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Evidentemente, el Masters de Augusta es un campeonato de golf especial. Será por la majestuosidad de su cancha con diseño de Alister Mackenzie, por la gran cantidad de tradiciones que tras más de ocho décadas son reconocidas como normas, por los 200 países que ven en directo su desarrollo. Difícil enmarcar una sola razón, pero la realidad, edición tras edición, muestra que este torneo tiene una “magia” propia que se repite desde su inicio en abril de 1934. Una vez que el último golfista emboca el último putt queda la sensación de que los 72 hoyos del Masters fueron pocos. Por cambio de líderes, los tiros realmente fantásticos, los errores increíbles, las ovaciones y hasta por la propia definición queda esa sensación en el mundo del golf.
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En la tardecita del domingo 11, en ese contexto especial, el japonés Hideki Matsuyama se convirtió en el primer golfista de esa nacionalidad en ganar el Masters. Empleó 278 golpes, 10 bajo el par del campo, para aventajar por uno a su escolta, la revelación del torneo, el estadounidense Will Zalatoris, de apenas 24 años.
A las 8 de la mañana hora local del jueves 8 una verdadera multitud rodeaba el tee del hoyo 1 del Augusta National para ver a los legendarios Jack Niclaus y Gary Player cumplir una de las tantas tradiciones del certamen: pegar un drive simbólico para dar el inicio formal a una nueva edición del Masters. Este año fue invitado para participar en la ceremonia Lee Elder, el primer golfista afroamericano en jugar en Augusta en 1975.
Al final de ese día y luego de comprobar el florecimiento de las azaleas, del ingreso parcial de público y la prohibición para acceder a las clásicas tribunas, el mundo del golf vio cómo el inglés Justin Rose con una formidable ronda de 65 golpes quedaba en lo más alto de los clásicos tableros ubicados en zonas estratégicas del campo.
En la segunda ronda llegó el corte clasificatorio marcado en 147 golpes, quedando 55 golfistas en competencia, entre ellos, el chileno Joaquín Niemann y el colombiano Sebastián Muñoz. En ese marco, los tres aficionados que formaron parte del certamen —otra de las tradiciones del Masters— no pasaron el corte, por lo cual la Silver Cup quedaba en esta edición en el clubhouse.
La tercera ronda estuvo dominada por el clima, con una suspensión temporaria de una hora determinada por el comité organizador por lluvias y tormentas eléctricas en la zona. Dicha demora llevó a que el grupo final terminara con las últimas luces del día. Con una espectacular vuelta de 65 golpes que cerró con 30 golpes en los segundos nueve hoyos, Matsuyama subió a lo más alto de las posiciones, con una ventaja de cuatro golpes a falta de una ronda.
El saco verde
La tradición indica que fue en 1937 cuando los socios del Augusta National decidieron comenzar a usar un saco verde dentro de las instalaciones del club para hacer notar su condición de asociados de la institución. Más tarde, en 1949, llegó por primera vez el ritual de colocarle en la ceremonia de entrega de premios al campeón también un saco verde, símbolo de victoria en el Masters.
Con una ronda final que tuvo los vaivenes propios de toda definición, más tratándose de un major, donde cada uno de los protagonistas tuvo algo que lamentar al final de la jornada, Matsuyama pudo quedarse con el título gracias a una tarjeta de 73 golpes, uno sobre el par. Es el primer major de la carrera de este golfista de 29 años. También se trata de la primera imposición de un golfista nipón en un major de la rama masculina, ya que en el 2019 Hinako Shibuno se impuso en el British Open femenino disputado en el Woburn Golf Club de Londres.
La palabra del campeón
Los últimos nueve hoyos, como generalmente ocurre, fueron un verdadero sube y baja de emociones, puños apretados y lamentos por doquier. Matsuyama, con cuatro de ventaja al salir, quedó solo a dos ya en el primer hoyo. Cuando finalizó la ida, la ventaja sobre su escolta era de cinco impactos, por lo cual parecía campeonato cerrado. Sin embargo, tres bogeys del japonés en los últimos cuatro hoyos agregaron dramatismo a la definición, aunque tuvo aire suficiente para ganar por un solo golpe.
“No llegué a Augusta con grandes expectativas, sinceramente lo digo, no estaba jugando bien, me sentía incómodo con mi swing”, dijo en conferencia de prensa, traductor mediante, Matsuyama.
“En la larga práctica que realicé el miércoles tuve buenas sensaciones y todo cambió, el golf es realmente increíble. Hoy me levanté muy temprano, quería estar bastante en la zona de práctica, pero cuando llegué al tee del hoyo uno y me di cuenta de que estaba en el grupo final del Masters con una ventaja importante, sentí muchos nervios. A partir de ese momento intenté hacer lo mejor en la vuelta, evitando los grandes errores, pero en Augusta uno nunca sabe, el final por cierto no fue el que quería”, agregó entre risas el campeón. “Soy consciente del gran impacto que esta victoria tendrá en el golf de mi país, pero también en toda Asia, donde hay grandes jugadores que pueden llegar a lo más alto. Estoy convencido de que la organización de los Juegos Olímpicos en julio será motivo de orgullo para todo el país, pero también servirá particularmente para acercar a más gente al golf”, finalizó Matsuyama.