En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
El drama no termina, porque las cinco mujeres que muestra este documental de Juan Álvarez Neme siguen buscando a sus hijos, que saben que están muertos aunque nunca han podido llegar a la verdad de lo que les ocurrió ni del sitio al que fueron a parar sus cuerpos. Ese dolor ha perdurado a través de los 35 años que separan su desaparición forzosa (1976) de las circunstancias en que hoy, ya ancianas (y alguna de ellas fallecida recientemente) siguen criticando aquella ley que, según ellas, impidió la investigación que reclaman como un derecho humano esencial.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Son cinco mujeres cuyo nombre nunca aparece en la pantalla, dato voluntariamente omitido por el realizador, porque la película no pretende ser un encendido alegato de protesta sino apenas el sentido testimonio de cinco madres golpeadas a quienes se ha elegido como figuras representativas de un tiempo de enfrentamiento y de violencia que no se termina de cerrar. Una de ellas declara que no le interesa que le devuelvan los huesos de su hijo. Y hasta prefiere que eso no ocurra: sólo pretende saber la verdad.
Otra pide que no lleven flores al memorial de los desaparecidos porque no hay ninguna tumba allí, solamente un nombre que recuerda una ausencia.
Los testimonios no están dichos con estridencia ni reproches. Solamente con la dolorida paciencia de alguien que ha esperado mucho y no está seguro de vivir lo suficiente como para encontrar una respuesta. Entre esas señoras es muy reconocible la figura de Luisa Cuestas y más aún la de María Esther Gatti de Islas, que narra con contenida indignación la forma en que en 1976 fue recibida por el militar presuntamente responsable de la desaparición de su hija y la burlona manera en que éste se refirió a su tragedia.
Tal vez hubiese sido preferible que el filme proporcionara datos más precisos sobre hechos y sobre gente que están en la memoria colectiva pero que tal vez las nuevas generaciones no puedan identificar con claridad. No es algo imprescindible, porque la opción de Álvarez Neme así lo entendió, pero no puede pretenderse que gente que no había nacido en aquellos años pueda saber con exactitud lo que estaba ocurriendo en Uruguay y Argentina en 1976 (quizá, el peor momento de la represión en ambos países).
Esas ancianas que están frente a la cámara atestiguan cosas terribles y llevan su duelo con resignación y dignidad, lo que puede parecer suficiente para despertar conciencias y remover sensibilidades. Pero una mayor información sobre nombres y fechas hubiera contribuido a convertir un testimonio emotivo en un documento imprescindible.
“El cultivo de la flor invisible”. Uruguay, 2011. Dirigida y escrita por Juan Álvarez Neme. Duración: 84 minutos.