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    Con el espectacular triunfo del estadounidense Zach Johnson en el British Open, Jordan Spieth no logrará el Grand Slam esta temporada

    Saint Andrews, Escocia (Eduardo Payovich, enviado). El estadounidense Zach Johnson obtuvo en forma dramática el lunes 20 la 144a. edición del Abierto Británico, el campeonato de golf de mayor tradición en el mundo, disputado en esta ocasión en el mítico campo del Old Course de Saint Andrews. Johnson, el sudafricano Louis Oosthuizen y el australiano Marc Leishman finalizaron empatados en el primer lugar tras los 72 hoyos con un acumulado de 273 golpes, por lo que, para definir el ganador, fue necesario recurrir a un desempate estipulado en las condiciones de la competencia a la suma de cuatro hoyos.

    Durante todo el torneo el clima jugó un rol preponderante, al punto que la competencia recién finalizó el lunes, un hecho por demás significativo que solo tiene dos antecedentes en el historial del British Open.

    El otro triunfador del British Open fue el joven aficionado estadounidense Jordan Niebrugge, que al imponerse entre los competidores amateurs recibió la tradicional medalla de plata.

    Las complicaciones del clima

    En la jornada inaugural disputada el jueves 16, con 156 jugadores en la cancha, el estadounidense Dustin Johnson logró recuperarse tras la increíble derrota en el último US Open al quedar al frente de las posiciones con una tarjeta de 65 golpes. Cabe señalar que Johnson jugó por la mañana muy temprano cuando las condiciones del tiempo todavía eran favorables.

    En tanto, al igual que en el último Major, Tiger Woods hacía 40 golpes de ida y terminaba con una tarjeta de 76 golpes, muy lejos de quienes habían tomado la delantera, por lo que tenía que jugar muy bien en la segunda jornada para poder pasar el corte clasificatorio. La imagen de Tiger se repite en los ultimos tiempos. Se lo ve ofuscado, queriendo terminar la vuelta lo antes posible. Parece increíble la situación que enfrenta quien dominó las competencias por más de una década y que hoy ocupa el lugar 238 del ranking mundial.

    Al final del día varios jugadores bajaron el par de la cancha del Old Course, por lo cual se planteó a partir de ese momento la duda de si este campo legendario está preparado para recibir a los mejores golfistas del mundo. En realidad fueron muy pocos cambios los realizados a la cancha con respecto a la última edición del Open jugada en el 2010. Algunos cross bunkers fueron removidos buscando que entraran en juego, algunas plataformas de greens se suavizaron con el fin de tener más posiciones de banderas y poca cosa más.

    Aun así, Saint Andrews continúa siendo la catedral del golf y prueba de ello son las más de 200.000 personas que llegaron al mítico escenario para presenciar una nueva edición del Abierto Británico.

    En la segunda jornada el clima comenzó a jugar una mala pasada a organizadores, competidores y aficionados. Durante toda la noche y madrugada de ese viernes 17 lluvias torrenciales inundaron la cancha, por lo cual fue imposible jugar como estaba previsto con una primera salida a las 7 y 15. El Comité Organizador fue aplazando la suspensión temporaria y recién a media mañana los jugadores volvieron a la cancha. Cabe destacar la enorme infraestructura del Royal & Ancient volcada por completo en esas tres horas de suspensión para poner la cancha en condiciones. Con dicho retraso ya se sabía que la segunda vuelta no finalizaría ese día, por lo cual el programa original del campeonato debió ser modificado.

    Las despedidas tanto del legendario Tom Watson como de Nick Faldo previstas para esa jornada de acuerdo con el score que hicieron en la primera jornada quedaron también relegadas.

