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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSaber el métier es un trabajo de toda la vida. Como hijo del Dr. Danilo Castro me pregunto: ¿cuál es el problema en estar en intervenciones quirúrgicas estéticas ayudando y aprendiendo los pasos quirúrgicos de cada tipo de intervención, interiorizarlos, imaginarse uno que los está haciendo, perfeccionándolos en su cabeza a la medida de cada uno, aunque todavía no se haya recibido de médico o cirujano? ¿Cómo piensa la gente que aprenden los internos, residentes y posgrado en el mundo?
Se aprende estudiando, mirando, tocando, ayudando, se aprende a operar con directivas. Operar es destreza, práctica, ver miles de cirugías, sentirlas en la punta de los dedos. Uno aprende cuando el cirujano o residente mayor a cargo le lleva la mano, le aconseja por dónde ir, le realiza un examen constante con la mirada, con sus movimientos, su pulso, sus decisiones, su respiración, su sudor, su forma de pararse, su concentración.
Tengo 30 años y soy especialista en cirugía plástica, reparadora y estética, recibido en la Clínica Juri de Cirugía Plástica de la ciudad de Buenos Aires, avalado por el Ministerio de la Nación, como uno de los más renombrados cirujanos plásticos del mundo, el Dr. José Juri, el número uno en lifting facial y rinoplastia, siendo excelente en todo tipo de cirugías. Fui colaborador científico de 3 cursos, intensivos, fui jefe de residentes en su clínica. Actualmente tengo una buena amistad con su hijo, el Dr. Juan José Juri, con quien compartimos un pasado muy similar.
Pero mi real maestro es mi padre, el Dr. Danilo Castro, con quien compilaba, por interés propio desde temprana edad, los videos de las cirugías que él realizaba. Ese niño quería ser cirujano, no quería ser arquitecto, no quería ser abogado, quería operar, sentir esa adrenalina en la sangre, ayudar a las personas a estar bien, a sentirse cómodas, siempre con suma atención a su psiquis, a sus expectativas.
Recuerdo que salía del Liceo Francés a los 16 años y me iba corriendo a la clínica de mi padre para entrar al quirófano, preparar las mesas quirúrgicas, poner los campos, limpiar los materiales, interiorizarme de los pasos de cada tipo de intervención. Después me tocó el momento de asistir a Facultad de Medicina, que por razones obvias de haberla hecho en Buenos Aires, tuve mucho menor tiempo para asistir a la clínica, pero cada tiempo libre que tenía trabajaba con él, mientras también obviamente disfrutaba de esos años tan únicos de mi juventud.
Luego de recibir mi título de médico en la Universidad Austral de B.A. (de las mejor calificadas en Sudamérica y que pertenece al grupo de las universidades de Navarra), concursé para la residencia de cirugía plástica en la municipalidad de la ciudad de Buenos Aires quedando en 6º lugar de 120 personas que se presentaban, obteniendo el cargo en el Hospital Bernardino Rivadavia y realizando mi primer año obligatorio de cirugía general para obtener mayor espalda en emergencia, cirugía y medicina. Luego decidí presentarme a mi sueño, la Clínica Juri, siendo admitido en ella por concurso, currículum y destreza en cirugía plástica. Concomitantemente inicié la reválida de mi título médico en Uruguay cumpliendo con los requerimientos debidos y próxima a finalizarse para iniciar la reválida en cirugía plástica también en mi país.
Mi padre no es cirujano plástico, es cirujano general por razones de la época en que estudió, pero él sabía que quería hacer estética, pero sin tenerle miedo a nada en cirugías mayores.
Hace 30 años en Uruguay pocos hacían estética, por lo cual decide hacer lo que se llama hoy Fellow en Cirugía Plástica —estética en diferentes famosas Clínicas del mundo de los años 80 y 90, como la Clínica Juri ya nombrada, la clínica Ivo Pitanguy de Río de Janeiro, Brasil, la clínica Héctor Valdez de Santiago de Chile—, luego en París aprendió junto a mí, que aclaro ni había empezado la facultad, todo sobre cirugía láser asistida con el Dr. Blanchemaison y el Dr. Jean Luc Gerad.
Mi padre es un autodidacta, un innovador, se hizo desde el subsuelo, llegó a ser hasta un investigador en la empresa Biolitec de Alemania, tiene una clínica perfectamente adecuada a las reglas exigidas en Uruguay, que, aclaro, son mucho más exigentes que las que rigen para quirófanos de cirugía ambulatoria estética en todo el mundo. La Clínica Juri de B.A. en 100 metros tiene 4 quirófanos, cosa impensable en nuestro país. Por encima de las reglas que marca la reglamentación uruguaya, disponemos de aparatos de última generación, renovamos año a año la tecnología, contamos con un equipo humano excelente, el cual costó muchos años de trabajo formar.
Saber de cirugía y medicina estética es una labor de toda la vida, se lleva en la piel, en el pecho, en la perspectiva de la mirada, en cómo alinea y perfectamente desalinea las siluetas de las personas, en cómo echa un vistazo y ya sabe a dónde dirigirse, marcar en el punto exacto, trazar la perfecta línea para cada imperfección con el centímetro ocular que pocos tienen. Ese es mi padre, el Dr. Danilo Castro.
Tengo mi propio consultorio de cirugía plástica y medicina estética en Buenos Aires junto a mi socia la Dra. Frattini, armado con mi propio sacrificio, sin la ayuda de nadie, con muchos pacientes que confían en nuestras manos. El problema de Uruguay parece ser la envidia, la falta de inventiva y el no querer arriesgarse. Si te va bien es porque sos un “chanta” o lo hiciste robando. Tuve la suerte de conocer bastantes centros de cirugía y diferentes mercados estéticos mundiales. No seamos ingenuos, tantos pacientes, tantos seguidores no pueden estar equivocados…¿será que la Clínica La Silueta está a nivel internacional?
Dr. Mateo José Castro Béduchaud
CI 3.442.861-2