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Sr. Director:
El Poder Judicial en peligro. Es con verdadero asombro e indignación que leí la nota incluida en la edición Nº 1.711 de Búsqueda, del jueves 2 de los corrientes, en la cual se informa que dirigentes de varios sectores del Frente Amplio plantean en forma “urgente” introducir reformas en nuestro Poder Judicial para “democratizarlo... a la uruguaya” (sic) como queriendo tomar distancia de las reformas “a la argentina”, pese a lo cual es evidente dónde está la fuente inspiradora de tal asombrosa iniciativa.
Las “razones” esgrimidas por los reconocidos juristas Lorier, Pardiñas, Rubio, Castillo, Read y Sánchez —entre otros—, profundos estudiosos y versados en cuestiones judiciales, son variadas: como que las sentencias de la SCJ (sobre todo las últimas en temas sensibles al gobierno de turno) “...van contra las mejoras y avances populares”, que no son “neutrales” sino funcionales a “los intereses de la derecha”, que hay que conseguir una “democratización” de la justicia inspirada en la reforma judicial que lleva adelante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (faltaba más, siendo un ejemplo a imitar tan cercano), que se trata de uno de los poderes más “opacos” de la institucionalidad uruguaya, que hay que remover “las trabas institucionales” y lograr que “la ciudadanía tenga mayor incidencia” y, ya que estamos, extender también los “cambios” al Tribunal de lo Contencioso Administrativo y al Tribunal de Cuentas.
Si bien por ahora la “inquietud” de algunos dirigentes y sectores no es —por suerte— una decisión política del Frente Amplio como tal, la mera posibilidad que lo sea pone los pelos de punta a cualquier ciudadano o habitante de este país porque anuncia por dónde y hacia dónde va el gobierno, atentando una vez más contra la Constitución vigente y contra los mas arraigados principios democrático republicanos. Ninguna de las vagas “razones” pueden justificar tamaño dislate y son sus propios promotores que admiten la verdadera motivación de la iniciativa: el “disgusto” que causaron en el seno de la “fuerza política” que nos gobierna algunas sentencias de inconstitucionalidad dictadas últimamente por la SCJ, amén de un traslado de una jueza en particular (competencia privativa de la SCJ que anualmente resuelve cientos de traslados).
Según los más serios analistas especializados de la vecina orilla, las “reformas K” tienen como único objetivo asegurar a la Sra. Cristina y a su entorno la más absoluta impunidad respecto a las detonantes denuncias públicas de corrupción, sometiendo aún más a los jueces argentinos al poder político de turno (ninguna de las múltiples denuncias han prosperado) y de paso asegurarse una futura impunidad y un sometimiento total de la judicatura a un nuevo Consejo de la Magistratura planeado “a medida” de los deseos y propósitos “K”. Pero entonces uno se pregunta, de este lado del río, ¿cuáles son los objetivos que se persiguen con esta nefasta iniciativa que apunta a eliminar nada menos que la independencia del Poder Judicial? El kirchnerismo ha proclamado sin pudor alguno que “va por todo” (y los hechos lo demuestran). Los imitadores vernáculos, ¿apuntan en la misma dirección?
Pobre Uruguay y pobres los ciudadanos no frentistas (más o menos la mitad del país según las encuestas más autorizadas). Se habrán perdido definitivamente las más elementales garantías republicanas consagradas en la Constitución (ese “librito” burgés que molesta y pone “palos en la rueda”) por las cuales tanto lucharon y ofrendaron sus vidas nuestros próceres y de las cuales antaño nos enorgullecíamos los uruguayos. Todo sea en aras de “profundizar” los cambios “progresistas” como algunos proclaman por ahí y otros (¡de las mismas tiendas!) controvierten.
Como tampoco se debe ser refractario a los cambios (cuando sean para mejorar) sería sumamente interesante que los promotores de la iniciativa especificaran claramente en qué consisten exactamente las “reformas a la uruguaya” que proponen introducir en el Poder Judicial, cuáles sus exactos alcances y de qué manera se asegurarán las libertades y derechos ciudadanos que la Constitución consagra y que hoy corren serio peligro en las manos y en las mentes de los admiradores de la Sra. Cristina.
