en cultivos cerealeros, donde la agricultura supera a la ganadería. Paysandú y Río Negro configuran sistemas mixtos.

    Más al sur, el patrón vuelve a modificarse. Canelones aparece como el modelo intensivo y diversificado: con 6.948 explotaciones —el mayor número del país— y 14.324 trabajadores permanentes, combina menor escala con alta densidad productiva y laboral.

    San José y Colonia replican parcialmente este esquema, aunque con diferencias. Según el censo, San José es el mayor polo lechero (784 explotaciones y 130.570 hectáreas), mientras que Colonia presenta un perfil más equilibrado.

    En el este, la producción arrocera se concentra en Treinta y Tres, Cerro Largo y Rocha.

    En el extremo opuesto, Montevideo presenta un perfil singular: 361 explotaciones —el 35% del total— tienen como principal destino el autoconsumo y reflejan una agricultura periurbana de pequeña escala.

    El mapa que surge no es el de un sector homogéneo, sino el de economías regionales con lógicas productivas, laborales y tecnológicas distintas.

    Menos población, menos empleo y menor arraigo

    La producción rural se mantiene —e incluso se intensifica—, pero cada vez con menos gente.

    En 2024 vivían en explotaciones agropecuarias 96.069 personas, frente a 106.961 en 2011 y más de 260.000 en 1980. La densidad poblacional sigue cayendo: hoy hay 168 hectáreas por persona residente.

    También hay menos personas residentes en cada establecimiento: pasaron de 3,86 en 1980 a 2,29 en 2024.

    Además, cambia la forma de producir. El 54,6% de los productores reside en el predio, mientras que el 44% vive fuera. Un 15,2% reside a más de 50 kilómetros y gestiona el 31,4% de la superficie agropecuaria.

    Solo el 7,4% son menores de 14 años y casi el 10% tiene 65 o más.

    El empleo también cae respecto al censo del 2011. En 2024 se registraron 109.979 trabajadores permanentes (-4,7%), mientras que la superficie por trabajador aumentó a 147 hectáreas.

    Mientras la horticultura emplea cerca de 90 trabajadores cada 1.000 hectáreas, la forestación genera apenas dos.

    A esto se suma la concentración del trabajo zafral: el 84,6% de las explotaciones no contrató jornaleros, mientras más de 598.000 se concentran en pocos territorios y rubros.

    Uso del suelo

    La estructura productiva sigue anclada principalmente en la ganadería extensiva, pero con señales claras de transformación.

    El campo natural ocupa 9,2 millones de hectáreas (56,9%). En 2011 representaba el 64,3% (10,5 millones).

    En 2024, la agricultura abarcó 1,68 millones de hectáreas (10,4%) y la forestación, 1,07 millones. El bosque nativo aporta 776.117 hectáreas (4,8%).

    La clave, sin embargo, está en cómo se produce.

    La intensificación aparece en la expansión de praderas artificiales (1.007.322 hectáreas) y en la transformación del campo natural: aproximadamente 850.000 hectáreas ya presentan intervención tecnológica.

    La agricultura muestra un patrón concentrado y estacional: 1,59 millones de hectáreas en verano frente a 733.793 en invierno, con fuerte peso de grandes explotaciones.

    Los cultivos forrajeros (575.287 hectáreas) funcionan como puente entre agricultura y ganadería.

    La forestación, por su parte, es el uso más concentrado: el 72,9% de la superficie se encuentra en plantaciones de más de 2.000 hectáreas.

    El resultado es un sistema híbrido: mantiene su base extensiva, pero incorpora capas crecientes de intensificación.

    Ganadería

    La ganadería de carne sigue siendo el núcleo del agro. Es la principal fuente de ingresos para 24.906 explotaciones (65,2%) y ocupa el 70,2% de la superficie productiva. También concentra el 57% del empleo permanente (60.087 trabajadores).

    Aunque extendida en todo el territorio, ese rubro presenta una concentración: 872 explotaciones poseen el 35% del stock vacuno.

    El perfil es criador, con fuerte peso de vacas de cría y reposición.

    La adopción tecnológica sigue siendo limitada: solo 9.138 explotaciones realizan diagnóstico de preñez y 4.247 aplican inseminación artificial.

    En paralelo, la producción ovina perdió peso de forma significativa: el stock cayó de 7,3 millones de cabezas en 2011 a 5,3 millones en 2024 (-28%), en un proceso de especialización hacia la ganadería vacuna y otros rubros más rentables.

    Lechería

    La lechería sintetiza con mayor claridad el proceso de transformación estructural del agro.

    Es un sistema intensivo en empleo: 19 trabajadores cada 1.000 hectáreas y 10.761 empleos permanentes.

    Este subsector convive con un proceso acelerado de concentración. El 16,5% de los tambos genera el 72,4% de la producción, y 517 establecimientos acumulan el 63% del rodeo lechero.

    Entre 2011 y 2024, el número de tambos cayó de 4.474 a 3.130 (-30%), mientras que la producción total aumentó de 1.780 a 2.220 millones de litros. En paralelo, la productividad por vaca pasó de 4.032 a 5.810 litros anuales (44%).

    El sistema mantiene un fuerte anclaje territorial en San José y Colonia, donde se hace evidente la lógica dominante: menos unidades, más grandes, más eficientes y con mayor capacidad de sostener empleo.