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    Cartas al Director (II)

    Historia reciente (I)

    Sr. Director:

    Ante la extensa carta del presidente del Partido Independiente, Sr. Pablo Mieres, agradezco que —bajo mi firma— publique mi contestación, menos extensa que la suya. Gracias.

    Julio de Fuentes

    CI 1.451.683-3

    La tergiversación del Sr. Pablo Mieres. Estimado Sr. Pablo Mieres: Comenzaré mi comentario sobre la carta en la que critica el libro del Dr. Julio M. Sanguinetti, adelantándole que tengo la opinión que usted es una figura política que se ha ganado debido respeto. Bien ganado —agregaría— ya que le reconozco una trayectoria y preparación para la tarea pública que bien querríamos encontrar más a menudo en el resto del espectro político. Que yo no lo vote no me inhibe de reconocer sus virtudes. Por lo tanto, nada de cuanto expresaré a continuación pretende menoscabarlo ni desacreditarlo, y mucho menos faltarle el respeto. Pero llamaré a las cosas por su nombre.

    Tampoco tengo la intención de asumir la defensa del presidente Sanguinetti, prestigiosa figura que no lo necesita y a la que también respeto, aunque —sin embargo— no voté ni habría votado jamás. Aclaro que no es por un lapsus que me refiero a él como presidente, sino porque soy de la opinión que ese título —tal como otros— no se pierde una vez obtenido. Finalmente, tampoco mis comentarios pretenden enlodar —sería un intento vano y además injusto— la memoria del Gral. Líber Seregni, con quien —aunque tampoco lo habría votado nunca— reconozco que todos los uruguayos estamos en deuda ante su acto de inmolación que le valió doce años de prisión en durísimas condiciones.

    Lo que ocurre es que, al leer su carta, me vino enseguida a la memoria la sentencia bíblica: “El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”. ¿A qué me refiero? A que también usted incurre en la tergiversación que critica al Dr. Sanguinetti. Le cabe pues también a usted la pregunta con que comenzó su propia carta, y que le retorna como un boomerang: “¿Será imposible que los actores políticos principales puedan asumir un relato histórico que no tergiverse los hechos ocurridos en nuestra historia reciente?”. Tal parece que, en efecto, es imposible pues, como verá, usted tergiversa a su vez. Lo hace en su carta, y también en un reciente spot publicitario suyo, utilizando inaceptablemente la imagen de Wilson Ferreira Aldunate (y la de Zelmar Michelini) en su propaganda, para su provecho. Ha caído en la tentación de utilizar la figura de Wilson, Sr. Mieres, y eso tergiversa la historia, pues induce a pensar que usted y Wilson tuvieron alguna vez algo que ver. Y ello NO es cierto, ¿verdad?

    Más allá de detalles, es compartible para mí el contenido de su carta solo hasta que se llega a los párrafos en los que se refiere al encuentro entre Wilson y Sanguinetti en Santa Cruz de la Sierra, en agosto de 1983. En dichos párrafos, ante las referencias a la postura del Gral. Seregni, usted intenta señalar tergiversación de Sanguinetti pero, en realidad, comienza la suya propia.

    El primer mecanismo que utiliza es desenfocar la atención, apartándola de lo que es medular. Todo lo contrario de lo que Carlos Vaz Ferreira pretendió que aprendiésemos. En efecto, el Dr. Sanguinetti menciona la coincidencia estratégica entre el Partido Colorado y el Frente Amplio, es decir la coincidencia entre Sanguinetti y Seregni, a quien usted seguía y admiraba entonces como ahora. Ambos sostenían —según Sanguinetti— la estrategia contraria a la de Wilson. Usted inmediatamente desenfoca al lector diciendo: “Más allá del acierto o no de la referencia de la postura política del Gral. Seregni, ¿cómo sabía Sanguinetti la opinión de Seregni?”. Pero Sr. Mieres, ¿cómo “más allá del acierto o no”?. ¿Hay alguna duda acaso de que la verdad histórica es que Seregni coincidió con Sanguinetti? Es más, hizo factible la estrategia de Sanguinetti. ¿Pretende usted llevar al lector a que se interese por “¿cómo sabía Sanguinetti la opinión de Seregni?” y de ese modo se desinterese de lo medular, que es la absoluta coincidencia colorado-frentista que usted aplaudía por aquellos tiempos. Porque la verdad es ésa, ¿no es así? Y usted la aceptó, ¿verdad?

