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Un ejercicio desafiante: un argentino que vive hace solo un par de años en Montevideo, escribe y dirige una obra sobre la uruguayez y sus diferentes manifestaciones. No es el único. Ahí están los novelistas Pedro Mairal (La uruguaya) y Manuel Soriano (Variaciones de Koch) con sus historias ambientadas en esta orilla, con personajes bien orientales, o el historietista Gustavo Sala con su descacharrante Casi uruguayo. No son tan frecuentes los teatristas argentinos radicados en Uruguay creando obras de temática uruguaya. Es el caso de Nadie es la patria, estrenada el sábado 10 en el Teatro Victoria. El joven dramaturgo y director cordobés Gustavo Kreiman se instaló en Montevideo en 2019 para cursar la carrera de dramaturgia en la EMAD. Allí se vinculó con Sebastián Calderón y José Pagano, quien lo invitó a dirigir su obra Variaciones sobre lo escrito. El año pasado estrenó Si no me come la noche, su primera obra propia —escrita y ambientada en Argentina—, un diario de carretera escenificado en un auto, sobre un hombre (Pagano) que atraviesa la Patagonia para matar a otro. Nadie es la patria es su primer título cien por cien uruguayo.
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Kreiman redobla el desafío al presentar su obra como una comedia pura y dura. Su retrato impresionista de una sociedad que conoce desde hace tan poco tiempo es elocuente y eficaz. Micaela Larroca e Iván Solarich protagonizan una media docena de escenas independientes, hilvanadas en un tiempo algo menor a la hora y media. Cuadros simples. Personajes comunes y corrientes, reconocibles. Una pareja jaqueada por las dificultades económicas y el alcoholismo, un par de pescadores matando el tiempo, una anciana que vive sola y recibe una visita inesperada, un adolescente en plena transición, buscándole la vuelta a su existencia.
Pese a lo que puede inducir el título, la principal virtud de la obra es la explícita ausencia de pretensiones filosóficas sobre el manido tópico de la identidad.Nadie teoriza al respecto. Se apunta directo al humor, a puro histrionismo de esta dupla inesperada: Solarich tiene más obras estrenadas que los años de edad de su compañera en escena. Sobre esta joven actriz solo se puede afirmar que está llamada a ser la revelación de la temporada. Su versatilidad de lenguajes, su ductilidad, su generoso despliegue corporal, la comicidad que transmite en cada pose, en cada gesto, son sencillamente geniales. Es ella quien llevael ritmo de la comedia y logra una notable química con Solarich, quien no suele transitar el terreno humorístico y exhibe su sobrado oficio de comediante.
Solarich y Larroca participaron de la creación a partir de improvisaciones a las que Kreiman dio forma dramatúrgica. “La patria es algo deforme, algo que permanentemente está cambiando los contornos. La patria no es alguien ni un grupo ni un lugar. Asumimos desde lo fragmentario la imposibilidad de dar una idea cerrada y coherente sobre esto”, afirman los creadores en el programa de mano.
Otros puntos altos de Nadie es la patria (sábados a las 21 y domingos a las 19, en Teatro Victoria, Río Negro 1477, reservas al 098 948 817) es el óptimo diseño de escenografía y luces de Nando Scorsela, que juega como un catalizador del swing que se derrama en escena, con los intérpretes integrando los cambios de vestuario, decorados y utilería, como en una coreografía. Estos afilados fragmentos de uruguayez dan vida a un espectáculo sumamente disfrutable, aplaudido con ganas por una platea que, al dejar la sala, mientras suena bien fuerte Agua, de Cabrera, se llena de rostros satisfechos y relajados por las carcajadas.