• Cotizaciones
    jueves 05 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Chapoteando en la orilla

    Director Periodístico de Búsqueda

    Nº 2110 - 11 al 17 de Febrero de 2021

    Ya pasaron 10 años desde que el escritor norteamericano Nicholas Carr, especializado en los efectos de la tecnología, publicó el libro Superficiales: lo que Internet está haciendo con nuestras mentes. Una década que pareció un siglo en esa materia. Carr vendió cientos de miles de ejemplares, se transformó en un referente internacional, sus advertencias y recomendaciones se expandieron como la sangre en el agua pero nada cambió para mejor. Al contrario. Hoy, al ser entrevistado por la cadena internacional de noticias BBC, sostiene convencido: “Por desgracia, mis predicciones sobre Internet se han cumplido y son incluso peores de lo que esperaba”.

    “Nos estamos volviendo menos inteligentes, más cerrados de mente e intelectualmente limitados por la tecnología”, sentencia con buena puntería. Porque más allá de los beneficios indiscutibles del avance de las comunicaciones, tanta información fragmentada y cercanía virtual entre las personas abruma y desconcentra. Quizá por eso temas importantes muchas veces se tratan con una liviandad que asusta y de tanto flotar en la superficie nos convencemos muy fácilmente de mentiras que quedarían en evidencia con solo sumergirnos unos metros.

    La veracidad de esa conclusión se puede poner a prueba en solo una semana. Basta con revisar un poco más de cerca episodios ocurridos en Uruguay durante los últimos días para concluir que muchas de las cosas no son lo que parecen. La lista es larga pero alcanza con citar tres ejemplos.

    El primero está relacionado con el fútbol y con lo ocurrido luego del partido clásico entre Nacional y Peñarol con el jugador del segundo equipo Denis Olivera. Resulta que Olivera no jugó bien, aunque ese no es el problema. El asunto que despertó gran revuelo en las redes sociales es que Olivera es negro y se crio en la Curva de Maroñas. Eso fue suficiente como para que muchísimos uruguayos sacaran a relucir su racismo exacerbado. Desde mandarlo a un refugio del Ministerio de Desarrollo Social hasta sugerirle que se dedique a cuidar autos, no faltó casi ninguno de los comentarios xenófobos más típicos.

    Eso sí, cuando la Federación Inglesa sancionó a Edinson Cavani por escribirle “gracias negrito” a un amigo que lo felicitó en Instagram, todos se indignaron. Los mismos que ahora se burlan de Olivera pusieron el grito en el cielo porque algunos tuvieron el atrevimiento de considerar racistas a Cavani y a sus compatriotas. Esto no quiere decir que haya estado bien lo que los ingleses hicieron con Cavani. Pero los uruguayos sí somos racistas, muy racistas. Y lo peor es que, en la superficie cotidiana de Internet y las redes sociales, estamos convencidos de lo contrario. Nos llenamos de elogios a nosotros mismos por ser un país de avanzada y la mayoría del tiempo vivimos en la prehistoria.

    Lo mismo ocurre, y aquí va el segundo ejemplo, con esa idea generalizada de que los uruguayos somos muy unidos y solidarios entre nosotros. Somos pocos y eso nos da un espíritu de cuerpo mucho mayor, pensamos. Todo muy lindo pero falso. Muy por encima de esa característica, que es cierto que existe en algunos, está la envidia. Más que en aplaudir, estamos concentrados en destruir al otro. Especialmente si llega a tener éxito. Los uruguayos solemos estar más tiempo pensando en cómo correr del medio a los demás que en mejorarnos a nosotros mismos. Y eso funciona como un arma de destrucción masiva.

    Quizá por esta razón el debate “de fondo” en las redes sociales los últimos días fue si el presidente Luis Lacalle Pou estaba siendo auténtico al pasear con su esposa por la avenida 18 de Julio o si estaba imitando al exmandatario argentino Mauricio Macri. Algo similar ocurría antes con José Mujica, cuando esquivaba el protocolo y la custodia, iba solo a realizar las compras en su barrio o almorzaba en los bares más populares del Centro de la capital. Los que ahora critican a Lacalle Pou antes aplaudían a Mujica y viceversa. No importa si lo que hacen está bien, como claramente muestran las encuestas. Cuanto más aceptación tengan, mayores son las críticas. Y este ejemplo, tan trivial pero central en la era de lo liviano, puede trasladarse a casi todos los temas en la discusión política. Oficialismo y oposición pasan mucho más tiempo criticándose entre ellos que hablando de sus propias propuestas.

    Como tercer ejemplo, muchos de los que están a cargo del gobierno o liderando la oposición juegan a ser auténticos y sinceros en sus apariciones públicas y en las redes sociales, pero basta con ir un poco más allá para darnos cuenta de que lo único que están haciendo es negar la realidad. Niega la realidad el Frente Amplio cuando dice que no busca rédito político con sus ataques a la forma en la que el gobierno maneja la pandemia y que lo único que quiere es favorecer la salud de los uruguayos. Lo que quiere es pescar en la pecera turbia de la desconfianza y el miedo que provocó el coronavirus. Niega también la realidad el Poder Ejecutivo cuando sostiene que las afinidades políticas y personales entre los presidentes no son tenidas en cuenta para definir la política exterior. No es porque sí que la primera visita oficial de Lacalle Pou fuera del país haya sido al brasileño Jair Bolsonaro, como tampoco lo fue la relación de Mujica y Tabaré Vázquez con Hugo Chávez o con Luiz Inácio Lula Da Silva.

    Pero los uruguayos no asumimos ninguna de estas características como propias. Porque además de todo, y para concluir, somos soberbios. Nos creemos superiores, mejores que la mayoría de nuestros países vecinos y también que algunos de los que integran el primer mundo. Como pueblo, tenemos demasiado desarrollado el complejo de enano y el avance tecnológico actual solo ha servido para agrandarlo y hacernos cada vez más superficiales, tal cual lo adelantó Nicholas Carr. Tenemos kilómetros y kilómetros de mar pero seguimos chapoteando en la orilla. Deberíamos asumirlo y zambullirnos de una vez. El problema es que da demasiado trabajo. Y eso no es para los que son flor de vivos, como nosotros.