    Con resultados parciales el gran público observaba los grandes tableros amarillos colocados en lugares estratégicos del campo buscando información, que no llegaba. Varios grupos quedaron en esa jornada sin poder terminar la ronda, por lo cual tendrían que volver muy temprano al día siguiente para completarla. Si pocos eran los problemas, el sábado llegó el fuerte viento del mar del Norte, con lo cual tampoco pudo renaudarse el juego en esa mañana. Así fueron sucediéndose los comunicados suspendiendo temporalmente la competencia, una jornada maratónica para los jugadores, los caddies, los dirigentes, árbitros y público en general. Finalmente, a las 6 de la tarde, cuando el viento calmó, los jugadores fueron trasladados a los diferentes puntos donde habían dejado de jugar el día anterior para continuar la competencia.

    Para dar una idea del atraso de esa jornada el último grupo finalizó a las 21.30. Luego de manejar varias alternativas, las autoridades resolvieron en ese momento que la tercera ronda se disputara el domingo 19 para finalizar el campeonato al día siguiente con los enormes inconvenientes que ello implicaba.

    Finalmente, 80 jugadores pasaron el corte clasificatorio y la tercera ronda pasó a jugarse en twosomes para darle mayor agilidad al juego. Para entonces los tableros comenzaron a dar información actualizada, mostrando en lo más alto a Oosthuizen, Jason Day y la gran sorpresa del certamen, el joven norirlandés amateur Paul Dunne, los tres con un score de 204 golpes para los 54 hoyos. Pero otros 12 jugadores quedaban separados por apenas tres golpes, por lo cual la definición en la ronda final prometía ser emocionante.

    Incierta definición

    Con mucho menos público en las grandes tribunas como recorriendo la cancha se jugó la ronda final el lunes 20 en lo que fue una de las mejores definiciones del British Open de los últimos tiempos. Promediando la vuelta había seis jugadores separados por apenas un golpe, por lo que crecía el interés de los espectadores ante el constante cambio de las posiciones y los números de los tableros. Los propios jugadores se mostraban sorprendidos y ellos mismos lo hablaban con sus caddies buscando tener información precisa.

    Era ostensible entonces en el Old Course la tensión que implica la definición de un Major: putts cortos errados, tiros fáciles marrados, gestos destemplados, palos tirados en el green, y gritos marcaron los últimos hoyos del British.

    Con ese panorama, jugando unos grupos adelante Zach Johnson terminaba la ronda con 66 golpes y colocaba el score de 273 en lo más alto y tras entregar la tarjeta de juego se fue sin demoras a la cancha de práctica.

    Primero fue Leishman que quedaba en la punta en solitario llegando a menos 16. Pero un bogey del australiano abrió la puerta al resto de los pretendientes. Así fueron pasando Jordan Spieth, la nueva gran figura del golf mundial buscando su tercer Major consecutivo, quien quedó en la puerta apenas un golpe detrás. Lo mismo le ocurrió a su compañero de juego, Jason Day. Hasta que llegó el grupo final donde Oosthuizen necesitaba hacer birdie en el último hoyo para sumarse al desempate. Mostrando una gran categoría, el ganador del Open en el 2010 hizo lo que tenía que hacer y forzó un triple desempate que se disputaría según la suma de golpes de los hoyos 1, 2, 17 y 18.

    Una fuerte llovizna en los últimos hoyos se encargó de complicar aún más a los jugadores, que demoraron una eternidad en completar esos hoyos finales.

    El playoff

    Con poca luz natural salieron entonces Oosthuizen, Leishman y Johnson a definir el torneo. Fue birdie del sudafricano y del estadounidense en el primer capítulo. Johnson volvía a hacer birdie en el segundo para sacar un golpe de ventaja y afrontar el hoyo más difícil de la cancha, el par cuatro del 17 de 500 yardas de largo. Fue bogey de los tres allí, llegando entonces Johnson con un golpe de ventaja al emblemático hoyo 18 del Old Course.

    Oosthuizen tuvo la gran oportunidad de embocar un putt desde tres metros para prolongar la definición pero falló y el título quedó en manos de Johnson en lo que fue el segundo Major de su carrera tras su victoria en el Masters de Augusta en 2012. Por su victoria, Johnson recibió un cheque por más de un millón de dólares de los nueve que repartió en premios este tercer Major de la temporada.

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