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    Con problemas para seguir en el campo, los ruralistas discreparon con el gobierno en su Congreso anual sobre la situación del agro

    Aiguá (Mauro Florentín, enviado). Alcides Delgado es un productor rural que puso en venta su campo de 41 hectáreas adquirido hace unos 13 años y distante pocos quilómetros del pueblo Carlos Reyles, en Durazno. Hernán Kuster produce ganado y granos en un predio de 160 hectáreas con la ayuda de un hijo y un sobrino en el mismo departamento que Delgado, pero a diferencia de este piensa que desprenderse de su campo “es lo último que haría”. Diego Platero abandonó el cultivo de arroz, arrendó parte de su predio en la zona de Paso de los Toros a una empresa que planta soja y en el resto cría ganado.

    Esos ruralistas representan realidades y problemas que se viven en el sector, algunos de los cuales fueron abordados en el 95° Congreso anual de la Federación Rural (FR) efecutado el sábado 19 en Aiguá (Maldonado).

    Al costado del galpón de la Agrupación Agropecuaria Industrial de Aiguá donde se realizó ese evento gremial, Búsqueda conversó con esos tres ruralistas. 

    “Nos mataron con el precio del gasoil. En este país se trabaja con costos muy altos, es horrible. Nos deja un margen pequeño. En Montevideo se piensa que ganamos un montón de guita y no es así”, dijo Kuster.

    Pese a las dificultades, ese productor piensa que “nunca habría que vender el campo”. 

    Delgado ya tomó la decisión contraria. “¿Para qué me voy a complicar?. Prefiero ir a trabajar al pueblo y darle una parte del dinero (de la venta) a mis hijos”, argumentó.

    Recordó que hace más de una década se le presentó la oportunidad de comprar un campo a U$S 400 la hectárea. Ese predio hoy lo está vendiendo en “más de U$S 3.500 la hectárea”, contó estusiasmado. Con 57 años y el capital que reciba por ese negocio, Delgado planea irse a vivir a Carlos Reyles y prestar servicios en tareas rurales.

    Aunque cuenta con más tierra que los otros dos, unas 420 hectáreas, Platero no piensa muy distinto y también encuentra problemas diversos para mantenerse en la actividad agropecuaria. De hecho, hace poco tiempo dejó el cultivo de arroz por la incertidumbre en los precios, el aumento de los costos de producción y la falta de personal.

    “Hice una importante inversión en una represa para riego —con una capacidad de 1,8 millones metros cúbicos de agua— que está preciosa para pescar pero para producir cero o menos cero, porque son 70 hectáreas tapadas de agua”, se lamentó.

    “Uno reduce a su mínima expresión la contratación de mano de obra y trabaja en familia porque es dificilísimo encontrar un empleado especializado”, dijo. “Aunque sean trabajadores con escasa o nula preparación uno busca que sean honestos y después ‘yo le enseño’, pero no hay ni siquiera eso”, advirtió.

    Señaló que “el productor llega a un punto de saturación y antes de complicarse la vida opta por arrendar su campo para no tener que venderlo”.

    “Lo que me desalentó a dejar la producción de arroz es que no hay un mercado a futuro, como sí lo tiene la soja”, explicó.

    Platero arrienda parte de su campo a una firma agrícola y por eso recibe un “pago anticipado y al contado”.

    Al igual que en el cultivo de arroz, en el caso del ganado “el productor nunca sabe a cuánto lo venderá”, dijo.

    Para los productores un ejemplo reciente en ese sentido es lo que pasó con las demoras en la concesión de autorizaciones que se tramitan ante el Ministerio de Ganadería para vender vacunos al exterior. “Un paso mal dado por el gobierno fue  prohibir la exportación de ganado, lo que llevó a que un ganadero pierda U$S 40, U$S 50 o U$S 100 en una feria (remate) por la venta de un ternero”, se quejó Platero.

    “El ministro vendrá a decir que hay permisos de exportación de ganado que fueron otorgados, pero que diga también que los dieron después que los compradores (exportadores) de los animales se fueron a México para hacer esos negocios”, desafió, mientras se desarrollaba el Congreso.

    “Por un lado me prohíben acceder al mejor precio y por otro, me dan un determinado subsidio para la cría de ganado”, criticó.