Dr. Mario Camaño Iriondo
CI 1.493.128-5
Sr. Director:
“Seres superiores”. Comentarios con relación al artículo publicado por Búsqueda el 2/5, sobre “democratización” del Poder Judicial a la uruguaya. Es habitual: siempre copiando los malos ejemplos de Argentina.
El Frente Amplio ha sido especialista en poner trabas a todo; ahora argumentan que el Poder Judicial pone “trabas institucionales”. Señores, vamos primero a dedicarnos a corregir lo posible, como ser las trabas humanas, las sindicales, que siempre están pidiendo más sueldos, y de producir más ni hablamos, aumentando el ausentismo no solo por no ir sino por no estar nunca en los puestos de trabajo, mientras los que pagamos sus sueldos hacemos largas colas esperando que nos atiendan, y ni sillas para sentarse en algunos lugares hay, cuando muchas veces hay mujeres embarazadas, personas de edad o discapacitados esperando de pie.
Sr. Rubio, Sr. Pardiñas, PIT-CNT, Frente Amplio, ¿eso no lo ven? ¿No llega a sus oídos? ¿Esas situaciones son tan difíciles de mejorar? ¿Es más fácil modificar la Constitución para arreglar los supuestos errores de la SCJ? Sr. Rafael Michelini, ¿es necesario crear otro ministerio para controlar a la SCJ? Seguimos aumentando el gasto, ¿hasta cuándo? No vaya a ser que a los iluminados gobernantes un día, en vez de proponer cambios tan importantes como modificar la Carta Magna, se les ocurra que podemos ser más eficientes con lo que ya tenemos. Somos campeones en crear burocracia. Claro, se necesitan votos para las próximas elecciones.
¡Qué casualidad! Cuando la SCJ, toma tres resoluciones seguidas que no son del agrado de nuestros gobernantes, enseguida hay que cambiar. Porque como está, está mal. Por supuesto no soy quien para determinar si está bien o no, para eso están los expertos en el tema. Pero me atrevo a decir que no se puede salir tan alegremente a plantear una reforma constitucional o una ley ante tan cara institución para los uruguayos. Esto debería estar en los proyectos de gobierno. Si es que está tan mal diseñada nuestra justicia, ¿por qué no lo propusieron en el plan de gobierno antes de las elecciones, en forma clara y entendible para todos los uruguayos? Y si el pueblo los vota, adelante con esas reformas.
Creo además, que cada organismo o institución está para lo que fue creado y por supuesto que todo es perfectible, pero resulta que en estos temas hasta el PIT-CNT opina y juzga sobre la SCJ. Siguiendo la línea de pensamiento, creo que el PIT-CNT fue creado para otros fines, en los cuales tienen mucho terreno para trabajar y mejorar.
Cuando la justicia falla a favor, está todo bien, pero cuando no es así, “son una corporación de perfectos”; lo dicen ellos por los cinco miembros de la SCJ. Aplican las leyes a su saber y entender, pueden acertar o equivocarse, porque son humanos, pero con la salvedad que los casos en que tienen que fallar, son de extrema delicadeza. Es fácil criticar al otro.
Según dice Rubio: “No sabemos si hay una gestión eficiente de recursos humanos”. ¿Acaso el gobierno administra bien los recursos? ¿Se han dado cuenta de que hace casi 9 años que son mayoría? Entonces, ¿es que tampoco hay recursos para combatir la delincuencia, la violencia en el fútbol, los problemas en la salud, la educación, la vivienda, la suciedad, el tránsito, los carritos, etc., etc.? Si la última década ha sido la mejor económicamente en la historia del país, ¿no hay recursos? ¿Por qué no se hacen bien primero estas cosas básicas para lo que fueron elegidos y para lo cual les pagamos un sueldo (y todavía cuando se equivocan no tienen ningún tipo de responsabilidad ante nadie, ni consecuencias económicas propias)?
