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    Conflicto inoxidable

    El Tinglado hace Un enemigo del pueblo, con Juan Leyrado

    No se cumple ningún aniversario redondo, de esos que inspiran homenajes especiales, pero 2014 parece ser el año Ibsen en Montevideo. El director neoyorquino David Hammond montó Hedda Gabler en El Telón Rojo, Dante Alfonso hizo Peer Gynt en el Notariado y Roberto Jones dirigió Casa de muñecas, con Victoria Rodríguez y Álvaro Armand Ugón, en Teatro Alianza. El cuarto Ibsen del año puede presentarse como una gran patriada de la Institución Teatral El Tinglado. Un año atrás, los hermanos Novo —José María, realizador, e Ignacio, productor—, quienes actualmente llevan adelante la actividad de la sala, montaron Trilorquía, la trilogía de tragedias rurales de Federico García Lorca —La casa de Bernarda Alba, Bodas de sangre y Yerma—, junto al elenco español La Encina Teatro. Al mismo tiempo, el productor se reunía en Buenos Aires con Juan Leyrado para proponerle instalarse en Montevideo durante la primavera de 2014 para encarnar a Thomas Stockman, uno de los personajes más emblemáticos del autor noruego, a quien muchos consideran el padre de la dramaturgia moderna. Un creador de historias que se han mantenido vigentes para las últimas cinco generaciones.

    El argentino se enganchó con la idea y en marzo comenzaron los ensayos a distancia. La empresa no era sencilla porque según cuentan en El Tinglado, no es que el argentino haya bajado su cachet, y además el acuerdo incluía un apartamento en Montevideo para el actor y su familia, entre otros gastos. La producción sumó apoyos públicos como el del Programa de Fortalecimiento de las Artes de la Intendencia de Montevideo y varios privados para armar una notable puesta en escena con tres referentes en sus rubros: Hugo Fernández en escenografía, Martín Blanchet en luces y Nelson Mancebo en vestuario reconstruyen con gran calidad la segunda mitad del siglo XIX, donde transcurre esta historia.

    En esta ciudad noruega, que vive del turismo generado por su balneario de aguas termales, el doctor Stockman, respetado médico del enclave, descubre que el curso fluvial que alimenta las termas está contaminado por una industria cercana. Decidido a revelar la información a la ciudadanía a través de la prensa, se enfrenta a su hermano, el alcalde del pueblo, quien interpone su poder para presionar al periódico y silenciar a todos con el fin de mantener el negocio. La pulseada desemboca en una asamblea que determina el destino del profeta, que anuncia la desgracia y que esgrime el incómodo argumento de que la mayoría no siempre tiene la razón.

     La versión de Novo conserva la esencia de la obra original y para ello cuenta con un elenco competente. Leyrado realmente convence. Pone sus más de 30 años de experiencia sobre el escenario y entrega un Stockman sólido, rotundo, sin grietas. Su némesis es una gran labor de Washington Sassi, un actor algo relegado en los últimos años, pero que aquí demuestra dominar a la perfección el arte de la política, que como es sabido, tiene mucho que ver con el oficio teatral. Unas cuantas cualidades en común deben poseer quienes se propongan trascender en ambos mundos. Jorge Temponi, quien divide su vida entre la actuación y el periodismo, compone con eficacia a Hovstad, el director de La Voz del Pueblo, al igual que Luis Lage hace lo propio como el Capitán Horster, reserva de lealtad para el doctor. Alejandro Camino es el dispensador del humor necesario para ablandar un poco el relato, en la piel del pusilánime Thomsen, el representante de los comerciantes. Camino tiene sobrado oficio para la tarea que le toca.

    Una docena de actores componen al pueblo en la escena estelar de la obra, la asamblea en la que todos exponen sus posiciones y se define el destino del doctor y su familia. No es fácil de armonizar un cuadro colectivo como este, y aquí nadie desafina.

    A diferencia de obras como Hedda Gabler y Casa de muñecas, esta es una historia de hombres, y los roles femeninos, a cargo de Carmen Morán y Carina Méndez, están confinados a un marcado segundo plano. Tres años atrás, una adaptación de Gabriela Iribarren bajo la dirección de Fernando Gallego y Arlés Galli, estrenada en Espacio Palermo, contemporanizó el relato y transformó los roles protagónicos en femeninos, a cargo de Iribarren y Mariana Lobo. Aquí no hay nada de eso. El interés pasa más por la solvencia de las actuaciones y la puesta que por enfatizar la vigencia de la historia, que se mantiene por demás actual. Solo basta rememorar la reciente instalación de Botnia-UPM o el presente debate sobre Aratirí o la planta regasificadora. De hecho, hace unos años, la obra fue montada en Fray Bentos por Teatro Sin Fogón, en plena construcción de la planta de celulosa. El público era invitado a decidir qué hacer con Stockman y el desenlace fue invariablemente el mismo que escribió Ibsen.

    Vale la pena ir a ver esta historia para ver a un gran actor en acción, bien acompañado por una compañía que quiere recuperar el brillo de otros tiempos, y va por buena senda.

    Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, por Institución Teatral El Tinglado. Versión y dirección: José María Novo. Música original: Agustín Ferreyra. Producción: Ignacio Novo. Teatro El Tinglado (Colonia 2035). Viernes y sábados, 21.30 h; domingos, 19.30. Entradas: $ 550, en boletería, Red Pagos y Tickantel (reservas al 2408 5362).

    Vida Cultural
    2014-11-13T00:00:00