    Lo sustancial es lo que Seregni pensaba —aunque usted, fiel al General, lo intenta minimizar— y no cómo fue que Sanguinetti se enteró de lo que Seregni pensaba.

    Yo no tengo idea de dónde obtuvo esa información Sanguinetti, pero ¿le parece a usted acaso mera coincidencia que solo 12 exactos meses después del encuentro de Santa Cruz, Sanguinetti, Seregni y sus seguidores (entre ellos usted) salieran a explicarnos a los uruguayos las “maravillas” del Pacto del Club Naval, que consagró exactamente lo que Sanguinetti pronosticó? ¡Solo 12 meses! ¿De veras pretende usted que quienes leemos su carta nos distraigamos en elucubrar cómo hizo Sanguinetti para saber lo que usted no sabía, en lugar de enfocarnos en la hasta hoy inexplicada voltereta de Seregni pactando lo que pactó? Por entonces usted, muy lejos de irse del Frente —como luego hizo— aplaudía. Vaya anotando, Sr. Mieres —para no tergiversar la historia— qué lejos estaba usted de Wilson y de poder usar hoy su imagen.

    Más adelante insiste en tergiversar, pero esta vez con el recurso del eufemismo. Señala refiriéndose a la postura de Seregni (y, de paso, mimándolo): “…existió una coincidencia de intereses coyunturales que permitió la participación común en el proceso de negociación con los militares en 1984, aunque no es obvio que esto estuviera definido con claridad en el famoso encuentro de Santa Cruz de la Sierra”.

    Magistral tergiversación la suya, estimado Sr. Mieres, quitándole importancia y llamando eufemísticamente “coincidencia de intereses coyunturales” a la siguiente pequeña coincidencia: que se hicieran elecciones, pero con Wilson proscripto y preso. ¡Casi nada lo del ojo! ¿Y con quiénes “coincidió coyunturalmente” Seregni (y usted)? ¡Con los militares que detentaban el poder de aquella dictadura —que preferían a Sanguinetti de presidente— y con el Partido Colorado, que también prefería a Sanguinetti de presidente! Y el General, ¿a quién prefería? Mientras tanto, con Wilson preso, usted aplaudía el pacto.

    El tiempo siguió avanzando. El 19 de marzo de 1984 —7 meses después del encuentro de Santa Cruz de la Sierra— se produce la liberación del Gral. Seregni. Un mes más tarde, el 16 de abril, es asesinado el Dr. Roslik —última víctima de la dictadura— en la Región Militar a cuyo mando creo que estaba el General Medina (no lo sabíamos aún, era el futuro negociador). Casi dos meses después, el 10 de junio, fallece el Dr. Carlos Quijano, no sin antes hacer saber por carta desde México —previendo cómo venía la mano y la suerte que correría Wilson— que opinaba que no estaban dadas las condiciones para negociar. Finalmente, Wilson retorna y es apresado el 16 de junio. ¡Hacía ya 10 meses que Sanguinetti había adelantado lo que haría Seregni!

    El Partido Nacional no estuvo de acuerdo en negociar con Wilson preso. Wilson tampoco. El Dr. Quijano falleció sin saber que, solo tres semanas más tarde de su sepelio, su querido Frente igualmente —contra su parecer— concurriría a negociar, y mucho menos imaginó lo que en solo 30 días de negociación el Frente pactaría. Usted, en cambio, aprobaba. ¿Aprecia la distancia que le separa de Wilson, Sr Mieres, y por qué debería dejar su imagen en paz?

    ¿No es cierto, estimado Sr. Mieres, que lo que a cualquier lector atento debería interesarle a propósito de este episodio, lo realmente importante, es saber y entender por qué el Gral. Seregni decidió pactar —lo que tuvo el inmediato efecto de paralizar las (uso SUS palabras, Sr. Mieres) “movilizaciones populares, instrumento clave en cualquier interpretación objetiva de los hechos”— mucho más que fantasear acerca de si Sanguinetti se enteró de la postura del Gral. Seregni por un emisario, o por un familiar, o por una carta sacada a hurtadillas, o si lo dedujo, o si lo inventó, o si se lo contó un pajarito, que es hacia donde usted busca despistar al lector que se distrae?