    Hombre en la tierra.

    “Salvo los pescados, toda la comida que a tu mesa llega, viene de la tierra. El pan y la harina. Porotos, lentejas. Todas las verduras vienen de la tierra. Y también la carne. Y también la yerba. Para que tú existas y vivas y crezcas, tiene que haber tierra. Para que tú estudies. Para que tú juegues. Mas la tierra sola, de nada nos sirve sin el hombre en ella. Todos dependemos del hombre en la tierra”. Ese texto del escritor Julián Murguía, fue uno de los elegidos por maestros y alumnos de la Escuela N° 15 “Sarandí de Aiguá” sobre la labor del hombre de campo y que pegaron en un pizarrón.

    Este año el Congreso de la FR priorizó el tema de la permanecía de la familia rural en el campo.

    En ese sentido, en su proclama la gremial demandó al gobierno que haga “modificaciones urgentes” en la educación que reciben los jóvenes porque la actual “no promueve la adopción de algunos valores” como el respeto, la solidaridad, el trabajo, la tolerancia, entre otros.

    “La inseguridad se está generalizando y el abigeato avanza”, según la FR. E instó a los poderes del Estado a  “actuar con la misma contundencia y celeridad que se combatió el consumo de tabaco y que se aprobó el nuevo impuesto a la tierra” a fines de 2011.

    Alertó también que “el alza de los costos internos y la pérdida de competitividad son problemas graves que afectan la producción y causan especial daño a los productores de menos recursos”.

    Por la inestabilidad en la economía mundial, la gremial ruralista instó al gobierno a ser “más prudente y austero en el manejo de las finanzas públicas”.  Igual consejo dio a los productores.

    Reiteró además planteos de otros años, como la falta de recursos para los controles sanitarios y la necesidad de introducir una reforma del Estado.

    A su turno, el ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre, defendió la gestión del gobierno en la aplicación de políticas para el agro.

    Discrepó con el consultor Joaquin Secco, quien minutos antes, en una presentación sobre competitividad efectuada en el marco del Congreso, planteó que la ganadería está estancada desde 2006, por la caída de la faena, y que el área agrícola plantada bajó a partir de 2009.

    “Apelo a que cada uno de ustedes se pregunte a sí mismo si su situación productiva está mejor o peor que antes”, desafió. 

    “En el año 2000 el monto de las exportaciones agroindustriales fue de U$S 373 millones y en 2011 fue U$S 1.640 millones, pero los precios no se multiplicaron por seis. Ahí hubo un aumento de productividad”, analizó.

    Expresó: “¿Estoy diciendo que está todo bien?. No señor. No está todo bien. ¿Que no tenemos problemas por delante?. Vaya si los tenemos”.  “Pero el país no está estancado, porque la gente está empujando”, afirmó. 

    Luego Aguerre invitó a los productores “a que cada uno se pregunte cómo está procediendo en su establecimiento”. “¿Está haciendo o no mejoramientos, alambrados, tajamares, comprando tractores?, ¡por favor! ”, exclamó.

    Colapso moral.

    En su discurso de cierre del Congreso anual, el presidente de la FR, Miguel Sanguinetti, señaló: “En un contexto económico que hace mucho no vivía el país, estamos padeciendo un colapso moral” cuya “consecuencia más visible” es una “inusitada violencia”. 

    Reclamó al presidente José Mujica “gobernar a favor de todos y no en contra de algún sector porque es políticamente correcto”. “Cuando hablamos de gobernar en contra de un sector no podemos dejar pasar lo que sucedió con el impuesto a la tierra”, dijo.  Consideró que ese tributo —que grava la posesión de más de 2.000 hectáreas de campos con productividad media del país— fue creado “por presión directa del presidente de todos”. “Nos lo impusieron a prepo”, fustigó, generando aplausos y gritos de los asistentes.

    Con “la esperanza que se rectifique el rumbo” en ese asunto, Sanguinetti recordó que Mujica dijo tener “marcha atrás”.

    También reclamó “una política monetaria  que fomente la competitividad del país” y consideró “imperioso poder trabajar con una electricidad y un combustible más baratos”. Según dijo, la realidad actual “castiga fuertemente al sector productivo y dista mucho de aquel ‘gasoil productivo’ demagógicamente promovido” por el gobierno.