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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn esta carta dirigida a su prestigioso medio abordaré un aspecto de esta pandemia de Covid-19 que preocupa tanto a la comunidad médica como al ciudadano en general. La pregunta que está flotando en el aire es: ¿Cuándo vamos a tener un tratamiento para este virus que nos afecta?
La proliferación de noticias en las redes sociales, muchas surgidas de fuentes médicas reconocidas, sobre medicamentos aparentemente eficaces para la enfermedad crea en las personas en cuarentena falsas expectativas. Esto diluye la percepción de riesgo y promueve la relajación de la responsabilidad social: quedarse en casa, distanciamiento social y mantener las conductas higiénicas de rigor.
Lo primero que tenemos que decir es que aún no existen medicamentos que hayan probado, de acuerdo a los estándares científicos actuales, que son eficaces y seguros para tratar la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2 (coranavirus causante de la pandemia actual). Algunos de los medicamentos que están en desarrollo en Europa son: la hidroxicloroquina, que es un antimalárico; el remdesivir, un antiviral desarrollado para el ébola; la asociación lopinavir-ritonavir, un tratamiento para el SIDA; o la asociación de antirretrovirales anterior más interferón beta. Existen más de 30 moléculas en investigación por diferentes compañías farmacéuticas en el mundo hoy día, sin embargo, estos cuatro abordajes terapéuticos son los que están más avanzados en el desarrollo clínico.
La hidroxicloroquina es un fármaco muy antiguo y aprobado para su uso como antimalárico, para enfermedades reumáticas y algunas enfermedades autoinmunes. Se ha vuelto popular porque múltiples estudios la han evaluado como tratamiento para el Covid-19. Sin embargo, hasta ahora ninguno cumple con los estándares científicos que permiten sacar conclusiones valederas. Los estudios europeos en desarrollo hoy como Discovery y Solidarity, el primero francés y el segundo organizado por la OMS, van a dar una respuesta final.
¿Cuales son los estándares científicos actuales? Son los establecidos en la década de los 90 por las Buenas Prácticas Clínicas de la Conferencia Internacional de Armonización (GCP-ICH). El primero y fundamental es que los pacientes deben ser aleatorizados al grupo control y grupo(s) tratado(s). ¿Qué quiere decir esto? Los pacientes para un ensayo clínico se eligen de acuerdo a ciertos criterios diagnósticos y pronósticos (criterios de inclusión) que fijan los investigadores. Una vez elegidos los pacientes, se deben asignar a un grupo control que toman un placebo (forma farmacéutica sin el principio activo) y otros que toman el medicamento real.
¿Cual es la finalidad de la aleatorización? Se hace para que todos los grupos de pacientes (placebo y tratamientos) queden homogenizados al azar en cuanto a las características poblacionales no controladas. Por ejemplo, edad, sexo, raza, patologías previas, etc., y que de esta forma no existan sesgos en las subpoblaciones tratadas. O sea que, por ejemplo, si algún grupo de tratamiento existe una sobrerrepresentación de personas mayores de 65 años o pacientes con enfermedades pulmonares crónicas, esto falsearía los resultados.
Otro estándar, que en los ensayos referidos no se cumple, pero le confiere robustez al estudio, es el “doble ciego”. Esto refiere a la forma de administrar la medicación por parte de los médicos que participan en el estudio. La logística del estudio se diseña de tal forma que ni el médico sabe qué tratamiento está administrando ni el paciente lo que está recibiendo. De esta forma se evita el sesgo subjetivo. Por ejemplo, si el médico conoce lo que está dando puede consciente o inconscientemente favorecerlo o desfavorecerlo en la evaluación de seguimiento. O el paciente igualmente si reconoce la forma placebo o la activa su respuesta puede verse influida por sugestión. Esta es otra forma de falsear los datos.
Sin embargo, este es un nivel bastante sofisticado de diseño del estudio que complica la operativa del mismo, de manera que, en los ensayos que se llevan a cabo para el Covid-19 que urgen los resultados y además se dispone de medios diagnósticos objetivos, no se implementa el doble ciego.
Por último, los estudios tienen que estar adecuadamente potenciados. ¿Qué significa esto? En pocas palabras, el número de pacientes de un ensayo clínico debe ser suficiente para que las herramientas estadísticas que se van a usar para evaluar la eficacia den resultados confiables. Por ejemplo, el estudio Discovery que se está llevando a cabo en Europa en este momento proyectó reclutar 3.200 pacientes positivos para el Covid-19. Este número no es caprichoso, fue calculado con fórmulas que incluyen el nivel de significación estadística que se quiere lograr, la diferencia en la comparación de resultados entre el control y los tratamientos que se considera relevante desde el punto de vista clínico y la variabilidad de los factores que se evalúan.
Existen muchos otros aspectos de los estudios clínicos que son importantes, y que están regulados internacionalmente, pero su explicación rebasa el objetivo de esta carta.
De manera, entonces, cuando se lee que la hidroxicloroquina en asociación con la azitromicina en un estudio del sur de Francia mejoró la evolución del 80% de los pacientes, nos debemos preguntar: ¿el estudio fue aleatorizado? Y la respuesta es no. ¿El estudio incluyó en su diseño un grupo placebo (control)? Y la respuesta es no. ¿El estudio fue doble ciego? Y la respuesta es no. ¿El grupo estuvo adecuadamente potenciado? Y la respuesta es no. Y con estas cuatro negaciones podemos decir con toda seguridad que el estudio no permite sacar conclusiones sobre la eficacia de la hidroxicloroquina + azitromicina.
¿Pero que ocurrió con el estudio efectivamente? Los investigadores incluyeron 80 pacientes y a todos les dieron la medicación de prueba, de manera que no hubo grupo control (sin tratamiento) para poder comparar evoluciones con y sin el medicamento. La mitad de los pacientes eran menores de 50 años, sabemos que los jóvenes cursan la enfermedad sin complicaciones. Pero además eligieron los casos más leves, o sea, seleccionaron los casos que normalmente evolucionan a disminuir la carga viral en la primera semana a 10 días, y justamente este fue el objetivo terapéutico que midieron. Como dijimos más arriba, este estudio no permite concluir sobre la efectividad de la hidroxicloroquina + azitromicina porque no cumple con uno solo de los criterios establecidos por la GCP-ICH.
En fin, estas son las cosas que pasan en tiempos de crisis mundiales, por eso debemos ser muy críticos ante noticias de medicamentos milagrosos que prometen la cura de este virus asesino. En pocas semanas vamos a tener los resultados del estudio Discovery y luego del ensayo Solidarity. Estos estudios bien diseñados nos van a dar una respuesta confiable sobre cuatro abordajes terapéuticos para tratar la neumopatía producida por el SARS-COV-2. Sabemos que la vacuna va a demorar por lo menos un año, de manera que es probable que antes tengamos algunos de estos medicamentos para aliviar los síntomas y, Dios quiera, disminuir la mortalidad en los adultos mayores.
Por ahora lo que debemos hacer es evitar el contacto interpersonal manteniendo la distancia social y apenas aparezcan fiebre más dos de estos síntomas: tos seca, falta de aire, dolores musculares, astenia (cansancio), pérdida de gusto y/o pérdida del olfato, debemos llamar al médico.
Dr. Francisco E. Estevez Carrizo
Farmacólogo Clínico
CI 1.291.111-8