    La historia, SIN tergiversaciones, debería destacar este hecho —el inesperado giro del Gral. Seregni— y no disimularlo para que no sea analizado, casi acariciándolo bajo el inocente comentario de que fue una “coincidencia de intereses coyunturales”. ¡Por favor! Esto no fue coincidencia coyuntural. Fue simplemente estrategia. Una asociación de dos fuerzas políticas (Parido Colorado y Frente Amplio) cuyos propósitos coincidían, hecho que normalmente sucede en política —hace a su propia escencia— y que no debe ser vergonzante si se actúa de buena fe. Lo que me pregunto es por qué entonces lo ocultan, lo disimulan, tergiversan, como usted lo hace hoy. ¿Les avergüenza?

    ¿Por qué, Sr. Mieres, si realmente fue un hecho político bisagra en nuestra historia, producto de “brillante” negociación, no es orgullosamente exhibido por los pactantes? nadie, repito, nadie conmemora cada 3 de agosto el Pacto del Club Naval que —según los pactantes que usted apoyó— puso punto final a la maldita dictadura. ¿Acaso usted les cuenta orgullosamente a los jóvenes del Partido Independiente de qué lado del mostrador estuvieron usted y el resto de vuestros dirigentes en ocasión de aquel Pacto, o lo esconde? En este caso, ¿no es verdad que tergiversa por omisión? ¿Qué hace entonces la foto de Wilson en su spot, Sr. Mieres?

    Wilson diría más tarde en una entrevista (cito de memoria): “La dictadura estaba muerta. Nunca vi un régimen más muerto que ese. Pero el problema es que se les murió demasiado rápido, y entonces a darle oxígeno de apuro, a desmovilizar a la gente asustándola con que los militares no se iban si no se entregaba la consigna de elecciones libres”. Esto opinaba Wilson. Usted lo contrario. Siga anotando qué lejos usted de él.

    Sin aplaudirlo, debe reconocérsele al Dr. Sanguinetti que al menos él avisó cuál era su postura en ese encuentro. Mas él no hubiera podido con su estrategia en solitario. Necesitaba a alguien más que lo hiciera posible —un socio— y ese fue Seregni. Lo siento si a usted le arde la verdad. Wilson —ingenuamente— nunca lo creyó posible, pero comprobó desde la cárcel que sí lo fue. En suma, Sanguinetti avisó y Seregni no. Usted seguía fiel a su líder. Sin embargo, en su spot no pone la foto de Seregni. Pone la de Wilson. ¿Por qué tergiversa, Sr. Mieres?

    Descuento que usted estuvo —como yo— en el acto del Obelisco. El Goyo —malherido— lo denominó “cambalache”, ¿recuerda? Aquel 27 de noviembre de 1983, solo 3 meses después de Santa Cruz de la Sierra, el estrado rezaba: “Por un Uruguay libre y sin exclusiones”. ¡Sin exclusiones! ¿Usted les creyó? Yo sí. Simultáneamente el Gral. Seregni, seguramente emocionado desde la vergonzosa mazmorra en la que padecía, aparentemente tenía otro plan. Usted aplaudía en el Obelisco. Pero después también aplaudió el Pacto que consagró lo contrario del Obelisco: un Uruguay con exclusiones. Con el detallecito que, entre ellas, estaba la de Wilson, el único candidato que podía disputarle la Presidencia a Sanguinetti. Y la frutilla de la torta: no solo excluido, sino preso e incomunicado, mientras Sanguinetti y Seregni recorrían el país en campaña proselitista que, imagino, usted habrá seguido entusiasmado.

