Todo el sistema político reivindica la laicidad en Uruguay, pero no todos interpretan que sea lo mismo. Por ejemplo, para unos es el principio “garante de la neutralidad del Estado”, mientras que para otros no se trata de un asunto de “neutralidad”.
Una agrupación cercana a la masonería organizó un coloquio sobre laicidad con el presidente del Codicen, Pablo Caggiani, el senador Robert Silva y el presidente de la Cámara de Representantes, Rodrigo Goñi
Todo el sistema político reivindica la laicidad en Uruguay, pero no todos interpretan que sea lo mismo. Por ejemplo, para unos es el principio “garante de la neutralidad del Estado”, mientras que para otros no se trata de un asunto de “neutralidad”.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl concepto genera tensiones y sobre esa disputa expusieron en el Palacio Legislativo el presidente del Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), Pablo Caggiani, del Frente Amplio, el senador Robert Silva, del Partido Colorado, y el presidente de la Cámara de Representantes, Rodrigo Goñi, del Partido Nacional. Quedaron en evidencia coincidencias, matices e incluso diferencias entre dirigentes del Movimiento de Participación Popular (MPP), el sector mayoritario del oficialismo.

“¿Está en debate la laicidad en Uruguay?” se tituló el coloquio que organizó la Alianza por la Educación y la Laicidad (APEL)-Instituto Laico de Estudios Contemporáneos, una organización paramasónica fundada en 1948. La laicidad es una bandera de la masonería y José Garchitorena, ex venerable gran maestro de la logia y actual ministro de la Corte Electoral, fue quien moderó el panel en calidad de director ejecutivo de APEL. “La laicidad en Uruguay ha sido entendida como garante de la neutralidad del Estado, enfocada a garantizar (que quede libre) el espacio público de proselitismo que pueda afectar la libertad de conciencia de las personas”, dijo Garchitorena, quien aclaró que “en los últimos años han surgido voces“ que plantean que “esta concepción de la laicidad puede atentar contra la diversidad cultural”.
Caggiani cuestionó la definición propuesta. Destacó que “la laicidad es el ADN de cómo entendemos la educación en Uruguay” y está asociada a “garantizar la posibilidad de elegir, no importa el nivel de conciencia o desarrollo de esos sujetos, particularmente las infancias”. El presidente del Codicen vinculó el concepto con “la libertad, la igualdad y con el arreglo de sociedad que tenemos”. Lo presentó como “un proyecto civilizatorio que nace con la Ilustración, que plantea la necesidad de regirnos por la racionalidad y la ciencia, y no por creencias o credos”. El dirigente frenteamplista remarcó que hay otros “arreglos de sociedad posibles” y que esto es parte de “las tensiones que han acompañado la construcción democrática y de la ciudadanía en Uruguay”. El jerarca desestimó que laicidad implique “neutralidad”, porque “no nos da todo lo mismo”. Y desarrolló: “No es que no se intervenga”, sino que “se interviene en este tipo de arreglo de sociedad”, que es el que “distribuye la educación” y por el que “el Parlamento legisla”.
La tensión que genera el concepto se traduce en sucesivos debates: que invitar al papa al Palacio Legislativo viola la laicidad; que también la viola organizar una charla del escritor argentino Agustín Laje en el Parlamento; que la visita de la esposa del presidente de la República a una escuela durante la campaña electoral también lo hace; y que tomarse una fotografía con una consigna política en un liceo es otro ejemplo. Caggiani, Silva y Goñi repasaron algunos de estos casos y reflexionaron sobre las fronteras de la laicidad.
Por su parte, el presidente de APEL, el abogado y catedrático Ruben Correa Freitas, también masón, fue quien abrió el coloquio y recordó que “cada tanto” el concepto de laicidad “entra en discusión”. El evento se realizó el jueves 19, que, desde 2018 y por iniciativa de APEL, es el Día de la Laicidad. La fecha coincide con el natalicio de José Pedro Varela, el fundador de la escuela laica y “prócer de la educación”, como lo llamó Correa Freitas, y con el aniversario de la Constitución española de 1812, a la que calificó como ”una Constitución liberal”.
En Uruguay no existe el cargo de primera dama, como sucede en otros países, pero las parejas de los presidentes han desempeñado roles en el gobierno. Lorena Ponce de León, esposa de Luis Lacalle Pou durante su mandato, no fue la excepción. Algunos de sus movimientos, en particular las visitas a escuelas públicas durante la campaña para las elecciones departamentales de 2020, generaron una reacción sindical y críticas de legisladores frenteamplistas.
