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La decisión de dedicar toda la temporada 2016 a los autores nacionales fue aplaudida por buena parte del medio teatral. No obstante, una de las críticas más atendibles que se han oído es que justo en los 400 años de la muerte de Shakespeare, la Comedia Nacional no haga ninguno de sus clásicos. Verdad a medias: La duda en gira es una obra sobre el teatro y la vida de los actores, y más precisamente sobre Hamlet. Entonces, Shakespeare está ahí, de un modo particular, pero presente al fin. Nada como la tragedia del príncipe danés para hablar del manido concepto “el teatro dentro del teatro”. Su escena en la que el protagonista denuncia el asesinato de su padre a través de una representación bufonesca es uno de los íconos referenciales de la teoría teatral. Y con este mojón como excusa, Márquez abre las puertas del escenario para mostrar la cocina de una compañía, el día en que cierra una larga gira, un periplo que ha dejado sus secuelas.
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Esta comedia es el primer trabajo con el elenco oficial de Jimena Márquez, dramaturga, directora, profesora de literatura y artista de carnaval, con una interesante carrera en la escena local. Con su debut Cajas chinas (Florencio revelación) y La escritora de comedias, imprimió un sello personal que combina un estilizado sentido del humor con un óptimo uso expresivo del espacio. En el rubro infantil, su musical Los músicos de Bremen es de lo mejor que se ha visto en vacaciones de julio últimamente. La más reciente muestra de su talento para manejar un numeroso grupo de intérpretes es El club de los idiotas, producción de egreso del Instituto de Actuación de Montevideo estrenada este año en la Alianza.
Como una muñeca rusa, la ficción se presenta en capas. Una compañía teatral llamada La Société Roulante (la sociedad rodante), cierra la extensa gira internacional de una adaptación satírica de Hamlet titulada La duda. El director da la bienvenida, presenta la función y de a poco comienza a percibirse que algo no funciona. La representación se va distorsionando, los actores hablan a escondidas, la actriz estelar (Alejandra Wolff) no se siente bien y debe ser sustituida por su hermana (Andrea Davidovics), un actor veterano (Levón) discrepa con el estilo moderno del director, hasta que la función debe ser interrumpida.
Desde un comienzo potente a nivel narrativo y visual, el relato se va entreverando en asuntos de índole conceptual, el caos que se apodera de la situación tiene un origen confuso y se complejiza aún más con la irrupción de una espectadora avezada llamada Carmencita Macedo (Isabel Legarra), que sube al escenario desde la platea y comienza a dar su opinión sobre cómo cada uno está haciendo su trabajo. La permanente revisión y actualización de los clásicos, tópico favorito de estos tiempos, se transforma aquí en parte de la trama, y es aquí donde la obra fracasa. “Sos muy complicado, Shakespeare”, dice un parlamento, cuando los personajes discuten en escena sobre hacia dónde están yendo y se preguntan “qué hubiera podido haber pasado si no hubiera pasado lo que pasó”.
Esta “visión intelectualizada” —la autora cita como influencias a Heiner Müller y Samuel Blixen— puede ser interesante desde el punto de vista didáctico, para estudiantes de teatro o para fomentar el interés de los jóvenes en abordar un texto para desenterrar los tesoros que esconde, pero resulta demasiado aburrida y carente de garra para ocupar el espacio central que ostenta. Recién sobre el final, cuando vuelve Shakespeare y se produce el desenlace en los dos planos ficcionales, la acción dramática recupera su magnetismo.
El texto fue escrito con los nombres de los actores sobre la mesa, lo que permitió a la autora personalizar los parlamentos al elenco que tenía entre manos. Esto explica, por ejemplo, el gran trabajo que hace Pablo Varrailhón como Emilien Lemaire, director de la troupe, su mejor personaje en mucho tiempo. El diseño del espacio, de las escenógrafas Claudia Schiaffino y Paula Villalba, también precedió a la escritura, y es el gran logro de esta puesta: ese juego de inversos y opuestos que generan los telones invierte el escenario —la trastienda pasa a estar al frente— y genera una especial complicidad con el espectador, convertido ipso facto en voyeur. Brillan también el diseño lumínico de Claudia Sánchez y la música en vivo, acordeón en mano, de Pablo Machado.
El resto del elenco responde de maravillas. El actual nivel interpretativo de la Comedia es estupendo, porque los últimos ingresos la han dotado de una gran versatilidad para abordar múltiples lenguajes escénicos y códigos interpretativos. Jimena Pérez compone de taquito a la desquiciada Ofelia, Diego Arbelo desliza pinceladas de calidad con su Hamlet caribeño, y Gabriel Hermano encarna un sobrio y eficiente narrador. Hace rato que la compañía pública es un colectivo teatral todoterreno. Ese no es el problema. El problema es cuando creemos que todo lo relativo al quehacer de un arte, un oficio o una disciplina, es interesante, y cuando se confunde el proceso de búsqueda, insumo fundamental de todo camino artístico, con la obra en sí.
La duda en gira, por la Comedia Nacional, Temporada 2016 Autores Nacionales. Texto y Dirección: Jimena Márquez. Teatro Solís. Viernes y sábados, 21.30; domingos, 19. Entradas en Tickantel a $ 150 y $ 75. Duración: 90 minutos. Hasta el 4/12.