Hablando de reformas, el único camino es que apostemos a la verdadera educación, la que inculca verdaderos valores y verán cómo a largo plazo tendremos el país que todos queremos. Demos cultura y valores al pueblo uruguayo, y no “pan y circo”, no salgamos todos los días con cosas nuevas y descabelladas para distraer la atención de los verdaderos y profundos problemas que tenemos. (O tal vez no hay voluntad de dar educación, porque no vaya a ser que los uruguayos aprendamos a pensar).
¿De qué seres superiores nos hablan? ¿De qué cambios en las ideas de justicia, tanto sociales como políticas, cuando el gobierno da generosos planes de asistencia a cambio de nada, y se da cuenta varios años después de que no tienen el software adecuado para realizar el control de la contrapartida esperada? ¿Eso es justicia? ¿De qué justicia hablamos cuando los gobernantes reciben a una persona que no está reconocida aún como presidente electo legalmente de Venezuela, y que en la Asamblea de dicho país no dejan hablar a la oposición? ¿Eso es justicia?
No van a poder convencernos de que son los dueños de la verdad, ni ellos tampoco “son seres superiores”.
Juan Carlos Rijo
CI 1.408.716-7
Sr. Director:
Ataque gratuito de un CIA fallido. En la pasada edición de Búsqueda se publicó un artículo que contenía, entre otras, declaraciones del señor James Tull, ex funcionario de la Embajada de los Estados Unidos en el Uruguay, referidas al período histórico de las décadas de 1960 y 1970, entre las cuales hace apreciaciones que rayan en el agravio a la memoria del presidente Jorge Pacheco Areco.
No hay que ser muy lince para darse cuenta que el señor Tull, por su posición en la embajada y actividades que desarrollaba, pertenecía a la estructura de la CIA y en principio me llamó la atención su resentimiento con Pacheco.
Pero la historia se remonta mucho más atrás, y el señor Tull seguramente cuando la Agencia lo destina al Uruguay no se tomó el trabajo de informarse debidamente de los antecedentes del que luego sería el primer mandatario uruguayo. Pacheco desde los años 50 mantenía buenas relaciones con los sucesivos gobiernos norteamericanos y era respetado por su labor periodística desde distintas posiciones hasta que ocupó la Dirección del diario “El Día” y, como diputado, ya hacía tiempo que había estrechado lazos con la mayor democracia del planeta.
Ya ejerciendo la Presidencia, e inmerso en una guerra sin cuartel contra el movimiento tupamaro que robaba, secuestraba y mataba, Pacheco sufrió el tener amigos directos secuestrados a morir, circunstancia que no condicionó la aplicación de su política de no negociar con terroristas y someterse a una cadena posterior de chantajes. Tal política se conoció como la “Doctrina Pacheco” y le valió no pocos elogios a nivel internacional, inclusive en los Estados Unidos. Pero las cosas ruedan mal a partir del secuestro del ciudadano americano Dan Mitrione, compañero de trabajo en aquel entonces del señor Tull. Las presiones por parte de la Administración Nixon sobre el gobierno uruguayo con la finalidad de que negociara la liberación no se hicieron esperar, mas chocaron contra la férrea decisión de Pacheco de no transar.
El resto es historia: los tupamaros asesinaron vilmente al funcionario americano, cubriendo a nuestro país de un manto de vergüenza sin antecedentes.
Los facilistas reprocharon al mandatario uruguayo el no haber negociado y evitado el asesinato, ante lo cual Pacheco subió la apuesta; reunió a su equipo de seguridad presidencial y, sabedor de que sus hijos menores eran objeto de una vigilancia de inteligencia por parte del MLN, les manifestó que la vida y seguridad de sus más grandes amores estaba en manos de ese conjunto de funcionarios policiales, en virtud de que su política de no transar con terroristas sería sostenida hasta las últimas consecuencias.
Y hoy, cuarenta años después de aquellos aciagos días, leo con disgusto las declaraciones del señor Tull e interpreto que responden al resentimiento que mantiene sin duda por la aplicación de aquella doctrina que resistió a sus presiones y que lamentablemente fue el ámbito en el cual se produjo el asesinato de Mitrione.
Sin embargo no aparenta estar resentido contra quienes oprimieron el gatillo para sellar una muerte.
