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Un brillante triunfo obtuvo Europa sobre los Estados Unidos en la 40º edición de la Copa Ryder, un evento deportivo formidable que se disputó entre el viernes 26 y el domingo 28 en la espectacular cancha PGA Centenary, Escocia. El score final fue de 16.5 puntos para el equipo europeo contra 11.5 de la representación estadounidense, una diferencia por demás clara luego de los tres días de juego.
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Vale recordar que desde que ingresaron golfistas de toda Europa en la competencia, lo cual ocurrió en la edición de 1979, los europeos tienen 10 victorias contra 7 de los estadounidenses, habiéndose registrado un solo empate.
Dada esta clara supremacía con tres victorias consecutivas de Europa y sobre todo luego de la gran “paliza” que se llevaron los norteamericanos en Pertshire, ya comenzó a hablarse de cambiar el formato de juego, la designación de los equipos, incluso hasta de modificar el puntaje a otorgar con el objetivo de mantener la competitividad del certamen.
Ello ocurre porque la Ryder Cup es un torneo diferente donde poco importa el ranking de los jugadores participantes, los Majors que hayan ganado o la aureola de alguna estrella. La misma modalidad de juego con partidos a 18 hoyos match play, empareja las posibilidades y le confiere un entorno particular.
La Ryder es el único campeonato de golf que reúne a lo largo de los tres días de juego a 250 mil espectadores, se acreditan más de mil periodistas, y llega a 600 millones de televidentes en el mundo, como ocurrió en esta última edición.
Tal es la pasión que despierta este torneo bianual, que puede verse, por parte de los protagonistas, saltos, abrazos, puños al aire y hasta alguna lágrima. Incluso se han registrado algunas acciones reñidas con la etiqueta del golf, como lo ocurrido en Boston o en Valderrama, aunque afortunadamente en las últimas ediciones vale destacar que el comportamiento de todos los actores fue absolutamente normal.
Muchos llegan a decir que luego de los Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol, la Copa Ryder es el evento deportivo más importante del mundo.
“Los héroes”
La edición 40ª de la Ryder Cup comenzó muy temprano en la mañana del viernes 26 con la disputa de cuatro four balls (mejor pelota de la pareja) en la que Estados Unidos tomó la delantera con un score parcial de 2.5 a 1.5. Por la tarde llegaron los cuatro foursomes (tiros alternados de la dupla) donde comenzó la recuperación europea al ganar tres matches y empatar el restante quedando al final del día el resultado en favor de los locales por 5 y 3.
Al día siguiente con el mismo esquema de juego, los dirigidos por el irlandés Paul McGinley conservaron la punta por apenas un punto tras los partidos de la mañana. Por la tarde, se volvió a repetir la historia y en los four somes los europeos volvieron a ganar tres matches y empatar uno aumentando la diferencia a cuatro puntos a falta de los doce individuales de la ronda final.
El ambiente en el PGA Centenary Course era de alegría total ya que los locales necesitaban ganar al día siguiente cuatro partidos y empatar uno para ganar la copa. Sin embargo, esa amplia ventaja era la misma con que los estadounidenses llegaron a la última jornada en el Medinah Country Club dos años atrás, para finalmente terminar perdiendo en forma increíble esa Ryder.
Consagración
Ya está dicho que la Copa Ryder es drama, pasión, nervios, gritos y más aún en la última jornada donde se enfrentan, en partidos individuales, los doce integrantes de cada equipo entre si. En ese ambiente, la estrategia del capitán europeo McGinley fue acertada al colocar a sus jugadores más fuertes en los primeros matches buscando ganar rápidamente puntos además de transmitirles tranquilidad a los cuatro debutantes que tenía su equipo.
Así fue que ganaron sus partidos McDowell, Kaymer, McIlroy y García. El punto clave lo logró el galés Jamie Donaldson contra Keegan Bradley por 4 y 3, desatando la algarabía de las más de 100 mil personas que abarrotaron la cancha en la jornada final.
Si bien quedaban matches por terminar, la tarea ya estaba cumplida y la historia volvía a repetirse. Por respeto a los rivales y al público, capitanes y jugadores de ambos equipos continuaron caminando por la cancha siguiendo la definición de esos matches, en un claro retorno a las raíces de la Ryder Cup.
Al final del día fueron cinco partidos ganados por los locales y tres empates para llevar el score final a 16.5 contra 11.5, antes de desatarse la locura y los festejos con champagne sobre el propio green del hoyo 18 de Gleneagles.
Ahora llegará el tiempo de las evaluaciones y de las duras críticas, especialmente para el capitán estadounidense Tom Watson por haber dejado a un jugador como Phil Mickelson sin jugar en todo el segundo día del torneo, lo que llevó a una fuerte discusión entre ambos. Con los resultados a la vista todo se ve de diferente manera, pero la gran responsabilidad en todo juego de equipo pasa, en el acierto o en el error, por los capitanes, función para la cual fueron elegidos. En este sentido, al haber logrado el triunfo con absoluta claridad, en el bando adversario, McGinley fue el gran ganador.
En cuanto a lo que se vio en la cancha, los números de esta edición de la Ryder muestran una clara supremacía de los europeos en la modalidad foursome ya que de los ocho partidos disputados, los locales ganaron seis, la que les dio una cómoda ventaja para afrontar la ronda de los doce partidos individuales de la ronda final.
Pero la Copa Ryder, más allá de todo tipo de comentario, seguirá su camino y como ocurre con los grandes campeonatos de golf, ya están planificadas las próximas ediciones de la misma. En dos años la competencia volverá a Estados Unidos, al Hazeltine National Golf Club en Minnesota, para volver al Viejo Continente en el 2018 al Club Nacional de Golf de París, Francia. Para el 2020 ya fue elegida la cancha de Whistling Straits en el estado de Wisconsin, Estados Unidos.