Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSobre buitres carroñeros. Pocos animales generan un rechazo tan fuerte como el buitre. Se lo asocia con la muerte. Su aspecto asusta. La psicología social proyecta sobre este animal asuntos denigrantes: el buitre se aprovecha de la carroña, la huele desde lejos y da vueltas en círculos esperando el mejor momento para tomar su tajada. Es el oportunista, el ventajero, el que se revuelve entre la podredumbre para sacar provecho.
Sin embargo, en el sistema ecológico el buitre tiene un rol fundamental. Junto a esta ave de gran porte, hay también gusanos, hongos y bacterias que crecen y se reproducen gracias a la carroña. Desde el punto de vista ecológico, esta macro y micro fauna permite reciclar la materia orgánica, evitando el avance de podredumbres y enfermedades. Son los agentes de higiene que tiene la naturaleza y que permite el avance de la vida.
El buitre tiene características evolutivas para la tarea: tiene un orificio nasal prominente que permite oler la carroña desde muy lejos, tiene la cabeza y nuca pelada que le permite hurgar dentro del cadáver para obtener más alimento, tiene un sistema digestivo y un sistema inmunológico evolucionado que le permite digerir y no enfermarse con este tipo de ingesta.
El mercado de capitales también tiene su ecología. Se suele referir al mismo como la selva, que se rige por la ley del más fuerte o del mar turbulento. Acechan los tigres, tiburones, halcones y otros depredadores. Aunque también en la selva hay un sinfín de animales que crecen y se desarrollan cada cual en su hábitat. Y también hay buitres.
Los buitres se comen a los cadáveres del mercado. Son entes especializados en levantar deudas que para otros son incobrables. Pero los buitres no son los que matan a la presa.
El cadáver es una deuda impaga. Una persona (deudor) tomó prestado dinero a otra persona (acreedor) de común acuerdo, por un tiempo. A cambio, pasado ese tiempo, se lo devuelve con un plus (interés). Si transcurrido ese tiempo, el acreedor no cobra ese dinero, tenemos lo que llamamos vulgarmente un muerto, un cadáver. Una vez que hay un cadáver, entonces sí es posible que vengan los buitres.
Vendrá entonces este ente especializado y por una fracción muy baja de la deuda original le compra los derechos al acreedor y con ese derecho va a hablar con el acreedor en forma directa o por vía de árbitros o jueces para procurar cobrarle una fracción mayor de esa deuda. Para eso, al igual que el buitre evolutivamente desarrolló su cuerpo para llevar adelante esta tarea, este ente también desarrolló su experiencia y saber hacer para esta tarea. Implica convencer al acreedor de que su deuda vale poco y convencer al deudor de que él sí es lo suficientemente fuerte como para cobrarle más, porque conoce la ley, tiene buenos abogados, asusta, negocia duro, algo que el deudor original no sabe, no quiere o no puede hacer.
Moraleja:
1. Para que haya buitres primero tiene que haber un cadáver. El buitre no mata al animal vivo, sino que come la carroña del animal previamente muerto. El cadáver es la deuda impaga. Este muerto surge del incumplimiento de un acuerdo generado previamente por el deudor y el acreedor, donde cada uno necesitó del otro y cada uno asumió sus riesgos.
El buitre actúa cuando este acuerdo no se cumple. Si el acuerdo se cumple en los términos originales y la deuda se salda, no hay buitres. Si ante la imposibilidad de cumplir en los términos originales, las partes se ponen de acuerdo entre ellas y acuerdan nuevas condiciones, no hay buitres.
2. No hay que apresurarse en poner en esta fábula a buenos y a malos de antemano. Sí se debe procurar comprender el funcionamiento de la naturaleza. Sabemos por suerte que hay deudores y acreedores que actúan de buena fe. También sabemos que hay deudores honestos que sufren reveses fuera de su control y deben gestionar sus crisis financieras y que hay acreedores que empujan a personas a endeudarse más allá de lo conveniente. Y sabemos también que ocurre lo contrario. Lo importante es que los mecanismos de resolución sean claros y transparentes sabiendo que todos los operadores deciden correr riesgos de antemano y han de asumirlos adecuadamente. Si los mecanismos para resolver los desencuentros entre deudores y acreedores son sanos, logramos sistemas de reciclaje internos, tendremos menos cadáveres expuestos y menos buitres.
Alejandro Stanham
CI 2.010.868-0