    ¿No es una verdad histórica —ya que dice que ella es lo que usted defiende, Sr. Mieres— que en términos relativos, es decir políticamente, no era lo mismo la proscripción de Wilson que la de Seregni, o la de Jorge Batlle, o la suya, o la mía, o la de nadie? La del hombre que podía ser presidente era la más determinante. La suerte de la República se hallaba en juego. Vaya anotando, estimado Sr. Mieres, para construir la verdad, dónde estuvo usted y dónde Wilson —ése cuya imagen ahora usted utiliza en su propaganda— en toda esta peripecia.

    Interpretando la cabriola del Frente Amplio —es decir, la de Seregni— Wilson reflexionaría más tarde con su mortífera ironía (cito de memoria): “¡Todo lo entregaron por una alcaldía!”. Es decir que Wilson interpretaba que el Frente Amplio, consciente que por la Presidencia “no corría”, renunció a los compromisos asumidos en el Obelisco solo para intentar ganar una Intendencia, entregando en bandeja la Presidencia a Sanguinetti. Por qué poquito, ¿no? Como diría alguien, al bajo precio. Quizás usted se encuentre entre quienes se puedan haber molestado con Wilson por aquella interpretación. Tiene derecho. Pero entonces, ¿qué vericueto ha seguido su mente para creerse con el derecho de hacer propaganda con la imagen de Wilson? No tergiverse, Sr. Mieres.

    Pero hay más. Se pactó que, a cambio de elecciones, el Partido Colorado y el Frente Amplio se comprometían a cumplir algunas cosas, entre ellas:

    1) mantenimiento del Cosena;

    2) aceptar la injerencia de los militares en la futura selección de los mandos (los designaría el Poder Ejecutivo, pero obligado a seleccionar solo de entre una lista de nombres que los militares propondrían);

    3) creación de nueva figura de Estado de Emergencia;

    4) Asamblea General Constituyente el 31 de julio de 1985, para reforma constitucional que regiría a partir del 1º de marzo de 1986.

    ¿No es cierto, Sr. Mieres, que absolutamente nada de lo pactado por ustedes fue cumplido? De lo pactado por escrito, debe aclararse. ¿No es verdad histórica que ninguno de los pactantes reclamó por el incumplimiento? ¿No es acaso cierto que el único partido que no había pactado —el Partido Nacional— llamó la atención acerca de que se aproximaba la fecha de la “famosa” Constituyente y que los pactantes miraban para otro lado? Pero, ¿no habían acaso afirmado ustedes que si no se pactaba los militares no se iban? ¿No era que ellos todavía eran suficientemente poderosos? ¿No es verdad que, si los militares todavía tenían tanto poder que “hubo necesidad” de pactar porque de lo contrario se quedaban (tesis de ustedes, los pactantes), ellos habrían entonces retomado el poder ante la flagrante violación de vuestra promesa? ¿Qué pasó que ya no constituían una amenaza? ¿En solo 4 meses las FFAA ya habían perdido todo su vigor y se había desarticulado su maquinaria?

    ¿No es verdad entonces que el pacto —me refiero al pacto escrito, ése que usted avaló con su militancia frenteamplista— no fue por lo tanto más que una charada que a ninguno interesaba cumplir ni hacer cumplir? ¿No es cierto que esto motivó la célebre afirmación del senador Juan Martin Posadas: “Del pacto del Club Naval lo único que se cumplió es lo que no estaba escrito”? ¿No es verdad histórica —en cuyo honor imagino que usted instruye a los jóvenes de su partido— que las conversaciones del Pacto fueron secretas, y que no se labraron actas, y que por tanto nunca sabremos con exactitud?

    ¿No es verdad histórica, estimado Sr. Mieres, que a la salida del Club Naval, ante la pregunta de un periodista el Gral. Medina lacónicamente contestó: “Nadie entrega todo por nada”?. Y si todo lo prometido por escrito se incumplió —y a Medina y a las Fuerzas Armadas ello no les movió un pelo—, ¿qué es entonces lo que Medina consiguió en aquellas negociaciones secretas? ¿No es verdad histórica que ninguno de los dirigentes frenteamplistas —y tampoco usted— salió a pararle el carro a Medina corrigiéndolo y aclarando que nada se le había prometido más que lo escrito? ¿No es verdad —como dijo Wilson— que callaron?

