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    Blancos y colorados exigieron por primera vez la censura de un ministro del Frente Amplio, pero luego terminaron enfrentados

    El puño bien cerrado golpeó fuerte el escritorio. El presidente de la Cámara de Representantes, Jorge Orrico (Asamblea Uruguay), mostró su molestia con la decisión del Partido Nacional de utilizar el máximo de los recursos parlamentarios y pedir la censura del ministro del Interior, Eduardo Bonomi. Si bien no logrará los votos necesarios porque el Frente Amplio (FA) tiene la mayoría absoluta, la decisión se convirtió en un hecho político inédito en un gobierno de izquierda y en el segundo caso desde la restauración de la democracia en 1985. La irritación en la bancada frenteamplista fue general, pero el acto también ocasionó la ruptura del “pacto parlamentario” de la oposición, ya que el Partido Colorado comunicó de forma oficial a los blancos que no acompañará pedido de interpelación alguno “al menos” por un año y acusó a sus legisladores de adoptar una actitud “antidemocrática”.

    Los problemas en las cárceles del país tras los motines ocurridos en abril en el Comcar, en el Penal de Libertad y en la Cárcel de Mujeres, sumados a la gestión de la seguridad pública, fueron el martes 5 los ejes de una interpelación que pasó por varios momentos de tensión entre los legisladores del oficialismo y de la oposición. Primero por el ingreso a sala de asesores del ministro Bonomi, después por el impedimento de ingreso al comisionado parlamentario para el sistema carcelario, Álvaro Garcé —algo pedido por los blancos— más tarde por la votación de licencias y, finalmente, por la moción de censura.

    La decisión del Partido Nacional se materializó después de más de cinco horas de exposición del ministro del Interior, pero en la sala ya se conocía desde antes de que empezara a hablar. Por eso los diputados frenteamplistas, y los colorados por su lado, tenían preparado un pedido de cuarto intermedio para negociar. En el caso de los primeros fue para evitar la moción de censura, que si bien en este caso no tendrá consecuencias políticas concretas, se convirtió en el primer caso durante un gobierno de izquierda. El único antecedente desde 1985 fue en octubre de 1996, durante el segundo gobierno de Julio Sanguinetti, cuando el FA presentó la moción de censura al entonces ministro de Salud Pública Alfredo Solari.

    En el caso de los diputados colorados, si bien estaban de acuerdo con censurar a Bonomi, entendieron que era la oportunidad para debatir sobre el sistema carcelario y la seguridad pública, y que luego de eso se debía presentar la moción. Los blancos se negaron, informaron a los colorados que después se retirarían de sala, y dijeron que se podría seguir la discusión cuando el Parlamento vote la moción de censura, lo que sucederá el lunes 11.

    El coordinador de la bancada colorada, Walter Verri, llamó al líder del Partido Colorado, el senador Pedro Bodaberry, para informarle la situación y plantearle que, ante la postura de los blancos, no prestaran más sus votos para futuras convocatorias de ministros a sala. Aún con Bonomi exponiendo, Bordaberry entró en la sala de diputados y desde allí se comunicó con el senador colorado José Amorín (Propuesta Batllista), quien llamó a los senadores Jorge Larrañaga (Alianza Nacional) y Luis Alberto Heber (Unidad Nacional) para pedirles que intervinieran. Los representantes de las dos corrientes nacionalistas se comunicaron con sus diputados. La decisión ya estaba tomada y esa fue la respuesta que trasladaron a sus colegas de la oposición.

    “Estamos dispuestos”.

    El enojo de los diputados colorados al ver que las negociaciones fracasaron fue notorio. En sus cuentas de la red social Twitter publicaron duras críticas a los blancos, incluso los catalogaron como “antidemocráticos” por no permitir la discusión parlamentaria e irse de sala cuando habían sido ellos los que tuvieron la iniciativa de convocar al ministro del Interior.

    Cuando terminó de hablar Bonomi, varios diputados se pelearon por quién hablaba. Entre varios gritos, el presidente de la Cámara de Representantes dio la palabra al diputado interpelante, pero legisladores del FA le advirtieron que se había equivocado porque antes estaban pedidas las mociones para un cuarto intermedio.

    “Usted tiene la palabra concedida porque yo se la di y el error es mío”, dijo el presidente Orrico a Cardoso, pero le pidió que le permitiera votar las mociones y otros procedimientos para, luego del cuarto intermedio, sí tener la palabra. “Está bien. Le voy a facilitar las cosas y voy a seguir hablando”, respondió —sin embargo— Cardoso y allí expresó que la discusión estaba “terminada”, que las respuestas de Bonomi no conformaron a la oposición, que era necesario poner fin al “diálogo de sordos” y, finalmente, “censurar su gestión”.

    La censura está prevista en los artículos 147 y 148 de la Constitución. Allí se detalla que de resultar afirmativa la moción de censura, se convocará a la Asamblea General para que se pronuncie; si el Parlamento ratifica la votación el ministro debe caer, salvo que el presidente de la República decida mantenerlo. En este último caso el jefe de Estado debe disolver las dos cámaras legislativas y convocar a elecciones. Si bien es habitual que la oposición se declare insatisfecha con las explicaciones que dan los ministros interpelados, la censura es un recurso casi inédito.

