Roberts, hoy uno de los principales jerarcas a cargo de esa estrategia, estará en Uruguay para brindar una charla en el Ministerio del Interior. Hablará este jueves 14, invitado por la Embajada Británica, sobre el enfoque del Reino Unido en la gestión policial del fútbol. Roberts es jefe de Policía del condado de Cheshire, al noroeste de Inglaterra, pero también desde 2014 el responsable de fútbol por parte del Consejo Nacional de Jefes de Policía, el organismo que coordina a los jefes policiales del Reino Unido y de quien depende la UKFPU.
Al frente de ese cargo, se dedica a coordinar la seguridad del fútbol británico y a asesorar a gobiernos y organizaciones extranjeras, entre ellos, a la FIFA y a Brasil, Rusia y Catar para los mundiales de 2014, 2018 y 2022, respectivamente.
La lucha contra la violencia en el fútbol
La UKFPU fue creada originalmente en 1989 con otro nombre. Además de Heysel y Hillsborough, en 1988 hinchas ingleses fueron el centro de varios disturbios durante la Eurocopa, el principal torneo de selecciones del continente. Celebrada en Alemania occidental, culminó con el arresto de 130 aficionados ingleses, lo que determinó que la entonces primera ministra, Margaret Thatcher, ordenara una iniciativa concreta para enfrentar el problema.
La Unidad de Policía del Fútbol del Reino Unido se formó entonces como un equipo de personal policial especializado dedicado a apoyar a otras fuerzas policiales para “reducir incidentes de comportamiento antisocial, violencia y disturbios relacionados con el fútbol que involucren a aficionados del Reino Unido”, según explica el organismo en una reseña histórica en su sitio oficial.
Además de lograr que la Policía asuma un papel más operativo en el fútbol, con tácticas, estructuras e inteligencia específica, durante los años siguientes a la creación de la UKFPU los sucesivos gobiernos introdujeron leyes destinadas a la seguridad en el fútbol.
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En la Premier League, la principal liga de fútbol del Reino Unido, los aficionados deben estar sentados en todo momento.
Newcastle United Football Club
Las medidas incluyeron la creación de una base de datos, las infracciones exclusivamente relacionadas con el deporte y el fútbol en particular, las órdenes de prohibición de ingreso a espectáculos deportivos, la obligación de presentarse en una comisaría, la prohibición de abandonar el territorio y la detención bajo custodia policial.
La base de datos, por ejemplo, contiene información personal de quienes han participado —o se sospecha que han participado— en disturbios relacionados con el fútbol, a quienes se divide en tres categorías según su grado de peligrosidad. En cuanto a las infracciones específicas, incluyen ingresar a un estadio en estado de ebriedad o en posesión de alcohol, arrojar cualquier objeto hacia el campo de juego, portar fuegos artificiales, entonar cánticos de carácter indecente o racista, e invadir la cancha sin justificación legal.
Las sanciones abarcan la entrega del pasaporte durante torneos internacionales, la prohibición de acercarse a determinados lugares y la obligación de presentarse en una comisaría durante partidos calificados de alto riesgo.
“Distintos grupos policiales interactúan antes y/o durante los partidos de fútbol. En particular, los agentes uniformados suelen adoptar un enfoque proactivo y se concentran en los hinchas problemáticos. Los oficiales móviles patrullan las calles alrededor del estadio y la ciudad donde se disputan los encuentros, y también trasladan a las personas detenidas a la comisaría”, resume un estudio de 2015 elaborado por Alexandra Veuthey y Lloyd Freeburn, investigadoras del Melbourne Journal of International Law, una revista académica especializada en derecho internacional publicada por la Facultad de Derecho de la Universidad de Melbourne, Australia.
En una audiencia oficial ante el Parlamento británico, en 2022, Roberts aseguró que la reforma británica funcionó “gracias a una serie de factores”: legislación sólida que permitió a la Policía afrontar el problema, profesionalización del mando policial, control y formación policial en torno al fútbol, profesionalización de los sistemas de seguridad en los clubes, obligación de que en los estadios todos los espectadores permanezcan sentados, tribunales de Justicia que empezaron a imponer sentencias adecuadas e introducción del sistema de órdenes de prohibición de acceso al fútbol, una lista negra surgida a través de la base de datos, que Uruguay y otros países imitaron.
“Hubo una acumulación de medidas, y los aficionados en general apoyaron estas acciones porque querían un entorno seguro al que poder ir”, aseguró Roberts.
Para las autoras del Melbourne Journal of International Law, el nuevo marco normativo impulsado desde 1989 “parece haber sido una respuesta adecuada” al problema de los hooligans.
