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    miércoles 19 de junio de 2024

    Carolina no siempre cose

    Nº 2276 - 16 al 22 de Mayo de 2024

    Para quienes hemos mirado la política desde la distancia, los Desayunos de Búsqueda son una oportunidad valiosa de ver a los políticos en primera fila. O en la fila 12, como fue el caso el pasado miércoles 15, cuando la invitada fue Carolina Cosse, en su calidad de precandidata del Frente Amplio a la presidencia. Cuando digo distancia no me refiero a sentir poco interés por el fenómeno político, sino a lograr mantener una (sanísima) distancia respecto a esas usinas políticas que son los partidos. Dado que los partidos son los encargados de mantener activa la maquinaria política, no siempre es fácil tener perspectiva cuando se vive muy cerca de ellos. A veces esa maquinaria puede recalentarse y es fácil quemarse. La distancia parece entonces lo mejor.

    Valiosa porque no es lo mismo ver cómo responden esos políticos en tiempo real que leerlos después en una entrevista ya editada. En vivo es posible percibir los matices, los pequeños gestos y cambios de tono que asume el político a la hora de interactuar con sus entrevistadores y con la audiencia. Y también porque el tipo de espacio que se genera no es el de un acto de campaña, sino uno en el que el político puede y suele ser cuestionado por sus interlocutores. Por todo eso es que fue muy interesante asistir a la charla con Carolina Cosse.

    La intendenta de Montevideo (en licencia) comenzó rememorando que su primer voto fue en el plebiscito de 1980 y que a eso siguió la militancia en los gremios estudiantiles en 1983. Consultada sobre si en aquel entonces había machismo en la Facultad de Ingeniería, Cosse dijo que más que machismo lo que había eran “formas masculinas de hacer las cosas” y que eso implicaba muchas veces ser aleccionada por gente que de hecho no sabía más que ella o que cualquier mujer estudiante. Recordando su profundo afecto por la Universidad de la República, la precandidata apuntó que “no se puede transformar algo que no se quiere”. Allí la charla derivó a la presencia femenina en la política y Cosse admitió haber revisado su postura sobre la ley de cuotas, que en un comienzo no apoyó pero que ahora sí apoya. Lo hizo, dijo, al entender que su experiencia personal no era extrapolable al todo. Para eso, dijo, es necesario “sentir” la realidad y tomar contacto con la gente.

    Si bien Carolina Cosse se presenta como una precandidata que tiene como máximo bonus ser una política ejecutiva, capaz de tomar las decisiones adecuadas sin que importe mucho el costo político, fue muy precavida a la hora de contestar cuáles serían sus diferencias con el otro candidato potente del Frente Amplio, Yamandú Orsi. Cosse afirmó que “nunca diría cuáles son las diferencias” con Orsi, en pro de mantener la unidad de la fuerza política. No deja de ser raro que en una campaña de cara a las elecciones internas, un candidato se rehúse a decir en qué cosas específicas se diferencia de aquellos candidatos con los que compite.

    Cosse, en cambio, sí fue específica en lo que concierne a cuál sería el tema central de su gobierno: la seguridad. Señaló que es un problema “sistémico” y asoció la violencia a la “creciente desigualdad” que sufre Uruguay. Fue inevitable sentir (después de todo estamos en la era de la política sentimental) que había algo estanco en las definiciones que Cosse iba desgranando. Como si esos problemas, la inseguridad y la desigualdad, fueran algo que comenzó con el actual gobierno y no parte de unos procesos de larga data que han escapado a la capacidad de resolución de gobiernos de todos los colores.

    Y ahí entra ese “no siempre coser” al que alude el título de la columna. Por un lado, Cosse dijo priorizar la unidad de su fuerza, hasta el punto de no querer marcar diferencias con el candidato del Frente Amplio que lidera las encuestas y no querer contestarle a Lucía Topolansky cuando dijo que era poco conocida en el interior. Por otro, al ser consultada sobre cuáles podrían ser los eventuales aliados en caso de que el Frente no tuviera una mayoría parlamentaria, la intendenta (de licencia) dijo no haberse planteado esa posibilidad y que, en caso de que se presentara la situación, ella buscaría alianzas con “la gente”. No queda del todo claro cómo se volvería operacional esa alianza con “la gente” cuando un tema está planteado en el Parlamento y no se tiene la mayoría necesaria. Pero “la gente” parece ser la respuesta comodín de los políticos cuando no quieren elaborar demasiado. Y es una respuesta que tiene, sin duda, el aroma del populismo. Tampoco ofrece demasiado a quienes creemos que los temas clave, como la seguridad o la desigualdad, solo se solucionan con acuerdos de largo aliento que involucran a todos los partidos que pueden llegar a gobernar. Berretines de intentar coser más allá de la interna partidaria que uno tiene.

    Se podrá decir que el argumento de la unidad hacia adentro y la negación de cualquier contacto con “la derecha” está diseñado para las elecciones internas. Algo de eso parece estar implícito en el desinterés manifestado por Cosse cuando le hicieron preguntas sobre las elecciones nacionales y cómo encararía esa segunda campaña. Por cierto, es débil como argumento decir que “la derecha” (aparentemente todos los que no son frenteamplistas) tiene un plan para convencernos de que la ciencia es algo accesorio que se usa y se tira, para luego decir que el gobierno (“la derecha”) no tiene ninguna clase de plan. Puede ser resultado de la deriva oral de una charla, que siempre es más desordenada, pero no deja de sonar raro.

    Sin embargo, la contradicción más delicada en que incurrió la precandidata fue cuando introdujo el tema de la pobreza infantil en Uruguay. No es deseable, dijo Cosse, vivir en un país “donde el 44 % de los niños de cero a seis años nacen y viven en el 20% de los hogares más pobres”. Y es verdad, ese es un dato terrible que se vincula (y acá entran todos los partidos, otra vez) con el endémico mínimo de un 10% de pobreza que tenemos desde hace décadas y que no logramos reducir. Entre otras razones porque es un problema multidimensional que no se arregla solo con transferencias económicas. Un instante después de tirar el dato, Cosse fue preguntada por la propuesta de plebiscito que promueve el PIT-CNT y que apoyan los sectores del Frente que respaldan su candidatura. La precandidata dijo que no quería contradecir lo que decidiera la fuerza política, que se encontraba discutiendo el asunto y que por eso de momento no iba a posicionarse al respecto.

    Es difícil entender la contradicción que existe entre alguien que cree, sin dudarlo, que el gabinete debe ser elegido por el presidente o, en su caso, la presidenta, y al mismo tiempo no asume la necesidad de liderazgo en un asunto que complica de manera casi terminal la posibilidad de resolver el tema de la pobreza infantil en el país. Porque la reforma que propone el PIT-CNT cuesta en su primer año 1.500 millones de dólares, cuatro veces lo que cuesta terminar con la pobreza infantil (los datos son de Cinve, no de “la derecha”). A veces parece que de tanto evitar pisar callos, Cosse puede terminar pegándole a la pata de la cama con el dedo chiquito del pie. Y eso suele doler un montón.