Un anuncio de 40 vacantes en la Cámara de Diputados hizo que los uruguayos acudieran en masa a las ventanillas pertinentes para intentar concretar su ambición de ser empleados públicos. No nos debe extrañar pues ese es nuestro sueño nacional.
Un anuncio de 40 vacantes en la Cámara de Diputados hizo que los uruguayos acudieran en masa a las ventanillas pertinentes para intentar concretar su ambición de ser empleados públicos. No nos debe extrañar pues ese es nuestro sueño nacional.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMás concretamente, 45.813 personas se anotaron para ocupar 40 cargos. Da 1.145 personas por cargo. Ninguna empresa privada, por más atractiva y exitosa que sea, puede batir ese récord, ya que el uruguayo, como el propio presidente Mujica suele afirmar, es haragán y poco dado al trabajo.
Esta pasión por cobrar sin trabajar no es criolla sino que heredada de nuestras madres patrias España, Portugal e Italia. Se entiende fácilmente que esos tres países lideren, junto con Grecia, la liga de la crisis y el atraso en la Europa actual.
Leyendo la obra de Mariano José de Larra, o la de Benito Pérez-Galdós, con su descripción por demás realista de la España de fines del siglo XIX, siempre se regresa a este rincón tan familiar para cualquier uruguayo: el sueño del empleo público, la falsa sensación de seguridad que el mismo da, el placer por cobrar sin tener que esforzarse y la equivocada convicción de que el Estado nunca quebrará.
Justo en estas semanas, una serie de notas periodísticas en la prensa alemana, ampliamente comentadas en la española, han despertado una ancha gama de reacciones por parte de la ciudadanía hispana. Y es que los diarios alemanes han puesto el dedo y la mira en cómo se gasta el dinero en esa patria del empleo público.
Al mismo tiempo que el Estado central y autonómico español, bajo sus gobiernos socialistas y conservadores, ha saboteado la investigación científica, recortando la ayuda a las ciencias en un 45% en pocos años y obligado a un creciente números de investigadores a emigrar a países en donde la investigación y no el trabajo de mozo de bar o de camarero de hotel es vista como la herramienta más útil para el progreso y el bienestar general, los políticos españoles continúan derrochando el dinero público como si al puerto de Sevilla siguiesen llegando los galeones desbordantes de oro americano.
Tiene, España, seis millones de parados. La desocupación entre los jóvenes ronda o es superior al 50%, pero quien mira los presupuestos municipales, por nombrar algunos de los muchos que allí hay, podría creer que el país nada en la opulencia, cuando en realidad está ahogado de deudas.
Algunos datos publicados por la prensa alemana han sido especialmente molestos para el siempre quisquilloso orgullo hispano. El edificio central del Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, ha sido remodelado por más de 650 millones de dólares. ¡Ya quisiera Ana Olivera seguir el ejemplo de su tocaya Botella y mandarse esas reformas en la Intendencia montevideana!
Los alemanes se sorprenden también del hecho irrefutable de que el despacho de la colega de Olivera en Madrid es mayor que el del presidente de los Estados Unidos. Me refiero al famoso Salón Oval. ¡Un dato asombroso por el ángulo que se le mire!
Y hay más: Ana Botella tiene un mayordomo cuya única función es servirle el café. Y el bocadillo, si es que la alcaldesa tiene hambre. Al mayordomo personal de doña Botella se le suman otros 260 asesores, también personales, que reciben un sueldo promedio de 6.500 dólares mensuales. Cada uno. Y como si esto fuera poco, el Ayuntamiento de Madrid tiene 267 coches oficiales. Es decir —y leer dos veces lo que sigue— que la Intendencia de la capital española tiene en sus cocheras más autos oficiales que todas las demás capitales de la eurozona juntas.
Semejante flota necesita alguien quien la maneje y el Ayuntamiento madrileño cuenta con 273 choferes. Dos de ellos están a disposición exclusiva de la intendenta, aunque la misma, por un principio elemental de la física, sólo pueda viajar en un auto por vez.
Botella enfrenta estas críticas recordando que ha eliminado uno de los dos autos de lujo que tenía su predecesor Alberto Ruiz Gallardón. Claro está que, como la señora no come vidrio, se deshizo de un VW que costaba 130.000 dólares pero mantuvo un Audi A8 valorado en 800.000 dólares.
Ruiz Gallardón, devenido en ministro de Justicia (el Quijote no es una obra española por mera casualidad), también tenía mayordomo propio. Se llama Antonio José. Bajo el título de “Responsable de asistencia ceremonial”, Antonio cobraba 4.000 dólares mensuales por llenarle el pocillo a su distinguido jefe. Este sueldo estaba registrado en el Área de Dirección General de Relaciones Internacionales y Protocolo. Las cosas, con estilo.
La prensa alemana muestra fotos de Ángela Merkel haciendo las compras en un supermercado. Pagando, llenando sus bolsas y marchándose con ellas al auto. Madrid será uno de los municipios más endeudados de España, pero a su intendente le vendría un síncope si tuviese que hacer la cola en el súper.
Los 45.813 uruguayos que sueñan con “trabajar” en el Palacio Legislativo son todos hijos mentales de nuestras madres patrias, grandes expertas en producir atraso.