“Si bien no ha logrado erradicarlo por completo, sí ha contribuido de manera significativa a su reducción”, indica la conclusión del estudio. “No sorprende, entonces, que este modelo haya sido adoptado, en distintos grados, por otros países”, añade, aunque advierte que la principal debilidad del modelo a nivel internacional es su falta de universalidad: “aun cuando resulte posible trasplantarlo, no puede hacerse sin adaptarlo a la realidad específica de cada país”, especialmente en aquellos con bajos niveles de violencia en el fútbol, que se beneficiarían con soluciones más moderadas.
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Hinchas de Nacional, previo a un partido por el Torneo Apertura 2026.
Santiago Mazzarovich/adhocFOTOS
No parece ser el caso de Uruguay, que, similar al Reino Unido en los años 80, ha tenido que aplicar cambios cada vez más drásticos para intentar contener la irrupción de las barras bravas: lista negra de hinchas violentos, prohibición de público visitante, partidos a puertas cerradas, uso de cámaras de identificación en estadios, controles estrictos de compra de entradas y, como la UKFPU, creación de una Dirección General de Seguridad en el Deporte. Además, el gobierno recientemente anunció que formará una unidad operativa policial especializada en el control de espectáculos públicos.
La semana pasada, el poder de las barras bravas quedó expuesto en Nacional y Peñarol. El 6 de mayo, previo al partido de Peñarol por la fecha 4 contra Platense por la Copa Libertadores 2026, barras del equipo recriminaron al lateral argentino Franco Escobar por supuestos gestos que hizo contra hinchas días antes, en un partido contra Defensor Sporting por el torneo local.
El momento quedó registrado en un video subido a redes sociales, mientras los jugadores de Peñarol bajaban del ómnibus e ingresaban a su hotel en Buenos Aires. “Los muchachos de la hinchada vinieron y hablaron muy bien con Franco. Hablaron de los dos lados y tema solucionado, para adelante. Sé quiénes están en el hotel y quiénes no y sé quiénes son los referentes de la hinchada con los que se puede hablar. En ningún momento me alteró la situación porque sabía que la conversación iba a ser buena”, afirmó el presidente de Peñarol, Ignacio Ruglio, consultado en Carve Deportiva.
El 9 de mayo, barras de Nacional reunieron a los jugadores dentro del complejo deportivo Los Céspedes, en donde el plantel concentraba previo al partido con Cerro por la fecha 15 del Torneo Apertura 2026, para cuestionarles la falta de actitud y de resultados en lo que va del año. “Plantearon la incomodidad que tenemos todos, tanto los jugadores como nosotros, dirigentes e hinchas, que es lógica por este momento que venimos teniendo. Como se hizo toda la vida”, dijo luego en conferencia de prensa el entrenador de Nacional, Jorge Bava.
La situación actual en el Reino Unido
Pese a los avances logrados por el Reino Unido en materia de seguridad en eventos deportivos, la relativa calma del fútbol británico comenzó a complicarse a partir de la pandemia. En su comparecencia ante el Parlamento, Roberts explicó que la propia crisis sanitaria actuó como punto de inflexión, ya que alteró los hábitos de los hinchas. Pero también se refirió a motivos presupuestales.
En 2023, The Athletic informó que la Unidad de Policía del Fútbol del Reino Unido sufrió “importantes recortes”, con un presupuesto anual que bajó de 2,88 millones de libras (aproximadamente US$ 4,1 millones) en la temporada de fútbol 2015-2016 a 2,50 millones de libras (aproximadamente US$ 3,1 millones) en 2022-2023. La caída se dio a la par de un aumento del 230% en incidentes relacionados con aficionados en el mismo período.
“Es preocupante, es una reaparición no deseada, pero no hemos vuelto a algo tan grave como antes, no estamos ni cerca de donde estábamos en los años 80”, dijo Roberts, quien, más allá de los motivos económicos, afirmó que la inseguridad en el fútbol británico tiene actualmente “un elemento de bandas organizadas que buscan y desean participar en la violencia”.
“La preocupación es que hay gente joven involucrada en esto. Durante varios años no lo veíamos con frecuencia; ocasionalmente aparecían grupos de riesgo, de personas más veteranas, en ocasiones específicas. Ahora está ocurriendo con regularidad, y la preocupación es que si los jóvenes se están involucrando, es un problema que tendremos durante los próximos 30 años si no tomamos medidas correctivas”, explicó, al señalar a las drogas y el alcohol como otras causas que afectan la situación.
“La cocaína es sin duda un factor que contribuye a la violencia, y el fútbol es un reflejo de la sociedad en general”.