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El argentino Ángel Cabrera, ganador de dos Majors (el US Open y el Masters de Augusta), en un reportaje a Búsqueda afirmaba que lo más difícil para un golfista “es ganar el primer grande”, pero que “a partir de ese momento cambia radicalmente la vida de cualquier” jugador. “Todo el mundo, la prensa, los auspiciantes, el público y hasta tus propios colegas te tratan de una manera diferente. Claramente pasás a estar en otro escalón”, decía el cordobés.
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Es que cada Major contribuye con sus resultados, anécdotas y registros a forjar la mejor historia de los campeonatos de golf más importantes del mundo. Estos certámenes van más allá del aspecto económico, aunque las bolsas de premios hoy en día son siderales; por ejemplo, en el último US Open disputado quince días atrás en Pebble Beach, se repartieron US$ 12 millones, US$ 2,2 millones para el ganador Gary Woodland.
Luego de cada edición de estos cuatro campeonatos que conforman el Grand Slam de golf, se pueden perfilar o consolidar las figuras más dominantes en este deporte. En la mayoría de los casos, los números muestran que una victoria, una gran actuación o un estrepitoso fracaso, marcan a sus protagonistas por el resto de sus carreras. En este panorama, el brillante triunfo del estadounidense Gary Woodland en el último Abierto de los Estados Unidos, el primer Major de su carrera, lo catapultó al 12º lugar del ranking mundial con la enorme importancia que esto encierra para el ganador. En cuanto al aspecto económico, punto fundamental en un deportista profesional, tras su victoria en Pebble Beach, Woodland ascendió al cuarto puesto del ranking de ganancias del PGA Tour con un acumulado de US$ 5,5 millones ganados en premios, mientras que su compatriota Brooks Koepka, segundo en el último US Open y número uno del ranking mundial, es el líder en dicho escalafón con una suma de US$ 7,3 millones obtenidos en lo que va de la temporada.
Tras la disputa del Masters de Augusta con victoria de Tiger Woods, el PGA Championship con imposición de Brooks Koepka y el reciente Abierto de Estados Unidos con Gary Woodland como ganador, es evidente que ningún golfista podrá lograr el Grand Slam, título que se obtiene al ganar los cuatro Majors en una misma temporada. Al respecto, Phil Mickelson se mostró frustrado por una nueva decepción en el US Open. “No creo que pueda completar el Grand Slam, no veo que tenga muchas más oportunidades, lamentablemente tengo que aceptar que ya no voy a ganar el US Open”, afirmó el zurdo en conferencia de prensa. Mickelson, con 49 años, ganador de 44 campeonatos en el PGA Tour y cinco Majors, salió seis veces segundo en el Abierto de los Estados Unidos. Únicamente cinco golfistas han logrado el Grand Slam en sus carreras: Gene Sarazen, Ben Hogan, Gary Player, Jack Nicklaus y Tiger Woods.
Pebble Beach
Una mención especial merece el espectacular campo del Pebble Beach Golf Links, sede del abierto de Estados Unidos por sexta vez en su historia. Enclavada en la península de Monterrey, en California, esta cancha representa uno de los lugares soñados para todo golfista. En 1915, Sam Morse, sobrino del inventor del telégrafo, llegó a esta zona para construir un barrio residencial que incluiría una cancha de golf. Para su construcción, Morse contrató a Jack Neville y Douglas Grant, dos de los mejores golfistas aficionados de esa zona. La única condición que les impuso Morse para el nuevo trazado fue que el diseño incluyera la mayor cantidad de hoyos posibles con vista al mar. Finalizado el proyecto, quedaron siete hoyos cumpliendo con esa característica. Para orgullo del golf uruguayo, Alister Mackenzie —diseñador de la cancha del Club de Golf del Uruguay— también participó en la remodelación de algunos hoyos de Pebble Beach años más tarde cuando el genial escocés se encontraba trabajando en su obra maestra, Cypress Point. En la actualidad, el complejo incluye tres canchas de 18 hoyos, una de par tres, y es desde 1981 sede del Pebble Beach National Pro Am, certamen que reúne cada febrero a profesionales del PGA Tour junto a actores, músicos y celebridades en un torneo con fines benéficos. En el año 2000, un grupo de inversores —entre ellos Arnold Palmer y Clint Eastwood— compró el predio en US$ 820 millones a una compañía japonesa. Al día de hoy, mediante el pago de un green fee de US$ 550, cualquier golfista con menos de 24 de hándicap puede darse el lujo de jugar en el “paraíso”.
Testigo directo del US Open
El argentino Eduardo Botte es miembro del Comité de Reglas de la Asociación Argentina de Golf desde el año 2000 y presidente de dicho organismo desde hace cuatro años. Botte fue invitado por la United States Golf Association (USGA) a participar como árbitro en el último US Open, su octavo Major como marshall. Señalado como uno de los referentes en materia de reglas en esta parte del mundo, Botte contó a Búsqueda su experiencia en el Abierto de los Estados Unidos. “Este fue mi octavo Major como árbitro en una serie que comenzó con el British Open disputado en Royal Liverpool en el 2008”, relató el dirigente en un correo electrónico. “En cuanto a esta edición del US Open puedo decir que fue un abierto totalmente atípico, con un clima invernal, mucho frío, poco sol y lloviznas a lo largo de los cuatro días que llevaron a que los greens nunca estuvieran excesivamente rápidos. Todo esto llevó a que el campo permitiera realizar scores muy bajos, algo atípico para este campeonato”.
“Se habló mucho en lo previo de cómo la USGA iba a presentar la cancha, pasado el campeonato creo que fue un muy buen trabajo, donde el clima una vez más tuvo un rol preponderante”, dijo. Y agregó: “En cuanto al nivel de juego, puedo asegurarle que es realmente extraordinario, las distancias que alcanzan son impresionantes, por algo estamos ante los mejores golfistas del mundo. En otro orden, el approach de Gary Woodland en el hoyo 17 para salvar el par de manera poco creíble y asegurar el campeonato será recordado como uno de los grandes tiros en la historia del golf. Afortunadamente, tuve el privilegio de estar en esa zona de la cancha y pude presenciarlo en vivo”, concluyó Botte.