A veces, los gobiernos americanos tienen actitudes incomprensibles; tema ya analizado por Danilo Arbilla en su recordado artículo “Palomas de Campanario”, en referencia a su propensión de “ca...” a los fieles. Con la única salvedad de que Jorge Pacheco Areco supo comportarse con lealtad pero con independencia de un gobierno amigo.
Andrés Merino Pacheco
CI 1.504.167-3
Sr. Director:
Leí con atención y perplejidad una nota publicada en la última edición de Búsqueda (Nº 1.711), en la que ex diplomáticos norteamericanos expresan su opinión histórica sobre sucesivas administraciones políticas uruguayas y sus gobernantes. En particular, leí detenidamente las opiniones de un tal James Tull, oficial de asuntos políticos de la Embajada estadounidense en Montevideo, quien se refiere al ex presidente Jorge Pacheco Areco como “ex boxeador y político fallido” y califica su administración presidencial (diciembre de 1967 a marzo de 1972), “como débil, miedosa y estúpida, que no toleraba críticas, recurría permanentemente a las medidas prontas de seguridad y censuraba a la prensa”. Creo que vale la pena hacer algunos comentarios y aclaraciones.
No sé quién es este Tull, pero sí sé muy bien quién fue Jorge Pacheco Areco. Me causó perplejidad que es la primera vez que leo algo sobre Pacheco Areco que no haga referencia a su carácter arbitrario y autoritario, sino todo lo contrario. Para Tull, Pacheco fue débil, miedoso y estúpido. ¡Esto sí que es nuevo! Recomiendo leer la nota, porque no tiene desperdicio. Principalmente porque Tull confiesa su intromisión en los asuntos internos de una nación soberana ante la cual estaba acreditado como diplomático, “colándose en movilizaciones callejeras de grupos de izquierda” y admitiendo que “mantenía contactos con miembros del gobierno y la oposición. Incluso, tuvieron un par de contactos tentativos y de segunda mano con el movimiento tupamaro —‘la Orga’— pero no llegaron a nada útil”. Increíble, ¿verdad? Este señor Tull tiene un olor a CIA que apesta, pero bueno, así eran las cosas en aquella época, donde, por un lado, la Unión Soviética (a través del Partido Comunista y la CNT) y Cuba (a través de los tupamaros) querían derrocar la democracia uruguaya para instalar en el país una dictadura marxista leninista; y, por el otro lado, los Estados Unidos le daban manija a los napoleones uruguayos para que aprovecharan el desorden como excusa y dieran un golpe de Estado, instalando un gobierno que les garantizara, por lo menos, no ser marxista. La libertad y los derechos humanos no interesaban mucho.
Pacheco Areco no fue un boxeador. Dogomar Martínez fue un boxeador. Pacheco fue un aficionado al boxeo. Pero, además, no sé por qué quienes tachan a Pacheco de “boxeador” pretenden de esa manera denostarlo o insultarlo, como si ser boxeador fuera una cosa espantosa. Tal vez si hubiera jugado al fútbol lo tacharían de “futbolista,” porque no fue abogado o médico. Tampoco fue un “político fallido,” como se afirma. Fue director único del diario “El Día”, desde donde impulsó con sus editoriales la reforma naranja y promovió la candidatura de Gestido a la Presidencia de la República. Fue cofundador de la Unión Colorada y Batllista. Fue electo diputado y a la postre vicepresidente de la República. Asumió la Presidencia de la República en diciembre de 1967 tras la muerte del presidente Oscar Gestido. Tenía tan solo 47 años de edad. Le tocó inaugurar una Constitución nueva, fruto del triunfo de la reforma naranja, que cambió el gobierno colegiado por un Poder Ejecutivo unipersonal. Recibió el país en medio de una gran crisis económica, con una inflación del 138% anual. Los especuladores escondían los alimentos que integraban la canasta básica familiar. La delincuencia económica era rampante, con agiotistas prestando con tasas de interés usurarias. Fruto de la guerra fría, que vivió uno de sus peores momentos en 1968 y 1969, le tocó enfrentar a la sedición asesina, organizada y entrenada en Cuba desde principios de la década y a la