    En el acierto o en el error, Wilson murió convencido de que —por acción u omisión— el Pacto del Club Naval consagró la impunidad de los militares. Usted no opina como él, ¿no es así? Está en su derecho. Vea pues qué lejos estaría Wilson de aprobar que usted use su foto en su spot.

    Se anunció por entonces en mi barrio que el Dr. Hugo Batalla —líder del movimiento que usted integraba— se haría presente en el salón del edificio de viviendas sito en Bvar. Artigas, al lado del Canal 5. Concurrí a escucharlo. Luego de su larga justificación y defensa del Pacto, recuerdo que un militante frenteamplista le preguntó angustiado: “Pero lo que yo quiero saber es qué les respondo a los blancos cuando me dicen que los traicionamos”. No voy a referirme a la lamentable respuesta de alguien que ya falleció y que no convenció a nadie aquella noche, pero usted militaba con Batalla, ¿verdad?

    ¿Por qué entonces, Sr. Mieres, en lugar de la foto de Wilson, no utiliza usted en su spot publicitario la de Batalla, a quien usted admiraba y hasta siguió en su abandono del Frente? ¿Acaso sus asesores de marketing le instruyeron que no es bueno para su imagen aparecer junto a quien luego fue vicepresidente por el Partido Colorado y posibilitó —¡por segunda vez!— que Sanguinetti fuera presidente? ¿No conviene que sus potenciales electores de “centroizquierda” recuerden o sepan esto? En cambio, la imagen de Wilson —de quien se ha vuelto moda que hasta sus detractores de siempre ahora, ya muerto, lo elogien— algún voto confundido puede arrimar, ¿no es así? Por favor no tergiverse, Sr. Mieres.

    La distinta interpretación con que se contradecían los pactantes respecto a qué habían pactado terminó desembocando en la Ley de Caducidad. Wilson la apoyó ante lo que consideraba la única salida ante la impunidad YA pactada. Usted en cambio, estuvo del lado de los que sostienen que la impunidad la consagró esa ley. Consideraba por lo tanto que Wilson estaba equivocado. ¿No se sumó usted a la campaña por la derogación de la Ley de Caducidad? ¿No tergiversa entonces la verdad al utilizar la imagen de Wilson en su spot?

    En síntesis, estimado Sr. Mieres, la verdad es que usted jamás estuvo de acuerdo con Wilson. Cada vez que se estuvo frente a un cruce de caminos, él optó por uno y usted por el otro. En todos los episodios clave desde 1983 hasta su muerte en 1988, usted estuvo en contra de lo que él opinaba. Por supuesto que tampoco coincidió en el período anterior a la dictadura, cuando Wilson asomaba como una posibilidad de cambio para centenares de miles, mientras que usted creyó que mejor era construir un Frente Amplio. Quizás fue usted quien estuvo acertado, pero lo concreto es que usted jamás coincidió con él. Tergiversa por lo tanto usted apareciendo en su propaganda junto a la imagen de Wilson. Nunca, jamás, tuvo usted algo que ver con él. Siempre opinó lo contrario, nunca le siguió en los caminos que él propuso y permanece fiel aún hoy a quienes le atacaron.

    En suma, Sr. Mieres, como usted lo ha demostrado, parece ser que los hombres no logran ser objetivos al narrar la historia reciente. La historia de la que fueron contemporáneos y protagonistas. En ello incurre Sanguinetti, usted y muy probablemente también yo. Somos humanos. Es por eso que lo mejor es dejar de hablar del pasado —dado que parece imposible no teñirlo con nuestro matiz preferido— y dedicarnos al porvenir. Solo me resta solicitarle respetuosamente que —ya sea defendiendo a los ahorristas del Banco Hipotecario en su spot publicitario, ya sea promoviendo cualquier otra idea— no utilice más la imagen de Wilson en su beneficio. Él ya no está para opinar pero, mientras estuvo, usted nunca opinó como él. No tergiverse y respete también usted, estimado Sr. Mieres.

