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Es un hambre incontrolable. Caprichosa, sí, pero tan apetitosa… Quienes la padecen deben rendirse ante su voluntad. Aprender a contenerla dentro de un mundo que jamás aprobará su existencia. No es habitual, a fin de cuentas, querer comerse a una persona.
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Si hay algo que define a los caníbales que protagonizan Hasta los huesos, la nueva película del cineasta italiano Luca Guadagnino, es que son como nosotros. Comen para vivir. Viven para comer. Y entre bocado y bocado, nace un amor.
Bienvenidos al Medio Oeste estadounidense, cuna de las historias en carretera. A su derecha y a su izquierda podrán disfrutar del paisaje. Hermoso, desolador, un páramo como pocos. Ronald Reagan se sienta en la oficina oval y el sueño americano se extravía. Bienvenidos a los 80.
Antes de emprender el viaje, hay que presentar a su principal pasajera. Su nombre es Maren y aún no ha alcanzado la mayoría de edad. Introvertida, le cuesta conectar con el resto. Cuando descubramos el porqué, ya no habrá vuelta atrás posible. Una chica pierde un dedo debido al hambre repentina de Maren y, de ahí en más, adiós a la inocencia.
Hasta los huesos narra el viaje que Maren emprende una vez comenzada su adultez. En su cumpleaños de 18, su padre se fuga y la deja con tres cosas: dinero, su certificado de nacimiento y una grabadora. En ella, un cassette contiene la explicación del abandono. Así fue planeado durante años, dice el hombre, quien también le cuenta sobre la vez que encontró muerta a la niñera de Maren y a ella, una niña de 3 años, durmiendo plácidamente con sangre humana chorreando desde su mentón.
Aquí, una parada obligatoria. Guadagnino no ha hecho una película para estómagos sensibles. Y, sin embargo, esta es una película que solo puede definirse por su desbordante sensibilidad.
Tras alcanzar un mayor reconocimiento internacional con Llámame por tu nombre, Guadagnino se dio un gusto. Hizo su versión de Suspiria, el clásico del giallo italiano de Dario Argento, y cumplió su sueño, uno repleto de sangre, huesos quebrados y múltiples Tilda Swinton. Un asquete como pocos, repleto de confianza por donde se lo mire.
Tras un pasaje por la televisión con la serie Somos quienes somos para HBO, vista por pocos pero recomendada por quienes le dieron una oportunidad, Guadagnino alcanzó un lugar codiciado. Su involucramiento en futuros proyectos asegura titulares. Se le ha escuchado decir que quiere hacer una secuela de Llámame por tu nombre; una película inspirada en el álbum Blood on the Tracks de Bob Dylan y un documental sobre el estado de excepción, un mecanismo constitucional que implica la suspensión del ejercicio de determinados derechos. Ya estrenó, mientras tanto, un documental sobre el diseñador italiano de zapatos Salvatore Ferragamo y terminó de filmar una película de tenis protagonizada por Zendaya, la actriz joven del momento.
Para su primera película en Estados Unidos, Guadagnino aceptó dirigir Hasta los huesos, adaptación de una novela escrita por Camille DeAngelis y publicada en 2015. David Kajganich le envió su guion y el cineasta italiano aceptó dirigirlo sin muchas vueltas. Para Maren pensó en Taylor Russell, quien lo dejó boquiabierto por su papel en Un momento en el tiempo (2015), y para Lee, su contraparte romántica y coprotagonista, Guadagnino volvió a su actor predilecto de Llámame por tu nombre: Timothée Chalamet.
¿Hace cuánto no se presenciaba una colaboración tan prometedora entre un director consagrado y un actor joven en pleno ascenso? ¿Desde Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio? La comparación entre los intérpretes será más pertinente si Chalamet mantiene el perfil que ha tenido hasta ahora, moviéndose entre un cine autoral independiente, bajo la orden de cineastas como Greta Gerwig, y otro de mayor espectacularidad, como es el caso de la colosal entrega de Dune y su inminente continuación a estrenarse en 2023. El propio DiCaprio le dio un sabio consejo profesional a Chalamet: nada de drogas duras, nada de películas de superhéroes.
En Hasta los huesos, Lee le dice algo a Maren, en una de sus primeras comidas juntos que no involucra carne humana, que define tanto al personaje como a la presencia escénica de Chalamet. “Si pesás 65 kg mojado, tenés que tener actitud, mucha actitud”.
Actitud a Chalamet le sobra. Su Lee es el perfecto criminal para una película que evita juzgar la moral de sus protagonistas. Lee y Maren no solo son caníbales, son asesinos. Sin embargo, se hace difícil no desear que logren su cometido. Que se salgan con la suya y se coman el mundo si así lo quieren. Que vivan su amor y que alcancen, aunque sea por un tiempito, su versión de la felicidad.
Si hay algo que parece inspirar a Guadagnino, además de su exploración de una emoción tan humana como el deseo, es su escape de las convenciones de lo romántico. No solo la balanza de Hasta los huesos se inclina más por su lado sentimental que por su costado terrorífico, sino que la película se centra prioritariamente en la figura de Russell y no en la de Chalamet, cuya presencia de todas formas asegura la visita en salas de un público fanático.
En ese sentido, la obra es una revelación que quizás necesite de un tiempo para ser apreciada una vez distanciada de su fecha de estreno mundialista. Contiene planos preciosos, un montaje osado, momentos shockeantes y un final inolvidable. Nos deja otra actuación notable de Chalamet, nos regala una nueva estrella en Rusell y confirma que sea lo que sea que Guadagnino esté cocinando habrá que hincarle el diente.