desestabilización permanente de la CNT y la FEUU, insuflada desde Moscú, con paros arbitrarios y demostraciones violentas, donde murieron obreros, estudiantes y policías. Ejerció la autoridad dentro de la ley y la Constitución, hecho este reconocido hasta por el propio Líber Seregni, en el libro de Samuel Blixen “Seregni, la mañana siguiente” (1997). Fue llamado a una lucha que no quiso, ni pidió. Puso orden donde había desorden. Congeló precios y salarios, abatiendo la inflación al 18% anual y generando el mejor salario real de los últimos tiempos. Creó la Coprin para combatir la especulación y asegurar el suministro de los artículos de primera necesidad. Extendió la soberanía en 200 millas marítimas, creó el Plan Nacional de Vivienda, el Plan Citrícola, el Plan Arrocero, inició la negociación de límites con la Argentina, hizo los tratados para la construcción de los puentes sobre el río Uruguay y la represa de Salto Grande. Es cierto que tuvo que recurrir a las medidas prontas de seguridad, que son una herramienta constitucional que existe en la Constitución desde 1830. Pero el dueño de las medidas es el Parlamento, quien debe votarlas y puede levantarlas cuando quiera. Durante su gobierno hubo plena separación de poderes. Los sediciosos detenidos se escapaban por las ventanas de los juzgados. La oposición democrática y legal censuraba a los ministros del gobierno. Censuró periódicos y pasquines que atentaban contra la seguridad y el orden democrático, porque exaltaban la lucha terrorista o invocaban al desorden, donde habían pérdidas materiales y humanas. Enfrentó con una mano a la sedición de izquierda y al comunismo y con la otra a los militares golpistas, que no querían que hubiera elecciones en 1971. Hubo elecciones libres y democráticas pese a los enfrentamientos y, al no poder ser reelecto, pese a haber sido el hombre más votado en la historia del país, dejó el gobierno en el tiempo constitucional, acatando el mandato del soberano, no como el Frente Amplio que lo desoyó dos veces. Dejó a su Partido Colorado victorioso en el poder y se fue del país para no constituirse en un factor de poder. No fue ningún político fallido, sino todo lo contrario.
El problema con este Tull y los estadounidenses de la época es que no veían en Pacheco Areco a un aliado, porque no era un hombre que se dejara intimidar o gobernar por los Estados Unidos. La frustración de Tull radica en que cuando los tupamaros secuestraron a Dan Mitrione (agente de la CIA que entrenaba a la Policía uruguaya en la lucha contra los tupamaros) en julio de 1970, los estadounidenses no pudieron convencer a Pacheco de que rindiera su gobierno a la sedición para salvar a Mitrione. La política de Pacheco Areco fue no negociar con delincuencia subversiva. Las presiones fueron terribles. El presidente Nixon le mandó una carta a Pacheco pidiéndole que negociara con los terroristas y Pacheco le contestó a Nixon con una carta histórica, donde, más o menos, le dijo que Estados Unidos estaba enfrascado en una lucha en el sudeste de Asia para defender la democracia del comunismo, lucha que el Uruguay apoyaba. En esa guerra para defender la libertad, mueren miles de jóvenes conscriptos norteamericanos. “¿Usted me pide que rinda mi gobierno por un solo hombre, un profesional, que sabía a qué se exponía haciendo su trabajo?”. Nixon no contestó esa carta, ni volvió a intentar hablar con Pacheco Areco. Mitrione apareció muerto días después, con los ojos vendados y las manos atadas a su espalda, asesinado de tres disparos: dos en la cabeza y uno en el tórax. Estados Unidos nunca le perdonó eso a Pacheco Areco. Nunca le perdonaron que no fuera dócil con sus designios. ¿Por eso miedo, debilidad, estupidez? Todo lo contrario. Pacheco Areco fue un verdadero hombre, un líder, un presidente de la República. Un defensor de la patria y de los más humildes. Sobre todo, un hombre honesto. Pacheco Areco fue el campeón de la democracia en el Uruguay. Nixon, en cambio, no pudo terminar su gobierno.
Jorge Pacheco Klein