    Julio de Fuentes

    CI 1.451.683-3

    Historia reciente (II)

    Sr. Director:

    A raíz de la extensa misiva del Prof. Pablo Mieres en la edición de Búsqueda Nº 1.710, donde comenta y critica el último libro “La Reconquista” de la autoría del Dr. Julio M. Sanguinetti, han sido publicadas en vuestra última edición Nº 1.711 la réplica a la misma del Dr. Sanguinetti y también la de otros lectores.

    Al respecto, me interesa abordar la misiva del Sr. Pablo Inthamoussu dado que argumenta y justifica (erróneamente) que José Mujica fue un luchador por la democracia, amparándose en el libro “Alto el Fuego”, como bien lo ha citado, de la autoría de Nelson Caula y Alberto Silva.

    He leído con mucha atención y dedicación los dos tomos de “Alto el Fuego”, del mismo modo que hice oportunamente con ”La Reconquista”, así como también otras importantes obras y aportes que alimentan, documentan claramente y reafirman, sin duda alguna, un poco más, el pleno conocimiento y comprensión de los dramáticos, dinámicos, trágicos y muy violentos momentos y sucesos que acontecieron en el país, durante el período tratado.

    Es de mi interés sugerirle amigablemente al Sr. Inthamoussu tome seriamente en consideración algunas de las declaraciones, relevantes para este caso puntual, que concedió en una extensa y bastante amplia entrevista Julio Marenales, fundador del MLN, dicho sea de paso, que reclutó y convenció personalmente para pasar a ser miembro pleno de este movimiento a José Mujica. Las mismas han quedado estampadas en el libro “Marenales” de la autoría de Sergio Márquez Zachinno, las cuales cito literalmente:

    P. —El MLN-T fue y es una organización porque todavía existe. ¿Qué se mantiene de lo original?

    R. —Carlos Real de Azúa nos definió muy bien. Afirmaba que hacíamos política con armas. El planteo original era de acumulación de fuerzas y lucha prolongada. Por otra parte es erróneo lo que en la actualidad asegura algún compañero que dice que teníamos un planteo insurreccional; no es cierto. En la actualidad el MLN continúa con el concepto de acumulación de fuerzas y quizás con mayor sentido. El mundo está globalizado y es capitalista. La necesidad de cambiar el capitalismo ya no es solo un problema de justicia social, sino de sobrevivencia humana. La cultura capitalista, sus valores y su modo de producción están depredando el planeta. Corremos el riesgo de que sobrevivan las cucarachas, pero no la especie humana. Es una difícil tarea para toda la izquierda. Nosotros nacimos (en la primera convención de enero de 1966) con el concepto de lucha prolongada, como ya he dicho. Concepto que, reconocemos, tomamos de Mao Ze Dong. Si al final de la lucha se llegaba a una insurrección, nadie lo podía predecir. La realidad cambia en una hora. ¿Quién hubiera imaginado que 50 años después habría en América Latina procesos que hablan de socialismo como los de Bolivia y Venezuela? Dicho sea de paso, estoy convencido que estos dos casos se mantienen y desarrollan porque los ejércitos de ambos países son permisivos con los cambios. De lo contrario, se acaba el asunto, estoy absolutamente convencido de ello.

    P. —¿Y para qué fue creado el MLN?

    R. —El MLN fue creado para la toma del poder.

    P. —Esta afirmación tuya tira por tierra varias aseveraciones que yo he escuchado en los últimos 15 años.

    R. —¡No! Es así nomás como te lo digo. (pp. 48-49)

    Es el mismo Julio Marenales que hace apenas unos meses declaró públicamente que había que fusilar a algunos parlamentarios paraguayos.

    Sin duda, no luchaban precisamente por la débil democracia que existía entonces; fue justamente la antípoda de ello y lo hicieron con violencia y muchas hostilidades.

    Efectivamente, considero que la dura reconquista fue, como lo señala magistralmente el Dr. Sanguinetti, áspera e intermitentemente negociada y acordada entre todos los líderes y referentes políticos de la época que aceptaron el valiente y heroico reto, frente a las recias fuerzas de facto, con el objeto de (re)instaurar la paz y nuevamente recuperar la democracia y todas las libertades en el Uruguay. Los hechos históricos lo avalan, con creces, de forma inequívoca e irrefutable.

    León Biller 

    CI 1.570.252-2

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