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Las sacan recién nacidas de sus nidos y las venden a un intermediario que las hace llegar en camiones o autos a Uruguay para entregarlas a algún amante de las mascotas de especies no tradicionales. El contrabando de aves llega a Uruguay principalmente por tierra y su origen es Brasil y Paraguay.
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Las aves más requeridas son los papagayos o guacamayos y el loro amazonas, informó a Búsqueda Marcelo Boris, doctor en Medicina y Tecnología Veterinaria y especialista en aves. “Detrás del animal que llega vivo hubo otros que no sobrevivieron el traslado”, comentó. También existe contrabando de aves uruguayas hacia el exterior.
El decreto 186 de 2002 regula la cría y tenencia de animales autóctonos. Si bien existe normativa hay quienes prefieren “evitar los papeleos” y no regularizan la cría y la tenencia. También sucede con especies que se traen del exterior. Con aves como el cardenal de Virginia, hay trámites para legalizar la tenencia pero se puede adquirir sin papeles por U$S 1.000.
Existe también un mercado ilegal de reptiles y arañas que ingresan sin permiso al país. Asimismo hay ingreso ilegal de tortugas de agua que se traen de a cientos de Brasil.
En las ferias hay puestos de venta de estos animales. Los vendedores no conocen sus características. En ocasiones venden culebras que son muy venenosas e incluso podrían matar hasta a un niño, como animales inofensivos, dijo a Búsqueda Alejandro Crampet, médico y tecnólogo veterinario, profesor honorario de la Cátedra de Anatomía Patológica de la Facultad de Veterinaria y asesor honorario del Bioterio del Instituto de Higiene del Ministerio de Salud Publica.
“En general los compra gente que no sabe nada”, y tampoco conoce cómo cuidarlos y alimentarlos. Las realidades según la especie son muy distintas. La “falsa crucera de hocico repingado” come solamente sapos, uno por semana. Si no hay sapos disponibles la opción es mantener un sapo en la heladera abierto, tener crías de ratones muertos que se los pueda frotar “el jugo” del sapo para que se impregnen del olor y así lograr que la mascota lo coma.
En Uruguay hay una diversidad de reptiles que ingresan ilegales al país. “La boa ya no es algo raro”, comentó Crampet. Se consiguen por $ 1.000 en las ferias y comen ratones y pollos —cuando son grandes dos por semana.
El especialista en reptiles comentó que ha atendido iguanas que se encontraban descalcificadas por desconocimiento de sus dueños. Recordó que lo más extraño que ha visto como mascota fueron dos clamidosaurios de Australia que crecen hasta 40 centímetros aproximadamente. Hubo también dos baranos que ingresaron al país y luego se vendieron.
Los reptiles “entran por Argentina”. En Brasil está más penalizado, pero en Argentina “hay una mafia” y hay autoridades que están coordinadas con los intermediarios.
En Uruguay existen algunos criaderos habilitados de reptiles. Hay dos tipos de animales para criar, la fauna autóctona por ejemplo de culebras, que son principalmente para exportación, o la fauna reptiles de colores atractivos, que ya se crían en todas partes del mundo y que son requeridas a nivel local.
Precios.
En Uruguay las aves más demandadas son las autóctonas, como cardenales o zorzales.
“Hay un mercado underground muy desarrollado. Se venden en todas las ferias y los criaderos habilitados se cuentan con los dedos de las manos”, comentó Boris.
Es mucho más económico comprar un animal de contrabando que de un criadero legal. Al de contrabando se lo extrae del medio natural y se lo vende a “costo cero”, sin cuidado por la salud. En cambio en el criadero los animales se reproducen, se los cría, alimenta y cuida de su salud a costos obviamente mayores.
Un guacamayo de contrabando puede costar miles de dólares en Uruguay y no existe la cría legalizada.
Un cardenal de contrabando en la feria cuesta entre $500 y $3.000, mientras que uno de criadero, anillado y probado puede ascender a $20.000.
En las ferias se pueden ver culebras en botellas en malas condiciones y a menudo lastimadas porque fueron capturadas. Se venden a $ 200 y con ese monto “no logran desquitar ni los ratones que les dan de comer” en un criadero, comentó Crampet. En criadero hay culebras que salen entre U$S 40 y U$S 500.
Las tortugas de tierra en la feria se consiguen por $400 y en criadero pueden superar los U$S 40.
“Un debe”.
Los especialistas consultados coinciden en que falta desarrollo del área de animales exóticos o no tradicionales en Facultad de Veterinaria y solo existen esfuerzos aislados y puntuales.
“Es un debe que tiene la Facultad por la gran demanda que hay hoy de esta asistencia”, señaló Boris.
Además hay carencias de recursos para poder fiscalizar en la División Fauna del Ministerio de Ganadería, dijo Crampet. Hay falta “de personal y de apoyo” y la fiscalización está debilitada. En las ferias “hay gente muy pesada”, los funcionarios no tienen apoyo policial y “los mandan a la guerra con un tenedor”. Como consecuencia han dejado de fiscalizar reptiles.
Como en la mayoría de los casos hay un marco de ilegalidad en la tenencia, los pedidos de ayuda a los veterinarios por un animal enfermo se hacen por teléfono, y cuando el especialista insiste en la necesidad de ver al animal hay quienes son reticentes a brindar su dirección por miedo a que los denuncien.
Los veterinarios consultados coincidieron en que existe un gran riesgo sanitario por la posible transmisión de enfermedades, parásitos y hongos que traen los animales de otros países hacia Uruguay, que además suelen viajar en malas condiciones. Por último, la introducción de otras especies en un ambiente determinado puede provocar un desequilibrio ecológico.