    “Si la Asamblea General tiene la voluntad política, entonces vamos a elecciones anticipadas y juzguemos ante la opinión pública la gestión de este gobierno en materia de seguridad. ¿Está dispuesto el FA a hacerlo? ¿Está dispuesto —en una sesión de la Asamblea General— a la disolución de las cámaras? Nosotros estamos dispuestos a hacerlo”, afirmó el diputado Cardoso en la sesión del martes.

    Los diputados frenteamplistas ya adelantaron su respaldo “absoluto” al ministro Bonomi, por lo que la oposición no contará con los votos necesarios. A pesar de ello varios legisladores blancos comentaron a Búsqueda que se preparan para una sesión “agresiva” porque no pueden dejar pasar “las mentiras” del ministro y porque a su juicio la característica central de su gestión es “la inoperancia”.

    La interpelación del martes fue la número 87 desde la restauración de la democracia (Búsqueda Nº 1.664). En ninguno de los casos se logró la renuncia del ministro interpelado ni los votos necesarios para su censura. En lo que va del gobierno de José Mujica el ministro Bonomi ha sido el más interpelado (tres veces) y el Ministerio del interior se convirtió en el que suma la mayor cantidad de interpelaciones desde que el FA llegó al gobierno nacional, en 2005.

     “Chicana política”.

    El ministro Bonomi cuestionó con dureza la actitud de los blancos. En conferencia de prensa, dijo que al interpelante Cardoso “no se le cayó una idea” durante su exposición y que su sector político demostró una “falta brutal” de capacidad para debatir. “Esto es una falta de seriedad brutal, falta de capacidad para llevar adelante una interpelación, no hubo una pregunta inteligente. Es una maniobra política, una chicana política para generar un hecho político”, remarcó el jerarca.

    Antes, Bonomi había planteado en detalle los motines y problemas carcelarios desde 1985 a la actualidad y argumentó que los problemas de hacinamiento y carencias edilicias no son por falta de voluntad política del oficialismo. “Los problemas carcelarios comenzaron en los años 90 con la ley de seguridad ciudadana”, sostuvo Bonomi, quien leyó su discurso de más de 120 páginas.

    Luego de enumerar una larga lista de obras y medidas adoptadas en su mandato, mostró un video de un programa de la cadena estadounidense de noticias CNN, con una entrevista al alto comisionado de Naciones Unidas para los derechos humanos para América del Sur, Amerigo Incalcaterra. Allí el funcionario dijo que Uruguay es un “modelo ejemplo” para la región en cuanto a medidas para atender los problemas carcelarios. Sobre ese punto, el secretario de Estado aseguró que a partir del 1º de julio comenzarán las obras de refacción en los módulos del Comcar afectados por motines y que estarán prontos en un plazo de siete meses para albergar a 1.016 reclusos con una inversión de unos U$S 3 millones.

    Los blancos y los colorados también convocaron a conferencia de prensa, donde expusieron su rechazo a las explicaciones dadas por Bonomi con el argumento de que en una “maratónica” exposición no logró dar explicaciones contundentes sobre los motines ocurridos. El Partido Nacional, por su parte, consideró en ese momento que no tenía sentido volver a sala cuando ya se conocía la postura de los legisladores oficialistas y de los jerarcas del Ministerio del Interior, mientras que el Partido Colorado criticó la actitud de los blancos porque “no es bueno para la democracia” evitar la discusión parlamentaria.

    Al levantarse el cuarto intermedio las bancas de los diputados nacionalistas estaban vacías. El diputado Carlos Gamou (Corriente de Acción y Pensamiento-Libertad) salió de su silla y se sentó en el sector de los blancos, solo. Allí recibió algunas bromas de sus colegas frenteamplistas, que le preguntaban si se quería cambiar de partido. “Es para que no esté tan deshabitado”, respondió con humor.

    El diputado del Partido Independiente Daniel Radío dijo en sala que la realidad que él observó en las diferentes cárceles del país no es la que describió Bonomi. “No podemos hablar de sistema porque no lo hay. Es una situación intolerable” cuestionó, si bien estuvo de acuerdo con que el escenario no es nuevo.

    El frenteamplista Felipe Michelini (Nuevo Espacio) defendió las explicaciones del ministro y acusó a los nacionalistas de tomar una postura de “total y altísima irresponsabilidad política”, que lo único que obtendrá —pronosticó— serán consecuencias negativas para la fuerza política blanca.

    Al final de la sesión, que duró más de nueve horas, y con la ausencia de los blancos, se votó una moción del Frente Amplio que en primer lugar respalda la reforma penitenciaria en curso y en segundo término da por satisfactorias las respuestas de Bonomi sobre los motines ocurridos en abril. El Partido Colorado no las apoyó; en cambio el Partido Independietne respaldó la reforma penitenciara actualmente en ejecución.

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