En agosto de ese año, en el mes que antecedió a los comicios, Ponce de León entregó a una escuela de Artigas 50 carpetas de plástico reciclado de cartelería política. Lo hizo junto con jóvenes del Partido Nacional y con Pablo Caram, exintendente del departamento y por entonces candidato a la reelección. El entonces diputado frenteamplista Sebastián Sabini, del MPP, preguntó si su visita afectaba la laicidad. Unas semanas antes, Ponce de León había realizado una actividad similar en Lavalleja. La esposa del mandatario visitó una escuela y dos Centros de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF) acompañada por Adriana Peña, entonces intendenta del departamento y candidata a edila, y la exsenadora Carol Aviaga, candidata nacionalista a la comuna. La asociación de maestros de Lavalleja alertó que las candidatas estaban violando la laicidad y el diputado Javier Umpiérrez, del MPP, dijo a la diaria que las visitas “afectaban” ese principio.
El actual presidente del Codicen, también del MPP, tiene otra perspectiva. Recordó aquellas visitas de Ponce de León al dar tres ejemplos de episodios en que “las escuelas quedaron enredadas en una conversación que no tenía nada que ver con violentar la laicidad”. Caggiani pidió “ser muy guardián” de la laicidad, “pero también tener mucha confianza en que los docentes” la preservan.
Garchitorena invitó a Caggiani, Silva y Goñi porque han estado inmersos en “la praxis” de la laicidad. Y, aunque no lo dijo, también en polémicas por posibles violaciones de este principio: Silva, por su enfrentamiento con docentes del liceo de San José, a quienes acusó de violentar la laicidad al fotografiarse dentro del centro educativo con un cartel de “No a la baja” durante la campaña contra el plebiscito que impulsaba Jorge Larrañaga; y Goñi, por iniciar gestiones para invitar al papa León XIV al Parlamento y por haber pedido una sala del Poder Legislativo para la presentación del libro de dos autores que, según organizaciones feministas, difunden discursos de odio contra las mujeres.
Silva dijo que “una escuela laica” es “una escuela crítica” y que “muchos de los que se jactan de defender“ la laicidad, “con su accionar, la vulneran”. Si bien no se refirió explícitamente a los 15 profesores que fueron separados del cargo por seis meses con retención del 50% del salario por violar la laicidad en San José —cuyas sanciones fueron revocadas por la actual administración—, sí aludió a estos casos. El expresidente del Codicen recordó el artículo 58 de la Constitución, que consagra que “en los lugares y las horas de trabajo, queda prohibida toda actividad ajena a la función, reputándose ilícita la dirigida a fines de proselitismo de cualquier especie”. Y sentenció: “No vale aquello de que estoy en el lugar y saco el cartel”.
“Cuando nosotros procedimos a limpiar fachadas de los establecimientos educativos lo hicimos también defendiendo esos principios” de laicidad y respeto por las minorías, agregó.
Por su parte, el presidente de Diputados aclaró que es católico, pero defiende “a muerte” la laicidad para proteger “la libertad y la igualdad”. Goñi ató esta defensa a la gestión que hizo para que los autores argentinos Laje y Nicolás Márquez presentaran El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural en un salón del Poder Legislativo. A pesar de que militantes feministas pidieron suspender la actividad, Goñi la mantuvo: “Como legislador, ante la duda, yo prefiero la libertad”.
El diputado blanco dijo que en los próximos seis meses se sabrá cuán “maduros” están los uruguayos con respecto a la laicidad. Dijo que “muy probablemente” vendrá a Uruguay el papa, a quien definió como “probablemente el líder religioso más importante”. Goñi y otros diputados de diversos partidos comenzaron gestiones para invitar al sumo pontífice al Parlamento, lo que levantó la crítica del diputado frenteamplista Fernando Amado, quien alertó que “sería una grave violación de la laicidad republicana”, ya que el Estado uruguayo “no sostiene” ninguna religión. El presidente de la cámara planteó que “la laicidad se disfraza o pretende disfrazarse de su anticlericalismo en vez de decir ‘es un jefe de Estado, es un líder moral’”.
En el cierre de la charla, Garchitorena destacó la apuesta de los uruguayos por el diálogo y la convivencia. “Esto no cierra ninguna discusión ni ningún debate. Pretende ser un aporte a esa práctica a la que los uruguayos recurrimos para convivir”, sentenció.