• Cotizaciones
    domingo 24 de mayo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Caldo de cultivo

    Un elemento crucial en el naufragio de la llamada República de Weimar (la Alemania de entreguerras, nacida con la Paz de Versalles y muerta cuando Hitler conquistó el poder) fue la hiperinflación, que licuó ahorros de muchas generaciones y creó riquezas nuevas de un día para el otro.

    Según el Tratado de Versalles, Alemania debía pagarles a las potencias vencedoras una cifra sideral: 236.000.000.000 de marcos de oro (unos 800.000 millones de euros al día de hoy). Se trataba de un capital muy superior al total de sus reservas. Para cumplir con los acreedores, el gobierno alemán comenzó a emitir moneda sin respaldo de oro. Francia, Bélgica e Inglaterra exigieron entonces la entrega de materias primas, ahogando así a la endeble economía alemana y disparando el ritmo inflacionario.

    En menos de tres años, un dólar, que costaba 60 marcos, trepó a 100 millones. El costo de vida se duplicaba en el lapso de semanas y amplios sectores sociales se hundieron en la mayor miseria. La inflación era imparable. Había estampillas de correo que valían 50.000.000.000 de marcos mientras que una flauta de pan salía 460.000.000.000 de marcos.

    No satisfechos con el ritmo de pagos, en enero de 1923 Francia y Bélgica ocuparon militarmente el corazón industrial de Alemania. Permanecieron allí durante dos años y medio y se llevaron toda la producción de carbón, dejando a la población sin posibilidad de calentar sus hogares. Más de 200 alemanes fueron fusilados por protestar.

    Es muy difícil comprender el verdadero calado social y cultural de la crisis alemana. A la derrota militar, la pérdida de territorios, la depresión económica y el sentimiento de humillación, se le agregó la pauperización de decenas de millones de personas, la fuerte desmoralización y la ausencia de una dirección política que sacase al país del profundo pozo en el cual había caído.

    La hiperinflación, además, rompió los moldes de convivencia y generó un cataclismo cultural ya que perforó profundos valores nacionales tales como el modo de vida frugal, el ahorro, la confianza interpersonal y la perspectiva de largo plazo. El mañana no importaba; se pasó a sobrevivir el día a día. Mientras tanto, un puñado de personas se enriqueció voraz y velozmente.

    Desde este horizonte, los banqueros y los prestamistas (con muchos nombres judíos en ambos grupos), que multiplicaron sideralmente sus ganancias a costa de las capas medias y bajas, quedaron ante la opinión pública como los culpables del desastre. La imagen del “judío chupasangre”, luego popularizada con el nazismo, se instaló en la retina de la población.

    No fue, pues, el contenido de su libro Mi lucha el que alimentó al nazismo, sino la fuerte degradación general del país y los discursos encendidos de Hitler, que cada vez atraían a más oyentes.

    “El jueves negro” (24 de octubre de 1929) quebró la Bolsa de Nueva York y la crisis mundial, multiplicada por un efecto dominó, fue imparable. Nuevos millones de alemanes quedaron en la calle y la cantidad de personas con empleo pleno bajó a casi la mitad (de 20 millones en 1929 a 11,4 millones en enero de 1933, el año en que Hitler conquistó el poder). A ellos y a los otros, que ya habían tocado el fondo material y existencial, Hitler les prometía trabajo, pan y orgullo nacional.

    En la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 1932, Hitler, cuyos discursos llegaron a aglutinar a 100.000 espectadores, obtuvo el 30,4% de los votos. Pocos meses más tarde, en las elecciones parlamentarias de julio, el NSDAP se convirtió en la primera fuerza política del país con 14 millones de votos (37,3% del electorado). Las 12 bancas parlamentarias que tenía el NSDAP se convirtieron en 230. Finalmente, el 30 de enero de 1933 Hitler fue nombrado canciller (jefe de Gobierno). Menos de dos meses después, el partido nazi obtuvo el 44% de los votos en las elecciones parlamentarias.

    Es común leer que Hitler quiso encubrir sus verdaderos objetivos, que decía una cosa y pretendía otra. Nada puede ser más equivocado. Además de adelantar su plan de acción en su libro Mi lucha, de 1924, docenas de millones de personas conocían sus discursos, sea por estar presentes en los actos o mediante la radio o el cine. En la campaña electoral previa a las elecciones parlamentarias de 1932, Hitler viajó por todo el país (incluso en avión, lo cual fue una novedad) y mantuvo un promedio de cinco actos diarios.

    El discurso más común en esas semanas no ocultaba cuáles eran sus intenciones: “Nuestros enemigos acusan al nacionalsocialismo, y a mí especialmente, de ser intolerantes. Dicen que no queremos colaborar con los otros partidos. ¡Tienen razón! ¡Somos intolerantes! ¡Mi gran objetivo es acabar con los otros treinta partidos que hay en Alemania!”.

    Fue exactamente lo que hizo.